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España: la Iglesia denuncia agresiones a inmigrantes en Ceuta y Melilla

Diferentes organizaciones alertan sobre las vulneraciones de derechos humanos que se están produciendo en la Frontera Sur y sobre la falta de acceso a protección internacional

El Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones, la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) y Cáritas, han denunciado este martes “el aumento de las muertes en el paso fronterizo, el uso desproporcionado de la violencia en la valla de Melilla, las prácticas de expulsión realizadas bajo dudosa legalidad, la imposibilidad de solicitar asilo y las últimas agresiones contra inmigrantes subsaharianos en países de tránsito”. 

Ceuta y Melilla son dos ciudades autónomas que forman parte de los territorios españoles situados en el Norte de África, las cuales están separadas de Marruecos por altas vallas metálicas con alambre de puas y cuchillas. 

Desde Marruecos, las personas que quieran entrar a Melilla deben pasar una carretera perimetral, una doble alambrada de espino, una zanja de tierra de dos metros de profundidad y cuatro de anchura y finalmente una pista de seguridad y puestos de vigilancia antes de llegar a la valla.

Una vez delante, la barrera consiste en una alambrada ciclónica de unos siete metros de altura inclinada 10 grados hacia Marruecos que cuenta con concertinas o cuchillas a primera altura, mallas a media altura y está coronada por unos flejes de acero de mayor inclinación, que impiden el apoyo de escaleras y hacen que la parte de arriba de la valla sea inestable, dificultando su traspaso.

Si se consigue franquear, antes de llegar a la segunda valla, de seis metros de altura, hay que pasar la llamada sirga tridimensional: un entramado de cables de acero anclados con estacas de diferentes alturas (que van desde uno hasta tres metros) que impide el paso tensándose al apoyar peso, imposibilitando el uso de escaleras y la colocación de mantas para acceder a la segunda y última alambrada.

A estas medidas físicas hay que sumar otras de tipo tecnológico, tales como el dispositivo de alarma temprana que salta cuando alguien se apoya en la parte exterior de la valla; el sistema de focos cegadores que se activa a la vez que la alarma exterior; el sistema de cámaras móviles que enfocan automáticamente hacia el punto donde se ha detectado el movimiento; el sistema de luces de alarma y sirenas que avisa de forma visual y sonora del punto donde se detecta un movimiento sospechoso; o el sistema de agua a presión con pimienta.

En un comunicado, las citadas organizaciones han expresado su más profunda consternación “por las vulneraciones de derechos humanos que se están produciendo desde hace meses en esta Frontera Sur de la Unión Europea, especialmente en Ceuta y Melilla”.

En este sentido, han alertado “sobre la “globalización de la indiferencia” que denunció el papa Francisco en la isla de Lampedusa, ante la deshumanización de la vida que estamos sufriendo en nuestras fronteras”.  

Así, han alentado a la sociedad “a ir más allá del sensacionalismo que transmiten noticias aisladas e inconexas, y a tomar conciencia de las causas que producen sin interrupción estos hechos dramáticos”. 

“Nuestra sociedad no puede tolerar leyes, ni actuaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, ni acuerdos sobre inmigración entre Estados que supongan mayores sufrimientos y vulneraciones de derechos hacia las personas”, han advertido. “Nuestra pasividad e indiferencia refuerzan y legitiman este tipo de prácticas, que amenazan la vida y los derechos humanos de las personas inmigrantes, los solicitantes de asilo y los refugiados”, han lamentado.  

“Consideramos que las medidas y actuaciones adoptadas en torno a la frontera únicamente consiguen incrementar aún más si cabe el sufrimiento, dolor y muerte de todas aquellas personas que están arriesgando, e incluso perdiendo, sus vidas mientras buscan bienestar, seguridad y protección a las puertas de Europa”, han proseguido. 

Ante estos hechos, “debemos insistir, una vez más, que la condición de irregularidad legal no permite menoscabar la dignidad del emigrante, el cual tiene derechos inalienables que no pueden violarse ni desconocerse”. “Es necesario subrayar, además, que entre quienes llegan se encuentran muchas personas refugiadas con derecho a protección”, han recordado.

“Desde los trágicos sucesos de Lampedusa de hace un año, fruto de esa “cultura del descarte” que todo lo impregna y en la que vivimos inmersos, no sólo no hemos mejorado, sino que las políticas públicas de control de las fronteras y de acceso a protección internacional se han endurecido”, han insistido.     

En el mensaje de los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones para la Jornada Mundial del Emigrante de este año 2014, indican que “éstos ya pedían, entre otras cosas, seguir abogando para que no se niegue el auxilio y la asistencia a los inmigrantes en situaciones de peligro para la vida, en fidelidad a la que ha sido su línea  de denuncia profética al respecto“.

Por todo ello, han urgido “a que las labores de protección y vigilancia de nuestras fronteras se realicen en todo momento bajo el más estricto cumplimiento de los derechos fundamentales, la legislación nacional y europea y los tratados internacionales ratificados por España”. Y ha reclamado como máxima prioridad en estos momentos “evitar nuevos sufrimientos, respetar la vida humana y garantizar el derecho al asilo”.  

Por último, han invitado a todos los agentes de Iglesia, comunidades cristianas, y sociedad en general “a mantener una actitud personal y colectiva de acogida y hospitalidad, junto a la máxima alerta y denuncia de estos hechos, que no son nuevos, y ante a los cuales no podemos mantenernos indiferentes”. 

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