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Instrucción vaticana uniforma los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 25 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).- Una instrucción publicada por la Santa Sede este jueves uniforma los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas católicos del mundo en lo que se refiere al currículum (ahora será de cinco años) y a la organización de sus profesores.

Estos Institutos surgieron con el Concilio Ecuménico Vaticano II para responder al creciente interés de los católicos, en particular laicos y religiosos, por el estudio de la Teología y de otras ciencias sagradas. Estos estudios son exigidos en muchos países para poder enseñar religión católica, particularmente en escuelas, así como en la catequesis.

La nueva instrucción sustituye a la precedente normativa de 1987 también emanada por la Congregación para la Educación Católica.

Según explica el documento sus objetivos son «uniformar los diferentes ISCR presentes en la Iglesia universal, asegurar un adecuado nivel académico-científico de los mismos, en fidelidad al Magisterio, y responder a los requerimientos que las Iglesias particulares manifiestan, de crear tales Institutos ex-novo«.

El documento fue presentado en la Sala de Prensa de la Santa Sede por el cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para la Educación Católica.

Según explicó el purpurado polaco las principales novedades introducidas por el documento conciernen «a la duración de los estudios de los ISCR, que ahora es de cinco años», mientras que hasta ahora eran de cuatro años.

A partir de ahora, estos programas estarán estructurados en dos ciclos, según aclaró el cardenal: «un primer ciclo de tres años, al final del cual se obtiene el bachillerato en Ciencias Religiosas y un segundo ciclo de dos años, al final del cual se consigue la Licencia en Ciencias Religiosas».

El documento uniforma también la nomenclatura de los títulos académicos utilizados en las facultades eclesiásticas (el bachillerato y el título de Licenciado y no el de «Magisterio»).

Por primera vez, además, se establece el número necesario de profesores estables en cada instituto (deben ser al menos cinco y, si el instituto tuviese solo el primer ciclo, al menos cuatro).

Según la Instrucción, el número de estudiantes ordinarios de cada instituto «no debe ser inferior a 75» y los profesores de los institutos no pueden ser al mismo tiempo estables en otras instituciones académicas.

El arzobispo Jean-Louis Bruguès, O.P., secretario de la Congregación para la Educación Católica, intervino en la rueda de prensa para explicar que el documento presenta a los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas como una respuesta específica a la exigencia de formación teológica de los laicos, en coherencia con la propuesta del Concilio Vaticano II.

El texto de hecho presenta dos caminos académicos para el estudio de la Teología y de las Ciencias Religiosas.

Uno se recomienda a los que se preparan al sacerdocio: es el «itinerario de estudio ofrecido por los Centros académicos eclesiásticos –como son las Facultades de Teología y los Institutos a ellas incorporadas, agregados y afiliados–«, que «tiene el objetivo de asegurar al estudiante un conocimiento completo y orgánico de toda la Teología».

El segundo itinerario académico, el de los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas, se presenta más bien a los laicos y personas consagradas, ofreciéndoles «el conocimiento de los principales elementos de la Teología y de sus necesarios presupuestos filosóficos, además de aquellos complementarios que provienen de las ciencias humanas».

Este itinerario promueve «una más consciente y activa participación» de los laicos y consagrados «en las tareas de evangelización en el mundo actual, favoreciendo también la asunción de empeños profesionales en la vida eclesial y en la animación cristiana de la sociedad».

De este modo, se busca «preparar a los candidatos para los diversos ministerios laicales y servicios eclesiales; cualificar a los docentes de religión en las escuelas de diferente orden y grado, exceptuando las Instituciones de nivel universitario».

El cardenal Rouco defiende la “laicidad positiva” en las relaciones Iglesia-Estado

MADRID, miércoles 24 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).- El arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Antonio María Rouco, explicó este miércoles que las relaciones entre la Iglesia y la comunidad política y social deben responder al principio de la «laicidad positiva», que ha utilizado en varias ocasiones Benedicto XVI.

El purpurado, que intervino durante un desayuno con periodistas y políticos organizado por la agencia española de noticias Europa Press, explicó, , según recoge la revista Ecclesia, que este principio «ya estaba marcado en el Concilio Vaticano II».

En este sentido, recordó las intervenciones del Papa en Francia, la célebre conversación con el filósofo alemán Habermas, así como su discurso en Ratisbona en septiembre de 2006.

Los elementos de esta «laicidad positiva», son, según explicó el cardenal Rouco, «libertad religiosa, libertad de los padres para la educación de sus hijos, justa autonomía de las realidades temporales y una actitud de servicio para atender a la persona y promover la defensa de sus derechos y de búsqueda conjunta de bien común».

Preguntado por el discurso del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, sobre «laicidad positiva» ante el Papa en el Eliseo el pasado 15 de septiembre, el cardenal aseguró «no envidiar a Francia –en todo caso, sí a Alemania–a propósito del laicismo positivo que pretende impulsar su presidente».

«El marco legal en las relaciones Iglesia-Estado en España es mejor que el francés», aseveró.

Además, y en relación al debate sobre la posible reforma del concordato vigente en España, defendió como «instrumento válido» el actual sistema de acuerdos bilaterales de la Santa Sede con el resto de los países.

Preguntado también por la posible reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa española, el cardenal afirmó que la actual «es buena», aunque no se cerró a su reforma, «si es para bien».

Sobre las peticiones de retirada de los crucifijos de los espacios públicos, realizada por algunos grupos, el cardenal consideró que «proceden de minorías» y añadió estas peticiones no deben atenderse porque el crucifijo «pertenece a la historia, a la cultura y a la identidad de España».

Aborto y crisis económica

En el turno de preguntas, el cardenal Rouco se refirió a la reforma de la ley despenalizadora del aborto que el Gobierno pretende llevar a cabo. «La vida es un derecho absoluto, sin condiciones, siempre», aclaró, y añadió que la «tragedia moral» es «la aceptación social del aborto».

Respecto a la asignatura «Educación para la Ciudadanía», el purpurado insistió en que los padres «tienen derecho a la objeción de conciencia».

Sobre la actual situación de crisis económica que atraviesa España, el cardenal explicó que la Iglesia «debe aportar la solidaridad precisa y ayudar a las personas para superar también crisis morales, que están en el trasfondo de la actual situaciones».

Añadió que a la Iglesia «le preocupa mucho más la situación de familias en necesidad y de los parados que hipotéticos -e impensables- cambios o novedades en el vigente modelo de financiación de la Iglesia».

En último lugar, se refirió a la próxima Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011, asegurando que «aportará la catolicidad histórica y tan fecunda de España y su dinamismo misionero».