Vaticano a la ONU: Los centros de suministración de droga no son la solución

Pide que se opte más bien por las comunidades terapéuticas

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CIUDAD DEL VATICANO, 29 mar 2001 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha definido ante las Naciones Unidas como «éticamente inaceptables» la creación de centros de suministración de droga bajo control médico.

Al intervenir en la sesión de la comisión de la ONU sobre la droga, que concluyó hoy en Viena, el jefe de la delegación vaticana, el arzobispo Dominique Rézeau, afirmó que estos centros no respetan la dignidad de la persona humana y no ponen en el centro de sus objetivos la reintegración social de los toxicómanos.

Se trata de centros que se han comenzado a abrir principalmente en «el último año del siglo pasado» en varios países, como constató el delegado vaticano en sus declaraciones publicadas por el programa informativo internacional de «Radio Vaticano».

Sobre su eficacia existen dos corrientes contrapuestas, como constató el mismo monseñor Rézeau. Quienes están a favor de la apertura de locales de suministración de droga bajo control médico subrayan «resultados concretos alcanzados con esta iniciativa». En particular, se refieren a la «reducción del daño» para la sociedad en su conjunto y para los individuos; a un menor peligro de sobredosis, de infecciones y de transmisión de enfermedades.

Ahora bien, quienes se oponen a estas iniciativas, como reconoció monseñor Rézeau, consideran que atentan contra los tratados internacionales sobre el control de estupefacientes, pues los gobiernos se han comprometido y tienen la obligación de «combatir el narcotráfico en todas sus formas».

Dejando a un lado la disputa jurídica, el jefe de la delegación de la Santa Sede recordó un principio ético fundamental: permitir que un toxicómano se inyecte substancias ilícitas, aunque sea bajo la supervisión médica, es algo que va en contra del respeto que se debe a la vida humana.

«En virtud de este principio fundamental –insistió el «embajador» papal ante la reunión de la ONU sobre la droga– nosotros podemos afirmar que la toxicomanía va contra la vida misma. No podemos hablar ni de «libertad para consumir droga» ni de un «derecho a la droga», pues ninguna persona tiene el derecho de hacerse daño a sí misma», ni puede «renunciar a la dignidad personal que le ha conferido el único Dios».

De este modo, la creación de ambientes en los que se puede asumir libremente sustancias estupefacientes «no es aceptable desde el punto de vista ético». Y, dado que la actitud que plantea esta medida no tiende a liberar cuanto antes al toxicómano de su situación, es necesario añadir que los centros para la suministración de droga controlada son «inadecuados» a la hora de afrontar el problema.

Sin condenar a quien decide recurrir a estos centros –pues lo que cuenta no es tanto la represión legal o la condena ética, sino más bien el esfuerzo por alcanzar una «reintegración duradera social»–, el arzobispo afirmó que hay que preferir los métodos adoptados por las comunidades terapéuticas.

Estas instituciones, presentes hoy en los cinco continentes, añadió, tienen el mérito de buscar tanto la recuperación social de quien está esclavizado por la droga, como la reducción del daño social. Estos dos objetivos los alcanzan de manera más eficaz que los centros de suministración controlada.

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ZENIT Staff

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