Colombia: Los obispos exigen auténtico diálogo a gobierno y guerrilla

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Reconoce que el ELN sigue planteando interrogantes

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BOGOTÁ, 2 mar 2001 (ZENIT.orgFIDES).- Los obispos que conforman el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal han reiterado su llamado urgente para que los diversos acercamientos entre el gobierno y las fuerzas subversivas conduzcan a la solución del conflicto armado por medio del diálogo y la negociación política.

La Conferencia Episcopal sigue de cerca lo sucedido y de hecho ha creado una comisión para el seguimiento del Proceso de Paz con el ELN (Ejército de Liberación Nacional), integrada por cinco obispos y otras tres personalidades, y presidida por monseñor Jaime Prieto Amaya, obispo de Barrancabermeja. Su cometido es facilitar caminos de reconciliación y la búsqueda del bien común con dicho grupo armado.

El Comité Permanente, en su reunión del pasado 16 de febrero, examinó los nuevos acontecimientos relacionados con la solución del conflicto armado en Colombia y reconoció que continúa habiendo muchos interrogantes en este proceso con el ELN. Por ejemplo, se pregunta: ¿qué incidencia tendría en una posible «zona de encuentro» la presencia, dentro de la región, de otros actores del conflicto como las AUC y las FARC-EP? ¿Qué incidencia tendrían en la posible «zona de encuentro», los cultivos ilícitos y cuál sería la estrategia más adecuada para su erradicación o sustitución definitiva? ¿Cuáles serán los métodos y formas más proporcionadas para una verdadera participación de la población en la propuesta de la «zona de encuentro»?

El Comité pide, además, a los diferentes grupos de presión, tanto civiles como armados, que valoren la importancia del diálogo dentro de la tolerancia y el respeto de los derechos humanos, e invita a las AUC a contribuir a crear un clima de tolerancia y diálogo en el Sur de Bolivar

El Comité celebra el «Acuerdo de los Pozos» y las acciones realizadas por las FARC-EP para excluir a los niños del conlicto y que vuelvan a la escuela. El Comité considera que es necesario estimular a las partes a continuar las negociaciones sin interrupción hasta llegar a acuerdos que hagan posible la paz. Para ello exige coherencia entre los proyectos y reglamentos y los daños que pueda sufrir la población civil. Y rechaza el asesinato de jóvenes en el Parque de Puracé y la muerte violenta de personas indefensas.

Porque la paz es posible, los miembros del Comité Permanente se comprometen a ser, en la unidad y la caridad, los constructores de la paz. Comprenden que Colombia necesita el aprendizaje de la reconciliación y el perdón para llegar a la paz. El tiempo de Cuaresma –dice– es particularmente propicio para esta tarea.

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ZENIT Staff

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