Congo: El volcán expulsa de su casa a 160 mil personas; el obispo en coma

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Goma ciudad sepultada por la erupción del Nyiragongo

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ROMA, 20 enero 2002 (ZENIT.org).- La coordinación humanitaria de urgencia de la provincia del sur de Kivu (este de la República Democrática del Congo) se prepara para recibir a cerca de 160 mil desplazados que huyen de la zona del volcán Nyiragongo, según indicó hoy domingo en Kinshasa la oficina de coordinación de las agencias humanitarias de Naciones Unidas (OCHA).

El obispo católico de Goma, ciudad que fue arrasada el pasado jueves tras la erupción del volcán Nyiragongo, en el este de República Democrática de Congo (RDC), fue encontrado este domingo en su casa de Goma en estado de coma.

Monseñor Faustin Ngabu «fue encontrado esta mañana en estado de coma, a causa, tal vez, de una emanación de gas», declaró una religiosa del entorno del obispo.

La vivienda de monseñor Ngabu, ubicada en el barrio cercano al aeropuerto de Goma, se encuentra a pocos metros del río de lava que arrasó la ciudad. El obispo prefirió quedarse en su casa para evitar posibles saqueos, según esta religiosa.

La población tiene que afrontar la tragedia después de diez años de guerra del «Reagrupamiento congoleño por la democracia» (RCD), que cuenta con el apoyo de Ruanda, contra el gobierno central del Congo.

«Se trata de una tragedia anunciada –revela el padre Silvio Turazzi, misionero javeriano en Goma–. Muchos vulcanólogos habían propuesto bombardear el cráter principal del Nyiarogongo porque la lava no tenía ya desagües naturales. La semana pasada hubo fuertes sacudidas de terreno, signo inequívoco del aumento de la presión».

«Este éxodo me hace pensar en hace cuatro años, cuando por Goma pasaron decenas de miles de ruandeses en fuga de los combates en el este del Congo –añade–. Y es amargo constatar, añade, que esta tragedia llega en un momento de relativa «tranquilidad» para la ciudad frontera».

El Reagrupamiento congoleño por la democracia (RCD) en los últimos meses ha comenzado a buscar el diálogo con el joven presidente Joseph Kabila, a pesar de que esto no era del gusto de Ruanda.

El misionero agradece la presencia de unos cincuenta soldados marroquíes del contingente de las Naciones Unidas, encargado de controlar la retirada de las tropas extranjeras. «La gente me decá que de este modo no se sentía ya olvidada por todos, como había sucedido durante las guerras de los últimos años».

«Mi llamamiento es a la comunidad internacional –concluye el misionero–, y a cuantos aman al Congo. Hay que ayudar a esa gente que ahora ha perdido todo y Goma necesita ayuda para desarrollarse. La ciudad debe ser reconstruida en una zona más segura: más lejos del volcán y de la frontera».

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ZENIT Staff

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