(ZENIT Noticias / Roma, 10.03.2026).- La edición de marzo de la revista Piazza San Pedro, publicación de la Basílica de San Pedro, está dedicada a las mujeres. Y en esta ocasión hay una emotiva carta dirigida al Papa de parte de Giovanna, una lectora romana, que implora: «Papa León, ayúdanos a detener la violencia contra las mujeres. No más feminicidios».
La mujer, que confiesa tener lágrimas en los ojos, bañada en lágrimas por tanto sufrimiento injustificado infligido a las mujeres, vive con un esposo respetuoso y amoroso. Pero su privilegio plantea de inmediato la pregunta: ¿por qué ser amada debe ser una excepción? ¿Por qué el amor se convierte en una trampa mortal para tantas mujeres? Giovanna relata la conmoción que siente ante cada nuevo caso de feminicidio, un fenómeno que trasciende clases sociales y generaciones, y denuncia la «cultura de la posesión» que considera a las mujeres como propiedad, hasta el punto de justificar su eliminación si deciden irse.
Su llamado se extiende a los niños invisibles de estas tragedias: niños que a menudo presencian el asesinato de su madre y que quedan huérfanos por partida doble, víctimas de un dolor que el Estado, escribe, no soporta lo suficiente. De ahí la invocación al Papa: solo una alianza educativa entre la Iglesia y las escuelas puede incidir verdaderamente en la formación de las conciencias, especialmente entre los más jóvenes. «¿Quién más», pregunta, «puede difundir una cultura de respeto y libertad, capaz de superar las barreras sociales, culturales y religiosas?».
La respuesta del Papa León XIV es clara y profundamente pastoral. El Pontífice confiesa que la violencia en las relaciones, y en particular la violencia contra las mujeres, es para él fuente de gran sufrimiento. Recuerda el «genio femenino» evocado por san Juan Pablo II, destacando cómo las mujeres son protagonistas de una cultura del cuidado, la fraternidad y la esperanza. Precisamente por eso, observa, a veces se convierten en el blanco de una mentalidad que teme los valores que encarnan: libertad, igualdad, generatividad, justicia.
«La violencia, cualquier violencia, es la frontera que separa la civilización de la barbarie», escribe el Papa, recordando también lo afirmado en la Solemnidad de Pentecostés y en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. No se tolerarán circunstancias atenuantes ni justificaciones. Todo acto de violencia debe ser denunciado, al igual que debe exponerse el clima cultural que minimiza o niega la responsabilidad.
Pero el Pontífice no se limita a la condena. Acoge con satisfacción el llamamiento de Giovanna a una urgente alianza educativa: la Iglesia, las familias, las escuelas, las parroquias, los movimientos y las instituciones públicas deben trabajar juntos para implementar proyectos específicos de prevención y educación. El camino indicado es claro: educar a los jóvenes para que respeten la dignidad de cada persona, hombre y mujer, abran los corazones a una cultura de paz y erradiquen la mentalidad de dominación.
En su despedida, el Papa León XIV promete oraciones y bendiciones, transformando una carta privada en un mensaje universal. Cartas que son, afirma el Padre Fortunato, una caricia al corazón y una guía para una sociedad tan perdida y desorientada.
A continuación el texto íntegro de la carta:
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Para combatir la violencia contra las mujeres implementamos proyectos específicos de prevención y formación
Giovanna,
Planteas un tema importante que siempre me ha causado gran sufrimiento: la violencia en las relaciones, y en particular la violencia contra las mujeres.
En un mundo a menudo dominado por un pensamiento violento, debemos apoyar aún más el genio femenino, como afirmó San Juan Pablo II, el «genio de las mujeres», protagonistas y creadoras de una cultura del cuidado y la fraternidad, esencial para brindar futuro y dignidad a toda la humanidad. Quizás por eso también se ataca y asesina a las mujeres: son un signo de contradicción en esta sociedad confusa, incierta y violenta, porque nos enseñan valores de fe, libertad, igualdad, generatividad, esperanza, solidaridad y justicia. Estos son grandes valores, pero se ven atacados por una mentalidad peligrosa que infesta las relaciones, generando solo egoísmo, prejuicios, discriminación y deseo de dominación.
Esta actitud, como dije durante la homilía de la Solemnidad de Pentecostés (8 de junio de 2025) durante la Santa Misa del Jubileo de los Movimientos, Asociaciones y Nuevas Comunidades, «a menudo conduce a la violencia, como tristemente demuestran los numerosos casos recientes de feminicidio». La violencia, cualquier violencia, es la frontera que separa la civilización de la barbarie. Nunca debemos subestimar un acto de violencia, y no tememos denunciarla, incluyendo ese clima de justificación o que atenúa o niega la responsabilidad. Caminar juntos en el respeto mutuo por nuestra humanidad no es un sueño, sino la única realidad posible para construir un mundo de luz para todos. Querida Giovanna, te agradezco tu urgencia respecto a la necesidad de una alianza educativa cada vez más fuerte.
La Iglesia, junto con las familias, las escuelas, las parroquias, los movimientos y asociaciones, las congregaciones religiosas y las instituciones públicas, puede compartir la urgencia de implementar proyectos específicos para prevenir y detener la violencia contra las mujeres. Como dije el pasado 25 de noviembre, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, «para detener la violencia, debemos empezar por educar a los jóvenes, por abrir nuestros corazones a la idea de que cada persona es un ser humano que merece respeto, la dignidad de hombres y mujeres, de todos». Y luego añadí: «Debemos eliminar esta violencia y encontrar maneras de moldear la mentalidad de las personas; debemos ser personas de paz, que amen a todos». Gracias, Giovanna, por tu carta. Rezaré por ti, tu familia y tus seres queridos, y les ofrezco mi bendición.
Papa León XIV
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