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Audiencia con el Papa 05/10/2017 © L´Osservatore Romano

Audiencia con el Papa 05/10/2017 © L´Osservatore Romano

Sociedades Bíblicas Unidas: “Servidores de la Palabra de Vida Eterna”

Palabras del Papa en la audiencia con el Comité

(ZENIT – 5 Oct. 2017).- “Somos servidores de la Palabra de Vida Eterna”, de la Palabra de Dios potente “que ilumina, protege y defiende, sana y libera”, ha dicho el papa Francisco a los miembros del Comité para las Relaciones con las Iglesias de las Sociedades Bíblicas Unidas.

Esta mañana el Papa se ha reunido a las 11, en el Vaticano, con una delegación de este Comité, una red mundial de Sociedades Bíblicas que trabaja en más de 200 países y territorios en todo el mundo, según describen en su página web.

La razón de existir de la fraternidad de Sociedades Bíblicas es “para equipar las iglesias a nivel mundial para compartir la Palabra de Dios”, señalan en el portal.

En este contexto, el Papa ha pronunciado un discurso en la audiencia, con múltiples referencias bíblicas: “Somos siervos de la Palabra que ha `salido´ de Dios y `se ha hecho carne´” (Jn 1,14) o “Caminemos juntos para que la palabra se difunda” (cf At 6: 7).

Ofrecemos, a continuación el discurso del papa Francisco en este encuentro:

La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo, con amor incorruptible” (Efesios 6:24). Con estas palabras de San Pablo, me alegra dar la bienvenida a los miembros del Comité para las Relaciones con las Iglesias de las “United Bible Societies” (Sociedades Bíblicas Unidas) y dar las gracias al Cardenal Onaiyekan por su presentación. Por mi parte, quiero expresar el sincero deseo de que la gracia del Espíritu Santo sea con vosotros y con todos aquellos que se esfuerzan para dar a conocer el Evangelio, facilitando el acceso a la Biblia en las lenguas más diversas y, en la actualidad, a través de las muchas formas de comunicación social.

Somos servidores de la Palabra de salvación que no volverá al Señor vacía. Dejarse “herir” por la Palabra es, pues, indispensable para expresar con la boca lo que sobreabunda del corazón. La Palabra de Dios, efectivamente, “penetra entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas, y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón” (Hebreos 4:12).

Somos servidores de la Palabra de Vida Eterna, y creemos que no sólo de pan vive al hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4, 4). Por eso, con la ayuda del Espíritu Santo, debemos alimentarnos en la mesa de la Palabra con la lectura, la escucha, el estudio y el testimonio de vida. Dedicamos tiempo a los que amamos, y aquí se trata de amar a Dios, que ha querido hablarnos y nos ofrece palabras de vida eterna.

Somos servidores de la Palabra de reconciliación, también entre los cristianos, y deseamos de todo corazón que “la palabra del Señor siga propagándose y adquiriendo gloria” (2 Tes 3,1). Por lo tanto, es justo esperar un nuevo impulso a la vida espiritual gracias a la veneración creciente de la Palabra de Dios.

Somos siervos de la Palabra que ha “salido” de Dios y “se ha hecho carne” (Jn 1,14). Es imprescindible que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. (Evangelii gaudium, 23). Y lo hacemos en obediencia al mandato misionero del Señor y con la certeza de su presencia entre nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28,20).

Somos siervos de la Palabra de verdad (Jn 8,32). Estamos convencidos de que “la unidad querida por Dios sólo se puede realizar en la adhesión común al contenido íntegro de la fe revelada. En materia de fe, una solución de compromiso está en contradicción con Dios que es la Verdad. En el Cuerpo de Cristo que es «camino, verdad y vida» (Jn 14, 6), ¿quién consideraría legítima una reconciliación lograda a costa de la verdad?”(Enc. Lett. Ut unum sint, 18).

Somos servidores de la Palabra de Dios potente que ilumina, protege y defiende, sana y libera. “¡La palabra de Dios no está encadenada!” (2 Tim. 2: 9). Por ella muchos de nuestros hermanos y hermanas están en la cárcel y muchos más han derramado su sangre como testimonio de su fe en Jesucristo.

Caminemos juntos para que la palabra se difunda (cf At 6: 7). Oremos juntos para “que se haga la voluntad del Padre” (Mt 6:10). Trabajemos juntos para que se cumpla en nosotros “lo que el Señor ha dicho” (Lc 1, 38).

Gracias, queridos hermanos y hermanas, por vuestra visita. Permanezcamos en comunión fraterna y recemos los unos por los otros. Gracias. 

© Libreria Editrice Vaticana

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