Al concluir la audiencia general del 11 de marzo, el Papa León XIV abordó la creciente agitación en Oriente Medio Foto: Vatican Media

León XIV, Trump y la legitimidad moral de la guerra en Oriente Medio: la diplomacia como única “arma” del Vaticano

Parolin reconoció que el Vaticano carece de herramientas coercitivas para imponer su visión, confiando en cambio en “los instrumentos de la palabra, la razón y la sabiduría”. Aun así, insistió en que estas herramientas deben seguir utilizándose para defender los principios de la coexistencia pacífica entre las naciones.

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(ZENIT Noticias / Roma, 12.03.2026).- A medida que el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se extiende por Oriente Medio, la voz de la Iglesia Católica se ha vuelto cada vez más insistente: la guerra corre el riesgo de convertirse en una catástrofe regional, y la diplomacia debe prevalecer antes de que la destrucción sea irreversible.

En los últimos días, se han hecho llamamientos a la paz desde diversos niveles de la Iglesia —desde el propio Vaticano hasta obispos de la región y destacados líderes católicos en Estados Unidos— mientras el conflicto continúa expandiéndose geográfica y políticamente.

Un llamamiento papal en medio de la creciente violencia

Al concluir la audiencia general del 11 de marzo, el Papa León XIV abordó la creciente agitación en Oriente Medio, instando a los fieles a orar por el fin de los combates y por los numerosos civiles atrapados en la violencia.

El Papa mencionó específicamente a Irán y a la región en general, lamentando el sufrimiento de los civiles, «incluidos muchos niños inocentes», y llamando a la oración «una semilla de esperanza para el futuro».

León XIV también llamó la atención sobre la situación en el Líbano, donde la escalada de hostilidades entre Israel y la milicia chií Hezbolá ha renovado los temores de una guerra más amplia. En particular, lamentó la muerte del sacerdote maronita Pierre El-Raii, párroco de 50 años, asesinado el 9 de marzo en el sur del Líbano tras acudir a socorrer a los feligreses heridos en un bombardeo.

“Era un verdadero pastor”, dijo el papa, describiendo al sacerdote como alguien que se mantuvo cercano a su pueblo con el amor sacrificatorio del Buen Pastor. León rezó para que la “sangre derramada del sacerdote se convierta en semilla de paz para el amado Líbano”.

La crisis en el Líbano se ha agravado en los últimos días. Los ataques aéreos israelíes han tenido como objetivo posiciones de Hezbolá en las afueras del sur de Beirut, mientras que otros ataques han afectado a localidades del sur del Líbano, presuntamente causando la muerte de civiles. Al mismo tiempo, las órdenes de evacuación emitidas por el ejército israelí para barrios del sur de Beirut han afectado a unos 700.000 residentes, lo que aumenta el temor a una grave emergencia humanitaria.

Una guerra que se extiende por la región

La violencia que comenzó el 28 de febrero con ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán ha aumentado drásticamente su alcance.

Los ataques aéreos han alcanzado instalaciones petroleras en Teherán y en la provincia de Alborz, generando incendios masivos y densas nubes de humo sobre la capital iraní. Según fuentes iraníes, los ataques causaron la muerte de varias personas y dañaron infraestructura energética clave. Las autoridades de defensa civil han advertido a los residentes sobre posibles emisiones tóxicas e incluso lluvia ácida causadas por el incendio de depósitos de petróleo.

El saldo humano va en aumento. Las autoridades iraníes informan que más de 1200 personas han muerto y más de 10 000 han resultado heridas desde el inicio de los ataques.

Mientras tanto, el conflicto se ha extendido mucho más allá de las fronteras de Irán. Misiles y drones iraníes han atacado varios países de la región del Golfo Pérsico, como Kuwait, Qatar, Baréin y los Emiratos Árabes Unidos. Se han reportado explosiones en Tel Aviv tras el lanzamiento de misiles desde Irán, mientras que la tensión ha aumentado en el estratégico Estrecho de Ormuz después de que Teherán amenazara con atacar buques estadounidenses e israelíes.

Incluso países lejanos han sentido las repercusiones. En Oslo, una explosión dañó la entrada de la embajada estadounidense, aunque no se reportaron heridos.

La guerra también ha transformado el panorama político dentro de Irán. El líder supremo del país, Alí ​​Jamenei, fue asesinado al comienzo del conflicto, y el clero iraní eligió a un sucesor: el hijo del ayatolá asesinado.

La diplomacia como única arma del Vaticano

El Vaticano ha respondido a la crisis actual con su estrategia tradicional: diplomacia persistente y llamamientos morales.

En Roma, durante una iniciativa interreligiosa de Ramadán e Iftar, Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, enfatizó que la Santa Sede mantiene el diálogo con todas las partes involucradas.

“La Santa Sede habla con todos”, explicó Parolin, incluyendo a los líderes estadounidenses e israelíes, para proponer caminos hacia la paz. Advirtió que la tragedia que se está desarrollando podría fácilmente agravarse si fracasan los esfuerzos diplomáticos.

Parolin reconoció que el Vaticano carece de herramientas coercitivas para imponer su visión, confiando en cambio en “los instrumentos de la palabra, la razón y la sabiduría”. Aun así, insistió en que estas herramientas deben seguir utilizándose para defender los principios de la coexistencia pacífica entre las naciones.

El cardenal también expresó su preocupación por las comunidades cristianas de la región. La guerra, la inestabilidad y el creciente odio, advirtió, amenazan la supervivencia de las antiguas poblaciones cristianas en Oriente Medio.

Comunidades al borde del colapso

En ningún lugar son más palpables estos temores que en Irak, donde los líderes cristianos afirman que las frágiles comunidades de la región podrían volver a enfrentarse al desplazamiento.

En el Kurdistán iraquí, misiles han impactado zonas alrededor de Erbil, incluyendo lugares cercanos a las instituciones católicas caldeas de la ciudad. Ankawa, el distrito cristiano de Erbil y uno de los barrios cristianos más grandes de Oriente Medio, se encuentra a tan solo unos cientos de metros de una base militar estadounidense y, por lo tanto, está expuesto a posibles ataques.

Según el activista cristiano local Dilan Adamat, la situación es especialmente preocupante porque el conflicto actual carece de una línea de frente clara. Los misiles y los drones pueden impactar prácticamente en cualquier lugar, dejando a los civiles inseguros de dónde está la seguridad.

La ansiedad se ve agravada por el declive demográfico. La población cristiana de Irak, que se estimaba en más de un millón de personas, se ha reducido drásticamente en las últimas décadas. Hoy en día, solo quedan unos 130.000 cristianos en un país de aproximadamente 46 millones de habitantes.

Los líderes de la Iglesia temen que una nueva guerra regional pueda desencadenar una nueva ola de emigración, amenazando aún más a una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, que aún habla arameo, el idioma tradicionalmente asociado con Jesús.

Voces religiosas que piden la paz

Varios líderes católicos han criticado públicamente la legitimidad moral de la guerra.

Robert McElroy, arzobispo de Washington, argumentó que el conflicto no cumple con los criterios tradicionales de la Iglesia Católica para una «guerra justa». Según McElroy, Estados Unidos no respondió a un ataque inminente verificable, los objetivos de la guerra siguen sin estar claros y los daños causados ​​podrían superar con creces los posibles beneficios.

De igual manera, Blase Cupich, arzobispo de Chicago, condenó un video publicado en redes sociales por la Casa Blanca que combinaba imágenes reales de ataques aéreos con escenas de películas de acción.

“Una guerra real, con muertes y sufrimiento reales, tratada como si fuera un videojuego”, afirmó, advirtiendo que la sociedad moderna corre el riesgo de convertir la guerra en un espectáculo en lugar de afrontar su coste humano.

Para Cupich, el problema más profundo es la insensibilización moral: la violencia, argumentó, se consume cada vez más como entretenimiento, mientras miles de personas —familias, niños y soldados— pierden la vida.

Un llamamiento desde Irán

En un sorprendente acontecimiento, un destacado clérigo iraní también ha recurrido al Papa en busca de ayuda.

El ayatolá Seyed Mostafa Mohaghegh Damad Ahmadabadi publicó una carta abierta dirigida a León XIV, instando al pontífice a intervenir moralmente ante Estados Unidos y abogar por la moderación.

Damad formuló su llamamiento en términos explícitamente religiosos, enfatizando que la paz y la justicia son valores fundamentales compartidos por todas las tradiciones monoteístas. Su mensaje condenó los ataques a la infraestructura civil y exigió respeto al derecho internacional.

Los observadores señalan que estos llamamientos reflejan una larga historia de diálogo entre el Vaticano y las autoridades religiosas chiítas. Los contactos entre Teherán y la Santa Sede han existido durante décadas, y el diálogo interreligioso se ha intensificado desde principios de la década de 2000.

El contexto de esta relación incluye la histórica reunión de 2021 entre el papa Francisco y la autoridad chií iraquí Ali al-Sistani en Nayaf, un momento ampliamente interpretado como un hito en las relaciones entre católicos y chiítas.

Aún es incierto si la carta de Damad influirá en el curso de los acontecimientos. Pero el gesto en sí mismo pone de relieve la autoridad moral que aún ostenta el papado en momentos de crisis global.

Un camino incierto por delante

Por ahora, la guerra muestra pocas señales de terminar.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha afirmado que el conflicto podría concluir pronto, aunque también ha sugerido que podrían ser necesarias nuevas operaciones militares. Los comandantes iraníes, en cambio, advierten que la confrontación podría durar años e insisten en que están preparados para una lucha prolongada.

Mientras tanto, el conflicto continúa propagándose por Oriente Medio, desde Líbano e Irak hasta los países del Golfo, mientras que los mercados energéticos, la diplomacia internacional y las frágiles comunidades religiosas siguen bajo presión.

En medio de esta incertidumbre, el mensaje del Vaticano sigue siendo invariable: la guerra no puede traer una paz duradera.

En cambio, como recordó León XIV a los fieles en la Plaza de San Pedro, el mundo debe seguir orando, hablando y buscando incansablemente el frágil pero indispensable camino de la reconciliación.

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Jorge Enrique Mújica

Licenciado en filosofía por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, de Roma, y “veterano” colaborador de medios impresos y digitales sobre argumentos religiosos y de comunicación. En la cuenta de Twitter: https://twitter.com/web_pastor, habla de Dios e internet y Church and media: evangelidigitalización."

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