La Santa Sede reconoce oficialmente a la Comunidad de las Bienaventuranzas

Nueva realidad eclesial presente en los cinco continentes

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CIUDAD DEL VATICANO, 31 enero 2003 (ZENIT.org).- La Santa Sede reconoció oficialmente este viernes a la Comunidad de las Bienaventuranzas, nueva realidad eclesial presente en los cinco continentes, que surge en la corriente de la Renovación Carismática Católica.

El decreto de reconocimiento fue entregado en nombre de Juan Pablo II por el cardenal James Francis Stafford, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, en la sede de este organismo vaticano en Roma.

Según el reconocimiento, la Comunidad será a partir de ahora una «asociación internacional privada de fieles de derecho pontificio con personalidad jurídica».

El purpurado estadounidense subrayó en su intervención el aspecto contemplativo y misionero de esta Comunidad fundada en 1974 por un antiguo pastor protestante francés convertido al catolicismo, Ephraïm Croissant, por su esposa, Josette, y por otra pareja.

«Junto a la vida de oración, vuestra acción misionera y caritativa por los más pobres contribuye a hacer de la Comunidad de las Bienaventuranzas un instrumento de formación cristiana y de evangelización en las Iglesias particulares», reconoció el cardenal Stafford.

Ephraïm Croissant, por su parte, afirmó: «Nuestro deseo ha sido siempre el de servir a la Iglesia, en el último lugar, y este reconocimiento me confirma esta opción que nadie nos puede quitar».

Esta nueva realidad está compuesta por laicos, consagrados y sacerdotes, célibes y familias que viven en comunidad de vida, algo que constituye una novedad para la Iglesia.

Está presente en todos los continentes, en 32 países , con 46 casas en Europa, 11 en África, 7 en Asia, 3 en América Latina, 3 en América del Norte, 2 en Oceanía, 3 en Oriente Medio.

En total, 1.500 hermanos y hermanas viven en comunidad residencial. A su alrededor existe una comunidad de alianza conocida con el nombre de «Familia de las Bienaventuranzas».

La espiritualidad de la Comunidad constituye un llamamiento a vivir el misterio de la Transfiguración a través de la unión con Jesús en su misterio pascual.

Este deseo de anticipar el cielo es vivido a través de la vida de oración (especialmente en la adoración de la Eucaristía), de obediencia, y de pobreza.

Más información en http://beatitudes.org.

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ZENIT Staff

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