CIUDA DEL VATICANO, 10 enero 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II reconoció este jueves ante los embajadores acreditados en el Vaticano que el derecho del pueblo israelí a una nación y el derecho el pueblo israelí a la seguridad sólo serán reconciliables con el diálogo.

«Nadie puede permanecer insensible ante la injusticia de la que es víctima el pueblo palestino desde hace más de cincuenta años --afirmó--. Nadie puede negar el derecho del pueblo israelí a vivir en la seguridad».

«Pero nadie puede olvidar tampoco a las víctimas inocentes que, de una parte y de otra, caen todos los días bajo los golpes y los tiros --siguió diciendo el Papa a los representantes de 172 países--. Las armas y los atentados sangrientos nunca serán instrumentos adecuados para hacer llegar mensajes políticos a unos interlocutores. La lógica de la ley del talión tampoco es adecuada para preparar los procesos de paz».

El Papa enunció a continuación las propuestas de la Santa Sede para la solución del conflicto en Oriente Medio: «sólo el respeto del otro y de sus legítimas aspiraciones, la aplicación del derecho internacional, la evacuación de los territorios ocupados y un estatuto especial garantizado internacionalmente para los lugares más sagrados de Jerusalén, son capaces de ofrecer un principio de pacificación en esta parte del mundo y de romper el ciclo infernal del odio y de la venganza».

Pidió, además, a la comunidad internacional, «con medios pacíficos y apropiados», «desempeñar su papel insustituible, siendo aceptada por todas las partes en conflicto.

«Unos contra otros, israelíes y palestinos no ganarán la guerra --concluyó--. Los unos con los otros, pueden ganar la paz».