(ZENIT Noticias / La Habana, 03.02.2026).- El 23 de enero, el aparato de seguridad cubano actuó contra cuatro figuras cuyo único denominador común es su insistencia pública en la dignidad, la libertad y la responsabilidad cívica: dos sacerdotes católicos y dos laicos. Fueron citados, detenidos e interrogados durante horas, un episodio que los observadores describen no como una simple rutina burocrática, sino como un acto calculado de intimidación política.
Según la plataforma digital Cuba Trendings, los padres Castor Álvarez Devesa y Alberto Reyes, ambos de la Arquidiócesis de Camagüey, fueron citados por la Seguridad del Estado sin ninguna explicación formal. El momento fue sorprendente. Los sacerdotes se encontraban en medio de un retiro espiritual con otros clérigos cuando llegó la citación.
Ese mismo día, en la provincia occidental de Pinar del Río, Dagoberto Valdés Hernández y Yoandy Izquierdo Toledo, laicos católicos y miembros del Centro de Estudios de Convivencia (CEC), fueron detenidos para ser interrogados. El CEC es un centro de estudios independiente y sin fines de lucro, dedicado a promover la cultura cívica y el cambio social pacífico en Cuba.
Los cuatro son conocidos por hablar abiertamente sobre la falta de libertades en la isla y su creciente crisis económica.
Presión disfrazada de procedimiento
Osvaldo Gallardo, escritor cubano y defensor de la libertad religiosa, argumenta que estas acciones fueron todo menos accidentales. Señala que los interrogatorios coincidieron con el 28.º aniversario de la histórica misa de San Juan Pablo II en Camagüey, donde el papa polaco instó a los cubanos a «no posponer la construcción de una nueva sociedad» y a convertirse en «protagonistas de su propia historia».
Para Gallardo, el simbolismo es inconfundible. En Facebook, afirmó que no se trataba de actos aislados ni administrativos, sino de “intimidación política” dirigida a sacerdotes y laicos que, guiados por la fe y la conciencia, han defendido la dignidad humana y el derecho a una sociedad mejor.
El padre Álvarez fue interrogado durante aproximadamente tres horas. Su interrogatorio se produjo tras un reciente viaje a Miami y unas declaraciones públicas publicadas por el Diario Las Américas, en las que reiteró las dificultades que enfrentan los cubanos comunes y sugirió que el arresto de Nicolás Maduro había debilitado el control de La Habana sobre Venezuela, durante mucho tiempo un aliado crucial y un sustento económico para el régimen cubano.
Reflexionando sobre las protestas del 11 de julio de 2021, durante las cuales fue golpeado y arrestado, Álvarez recordó cómo muchos cubanos se sintieron abandonados por la comunidad internacional. “En aquel entonces, se decía que Estados Unidos no había apoyado al pueblo cubano”, dijo. “Hoy la percepción es diferente. Aun así, es una esperanza cautelosa: un pueblo que ha sufrido tanto que le cuesta creer en el cambio. Muchos piensan que nada sucederá. Pero a pesar de todo, creo que hay esperanza”. Una publicación de un sacerdote en Facebook, una respuesta estatal
El padre Alberto Reyes, por su parte, ha ganado seguidores gracias a sus reflexiones semanales en Facebook sobre la realidad cubana. El 16 de enero, escribió que los recientes acontecimientos en Venezuela habían renovado las expectativas de un «cambio radical en Cuba que pondría fin a la dictadura y marcaría el comienzo de una era de democracia y prosperidad».
En la mañana del 23 de enero, el mismo día en que fue citado, Reyes también criticó la sentencia del periodista José Gabriel Barrenechea, condenado por gritar consignas durante las protestas contra los incesantes apagones de la isla.
En Pinar del Río, el trato dispensado a los dos miembros de la CEC reveló aún más explícitamente cómo La Habana confunde el diálogo cívico con la subversión.
La organización informó que una patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria llegó al domicilio de Valdés la madrugada de ese viernes y lo trasladó a la sede de la Seguridad del Estado. Izquierdo fue detenido poco después cuando él y otros miembros de la CEC fueron a preguntar por el paradero de Valdés.
Las autoridades afirmaron que el arresto se debió a la reciente reunión de Valdés con Mike Hammer, encargado de negocios de Estados Unidos en La Habana. Izquierdo, añadieron, también sería citado por su presunta participación en dicha visita, a pesar de no haber asistido.
Según la CEC, Valdés fue acusado de terrorismo y de colaborar con una potencia extranjera que supuestamente amenazaba a Cuba con una intervención militar. Los agentes incluso leyeron en voz alta fragmentos de su columna del 19 de enero, «El futuro está aquí», en la que abogaba por una transición pacífica a la democracia.
Ambos hombres fueron liberados ese mismo día.
Una táctica habitual, un mensaje escalofriante
Gallardo condenó lo que describió como una táctica recurrente del gobierno comunista: obligar a los ciudadanos a aceptar los llamados «avisos de advertencia» sin fundamento legal. Dichas prácticas, afirmó, constituyen un acoso estatal sistemático y violan los compromisos internacionales de Cuba en materia de derechos humanos.
Quizás lo más alarmante fue el mensaje implícito transmitido durante los interrogatorios: que el mero hecho de compartir ideas podía constituir un delito.
«Esto contradice directamente los principios democráticos universales», argumentó Gallardo, «que protegen el pluralismo y la libertad de pensamiento».
Fe bajo vigilancia
Durante años, la Iglesia católica cubana ha mantenido una postura delicada, buscando espacio para la labor pastoral y evitando la confrontación directa con el Estado. Sin embargo, sacerdotes como Álvarez y Reyes, y líderes laicos como Valdés e Izquierdo, representan una corriente creciente dentro del catolicismo cubano: una que insiste en que la fe no puede separarse de la responsabilidad cívica.
Su detención envía una señal clara. En la Cuba actual, incluso los sermones, las publicaciones en Facebook y los ensayos políticos pueden activar la maquinaria represiva.
Y, sin embargo, como sugirió el padre Álvarez, algo más se agita bajo la superficie: una esperanza cautelosa entre una población golpeada. La respuesta de mano dura del régimen podría lograr silenciar temporalmente a las personas. Si podrá suprimir ese anhelo más profundo de cambio es otra cuestión.
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