FREETOWN, 25 mayo (ZENIT.org).- La situación en Sierra Leona se hace cada vez más dramática. Ayer fueron asesinados dos periodistas, el estadounidense Kurt Schork y el español Miguel Gil Moreno, en un ataque del Frente Revolucionario Unido (RUF).

En las vísperas, se habían descubierto los cadáveres de diez cascos azules de las Naciones Unidas en los campos al noreste de Freetown. En estos momentos, el RUF mantiene todavía como rehenes a diez soldados de este contingente internacional.

Mientras tanto, los rebeldes del Frente Unido Revolucionario siguen reclamando la liberación de su líder Foday Sankoh, arrestado hace una semana con la acusación de matar a 21 personas el 8 de mayo, después de que su guardia abriera fuego contra los manifestantes congregados en su casa, en Freetown.

Monseñor Giorgio Biguzzi, ante esta situación no excluye la posibilidad de que tengan lugar todo tipo de masacres. «Se empieza a oír que han amenazado con incendiar Makeni y otros lugares»

¿Quien está detrás de los rebeldes? «Obviamente, tienen protección en Liberia --explica Biguzzi, quien en varias ocasiones se ha convertido en providencial mediador entre los rebeldes y el gobierno--. Está claro. Porque pueden ir de aquí a allá, por lo tanto Liberia es sin duda su refugio. Además, evidentemente, habiendo tenido a mano y teniendo aún a su alcance la zona de los diamantes, disponen de recursos financieros, porque los diamantes son objeto de contrabando en gran medida a través de Liberia, y con ello pueden rearmarse».

En esta dramática situación, «La Iglesia continúa en la línea que ha mantenido desde el principio --explica el obispo de Makeni--. Así, en los campos donde se refugian estos prófugos, hemos tenido por ejemplo en Guinea la presencia de algunos sacerdotes. El propio obispo estuvo allí durante algunos meses entre los refugiados que en gran parte procedían de la diócesis de Kennaman. Dentro del país se ha trabajado mucho, y se continúa trabajando por los niños-soldados en varios centros, intentando ponerles a salvo, y ello no sólo en el norte, sino también aquí, en la capital, y en el sur y en el este».

Precisamente, este hombre que ha salvado a centenares de niños-soldados --llevó a algunos de ellos a Roma el 2 de enero para participar con el Papa en el Jubileo de los Niños--, revela ahora con cierta amargura: «Desgraciadamente en este momento nos llegan noticias de que, con la vuelta de las hostilidades, los rebeldes no liberan ya niños, y también se ha sabido que en algún caso se han hecho con otros nuevos. Obviamente esto es un crimen. Espero que se trate de las últimas detenciones. Sin embargo lamentablemente sabemos que estas cosas tienden a tener un proceso muy largo y muy lento; por ello es doloroso, porque hay mucha gente que sufre».