La sutil magia de la Narnia

Entrevista con Michael Coren, autor de un libro C.S. Lewis

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TORONTO, viernes, 9 diciembre 2005 (ZENIT.org).- La película «Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario» puede ofrecer una oportunidad a los adultos para hablar de la fe, pero no hay que esperar que los niños adviertan los temas cristianos del filme.

Es lo que afirma Michael Coren, autor, columnista y periodista televisivo, que recientemente escribió el libro «C.S. Lewis: The Man Who Created Narnia» («C.S. Lewis: El hombre que creó Narnia»), una biografía del autor de los libros en los que se basa la película.

La cinta, ha sido producida por Walt Disney con un presupuesto de 180 millones de dólares.

La historia narra las aventuras de cuatro hermanos: Lucy (Georgie Henley), Edmund (Skandar Keynes), Susan (Anna Popplewell) y Peter (William Moseley), que durante la Segunda Guerra Mundial descubren el mundo de Narnia, al que acceden a través de un armario mágico mientras juegan al escondite en la casa de campo de un viejo profesor.

En Narnia descubrirán un mundo increíble habitado por animales que hablan, duendes, faunos, centauros y gigantes al que la Bruja Blanca –Jadis– (Tilda Swinton) ha condenado al invierno eterno. Con la ayuda del león Aslan, el noble soberano, los niños lucharán para vencer el poder que la Bruja Blanca ejerce sobre Narnia en una espectacular batalla y conseguir así liberarle de la maldición del frío.

Coren explica en esta entrevista concedida a Zenit que la mayoría de los adultos comprenderán la sutil alegoría cristiana de Lewis, que tiene la virtud de sembrar semillas de fe en los niños.

–¿Qué deben saber los católicos sobre C.S. Lewis?

–Michael Coren: Deberían saber que no era católico pero esto no significa que no hubiera podido llegar a serlo. G.K. Chesterton se hizo católico en 1922 pero lo era ya veinte años antes. Lewis nació en Belfast, en la sectaria Irlanda del Norte, de manera que creció como anticatólico, como la mayoría de los chavales protestantes del lugar. Fue un hombre con estas raíces pero su modo de ver el mundo era muy católico: creía en el Purgatorio, en los sacramentos, se confesaba. Por otra parte, fue el mejor apologista cristiano de la modernidad y era capaz de comunicar el mensaje evangélico de un modo asequible.

–¿Es descarado el uso que hace C.S. Lewis de Aslan como figura de Cristo en la serie de Narnia?

–Michael Coren: Lo es y no lo es. A diferencia de muchos escritores cristianos modernos, Lewis era sutil e implícito. Cuando leí el libro siendo niño, me sentí impresionado por su grandeza, pero no me di cuenta del mensaje cristiano hasta que fui adulto. Este se convierte en explícito cuando eres mayor, pero no pienso que debamos por fuerza decírselo a los niños; debemos dejarles que lo descubran por sí mismos. No necesitan un comentario en directo. Dejémosles leerlo y que se sumerjan en él aunque no se den cuenta todavía de lo que están percibiendo.

–¿Cuáles son los paralelismos más notables entre Jesús y Aslan el León, en «El león, la bruja y el armario»?

–Michael Coren: Hay muchos paralelismos en este libro y en los otros seis de la serie, pero los más obvios son los siguientes: la ruptura de la lápida y la destrucción de la ley antigua; es invierno pero nunca Navidad y la Navidad no llega hasta que llega Aslan; Aslan muere por un pecador, un niño que representa a cualquier persona, y toma sus pecados; Aslan resucita y recrea el mundo.

En la escena anterior al sacrificio de Aslan por el niño Edmund, la Bruja Blanca dice: «Porque ha pecado, es mío» e intenta matar a Edmund. Y Aslan dice: «Pero yo me puedo entregar en su lugar». Ella acepta y lo mata pero entonces resucita.

–¿Podemos aprender de Lewis la integración entre obras de ficción populares y valores cristianos? ¿Espera que los escritores modernos lo sigan?

–Michael Coren: J. K. Rowling dice que Lewis tuvo en ella gran influencia pero mucha gente cuestiona Harry Potter. He oído a muchos escritores decir que han sido influenciados por Lewis y que tratan de copiarlo. Todos esos libros son pálidas imitaciones. Él fue de su tiempo y escribió en un momento histórico concreto. Algunos de sus personajes no se pueden trasladar a la época actual. Si alguien escribe un libro hoy con aquellos personajes, los chicos no podrían relacionarse con ellos. Fue un hombre que murió en 1963.

–¿Qué significa la salida de otra película cristiana producida en Hollywood, tras «La Pasión» de Mel Gibson?

–Michael Coren: No creo que «El león, la bruja y el armario» sea una película cristiana; tenemos que tener mucho cuidado al calificarla de este modo. No creo que «La Pasión» haya llevado a producir esta película. Pienso que sí lo hizo en cambio «El Señor de los Anillos». Lo más significativo es el hecho de que no haya habido más películas bíblicas después de «La Pasión». Podrían haber hecho una mala película y hubiera funcionado financieramente porque hay hambre de películas de tema cristiano por ahí fuera. Pero Hollywood haría cualquier cosa antes que un filme cristiano. Es sorprendente que no haya habido nada después de «La Pasión».

–¿Cuáles son sus esperanzas y sus temores respecto a «El León»? ¿Espera que produzca fruto como testimonio de Cristo y del mensaje evangélico?

–Michael Coren: No he podido ver ningún pase previo de «El león, la bruja y el armario». Aquí, en Canadá, el mundo cristiano no está tan organizado como en Estados Unidos. Iré a la proyección de medianoche, cuando la estrenen, con alguien. No tengo temores respecto a la película. Siempre habrá algunos cristianos que definan su fe por aquello que les ofende, y no hay nada que sea lo suficientemente puro para ellos. Habrá gente que diga que esto o aquello es equivocado, y algunos que piensen que no se debería haber hecho la película. Pienso que el filme será una buena ayuda para hablar sobre el cristianismo. La gente leerá a Lewis, hablará sobre la fe y sobre la película, y otras cosas buenas por el estilo. Leí el libro cuando tenía seis o siete años. No crecí en una familia cristiana y no tuve un ambiente cristiano. Veinte años después llegué a la fe y estoy convencido de que las semillas fueron sembradas por aquel libro. Creo que mi fe empezó entonces. Pero no esperemos que alguien que vea el filme tenga una experiencia evangélica, que salga del cine de rodillas y diga: «¡Sálvame!».

–¿No deberíamos pensar que va a cambiar algo como sucedió con «La Pasión»?

–Michael Coren: Son sólo películas. El Espíritu Santo puede usar una película pero no las necesita.

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ZENIT Staff

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