La relación entre la Santa Sede y la presidencia de Estados Unidos ha entrado en una fase de tensión abierta

Trump ataca al Papa por segundo día (y a Meloni por defenderlo). El mundo reacciona mientras el vicepresidente católico de USA lo apoya

Lejos de rebajar el tono, el presidente estadounidense reiteró sus críticas al día siguiente, 13 de abril, ante los medios, descartando cualquier disculpa

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(ZENIT Noticias / Roma, 14.04.2026).-  La relación entre la Santa Sede y la presidencia de Estados Unidos ha entrado en una fase de tensión abierta tras una serie de declaraciones públicas que, en pocos días, han escalado desde la crítica política hasta un enfrentamiento verbal de alcance global. En el centro de esta controversia se sitúan el Papa León XIV, primer pontífice estadounidense de la historia, y el presidente Donald Trump, cuyas palabras han suscitado reacciones en cadena dentro y fuera del ámbito eclesial.

El episodio comenzó el 12 de abril, cuando Trump publicó un mensaje en su red social en el que calificaba al Papa de “débil” en materia de criminalidad y “terrible” en política exterior. La intervención parecía responder a los reiterados llamamientos del Pontífice a favor de la paz, en particular en relación con la situación en Irán y otros conflictos internacionales. Apenas unas horas después, el Papa, durante un encuentro con periodistas a bordo del avión que lo conducía a África, evitó entrar en una confrontación directa, pero reafirmó el núcleo de su magisterio: la denuncia de la guerra y la promoción del diálogo entre naciones.

Lejos de rebajar el tono, el presidente estadounidense reiteró sus críticas al día siguiente, 13 de abril, ante los medios, descartando cualquier disculpa. Argumentó su desacuerdo con las posiciones del Papa en torno al programa nuclear iraní y defendió su propia línea de acción en política internacional. A la pregunta de la prensa a Trump sobre si le pedirá disculpas al Papa, Trump respondió enfático: “no, no. Porque el Papa León XIV dijo cosas que están mal. Estaba en contra de lo que hago con respecto a Irán y no se puede tener un Irán nuclear. El papa León XIV no estaría contento con el resultado final”.

 

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En paralelo, el vicepresidente JD Vance, de confesión católica, sugirió públicamente en una entrevista en Fox News que el Vaticano debería limitarse a cuestiones religiosas y dejar la definición de políticas públicas al Gobierno: “Ciertamente creo que en algunos casos sería mejor que el Vaticano se ciñera a asuntos de moralidad, que se ciñera a asuntos de lo que está pasando en la Iglesia Católica y dejara al Presidente dictar la política pública estadounidense”.

Las declaraciones han provocado un amplio abanico de respuestas. En México, por ejemplo, la presidenta agnóstica del país habló claramente a favor del Papa.

 

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Desde el ámbito político europeo, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, expresó su respaldo al Pontífice y calificó de inaceptables las descalificaciones. Subrayó, además, la autonomía de la autoridad religiosa frente al poder político, en un momento en que su propio Gobierno atraviesa una fase delicada, marcada por tensiones diplomáticas y decisiones estratégicas, como la suspensión del acuerdo de cooperación militar con Israel firmado en 2005 y renovado automáticamente cada cinco años hasta ahora. Estas fueron las palabras de Meloni: “He expresado y expreso mi solidaridad con el Papa León. Y digo incluso más: yo no me sentiría cómoda en una sociedad en la cual los líderes religiosos hacen lo que dicen los líderes políticos. No en esta parte del mundo”. Y puntualizó: “El Papa es el jefe de la Iglesia católica y es justo y normal que invoque la paz y que condene cualquier forma de guerra”.

 

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Trump respondió también a Meloni con duras críticas, abriendo un frente adicional en una coyuntura internacional ya compleja. En una entrevista al diario Il Corriere della Sera, Trump declaró: “¿A los italianos os gusta que vuestra presidenta no esté haciendo nada para conseguir petróleo? ¿Le gusta a la gente? No me lo puedo imaginar. Me sorprende mucho. Pensaba que [Meloni] tenía valor, pero me equivoqué”. El presidente de Estados Unidos criticó que Meloni no quiera llevar a Italia a la guerra: “Simplemente dice que Italia no quiere verse involucrada. Aunque Italia obtenga su petróleo de allí, aunque Estados Unidos sea muy importante para Italia… No cree que Italia deba verse involucrada. Cree que Estados Unidos debería hacer el trabajo por ella”.

Refiriéndose a la palabra “inaceptable” que Meloni usó para calificar las declaraciones de Trump contra el Papa, dijo: “Es ella la que es inaceptable, porque no le importa que Irán tenga un arma nuclear y pueda hacer volar Italia por los aires en dos minutos si tiene la oportunidad”. Finalmente, Trump reveló que no tiene comunicación con Meloni desde hace mucho tiempo y dijo por qué: “Porque no quiere ayudarnos con la OTAN, no quiere ayudarnos a deshacernos de las armas nucleares”. Y añade: “Es muy diferente de lo que pensaba. Ya no es la misma persona”.

Las relaciones entre Roma y Tel Aviv también se han deteriorado en las últimas semanas tras declaraciones del ministro de Exteriores italiano sobre operaciones militares en Líbano, donde desde el 2 de marzo se han registrado miles de víctimas, y tras incidentes que involucraron a tropas italianas desplegadas en la misión de Naciones Unidas.

En el ámbito eclesial, la reacción ha sido igualmente significativa. Diversos obispos en Estados Unidos, Reino Unido, México, Chile y otros países han manifestado su preocupación por el tono empleado contra el Papa, insistiendo en la naturaleza espiritual de su misión. El presidente de la conferencia episcopal estadounidense recordó que el Pontífice no actúa como actor político, sino como guía religioso cuya autoridad se fundamenta en el Evangelio. Otros prelados han apelado a la necesidad de preservar el respeto institucional y de favorecer el diálogo en lugar de la confrontación.

Las intervenciones de líderes religiosos y pensadores católicos han añadido matices a la discusión. Algunos han subrayado la continuidad del mensaje papal con el de pontífices anteriores, como san Juan Pablo II, quien se pronunció contra la guerra de Irak en términos que hoy vuelven a resonar. Otros han insistido en que la doctrina social de la Iglesia no se alinea con categorías políticas concretas, sino que articula principios morales que pueden ser interpretados de manera diversa en su aplicación práctica.

En el plano internacional, incluso actores ajenos al mundo católico han reaccionado. El presidente iraní expresó su rechazo a las críticas dirigidas al Papa, mientras figuras políticas en Estados Unidos y Europa han intervenido en el debate, reflejando la amplitud de una polémica que trasciende lo estrictamente religioso.

Todo ello se produce en un contexto simbólicamente significativo: el inicio de un viaje apostólico de diez días por África, del 13 al 23 de abril, durante el cual el Papa ha insistido en su mensaje de reconciliación. En ese desplazamiento, acompañado por unos 70 periodistas, ha reiterado que su papel no es el de un dirigente político, sino el de un pastor que propone caminos de paz en un mundo marcado por conflictos.

El trasfondo de este episodio pone de relieve una cuestión recurrente en la historia contemporánea: la relación entre autoridad moral y poder político. Mientras el Pontífice insiste en el lenguaje del Evangelio y en la necesidad de poner fin a las guerras, desde la esfera política se cuestiona el alcance de esa intervención. La tensión, lejos de resolverse en el corto plazo, parece haber abierto un nuevo capítulo en las complejas relaciones entre Washington y el Vaticano.

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Jorge Enrique Mújica

Licenciado en filosofía por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, de Roma, y “veterano” colaborador de medios impresos y digitales sobre argumentos religiosos y de comunicación. En la cuenta de Twitter: https://twitter.com/web_pastor, habla de Dios e internet y Church and media: evangelidigitalización."

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