La India: Dolor de la Iglesia por el mortífero atentado en la ciudad sacra de Benarés

Golpe al corazón del hinduismo

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NUEVA DELHI/BENARÉS, jueves, 9 marzo 2006 (ZENIT.org).- La Iglesia en La India ha expresado su dolor por los atentados dirigidos en la tarde del martes contra la ciudad santa del hinduismo, Benarés (o Varanasi, en el Estado de Uttar Pradesh), y las numerosas víctimas de la acción criminal.

La Conferencia de los Obispos Católicos de la India (CBCI) expresó su repudio y se hizo eco también de la reacción del obispo Patrick Paul D’Souza –de Benarés–, quien condenó la violencia y manifestó sus condolencias por las víctimas.

El diario de la Santa Sede «L’Osservatore Romano» lleva este jueves a su portada la gravedad del crimen.

Al menos 23 personas murieron por la cadena de explosiones que sacudieron en la ciudad sacra hindú el complejo del templo de Sankatmochan y la estación ferroviaria local. Los heridos son unos 70, la mitad de gravedad.

Inmediatamente después de las explosiones, se puso en alerta a la policía en varias zonas del país y se reforzó la seguridad en lugares de culto e instalaciones clave.

El primer estallido se produjo dentro del famoso templo, adyacente al de Kashi Vishwanath, cuando estaba lleno de devotos, dice la nota de la CBCI. Después el objetivo de otros dos explosivos fue la citada estación.

Además se hallaron cuatro bombas en Dashaswamedh Ghat, a dos kilómetros del templo de Sankatmochan.

Reprobando los ataques, el presidente Abdul Kalam y el primer ministro Manmohan Singh hicieron a la población un llamamiento a la calma.

«La CBCI condena las bombas en Benarés que han matado y herido a inocentes, reunidos en el templo Sankatmochan», expresó el portavoz y director del servicio de comunicación del organismo eclesial, el padre Babu Joseph.

«Oramos por las víctimas y ofrecemos nuestro pésame de corazón a quienes han perdido a sus seres queridos en el más innoble crimen contra la humanidad», añadió en sus declaraciones a «AsiaNews» el mismo día del atentado.

«Aquí siempre hemos conseguido vivir en un clima de diálogo y comprensión interreligiosa»; las explosiones «han golpeado el corazón mismo del hinduismo; temo una oleada de venganzas entre las franjas extremistas hindúes y musulmanes», apuntaba asimismo el martes el párroco católico de Benarés, el padre Nitilal.

Benarés, uno de los lugares más sagrados del hinduismo, tiene aproximadamente 1,7 millones de habitantes –4 mil son católicos–. Según la tradición es la morada preferida del dios Shiva, una de las tres divinidades principales de la religión hindú. Los templos en la ciudad son cerca de 1.500; también hay una catedral católica, muy respetada.

A las condenas de las mayores organizaciones cristianas se suma la de John Dayal –presidente del «All India Catholic Union», organismo que representa a 16 millones de católicos indios–, quien ha recordado el deber del gobierno federal y de los estatales de asegurar la protección de la población, recoge la agencia del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME).

«Pero el liderato cristiano pide a todos los ciudadanos respetuosos de los derechos de los demás que no se dejen provocar, asegurando así la paz y la estabilidad nacional», un gesto que «enviaría un mensaje claro a los extremistas políticos y religiosos: no hay lugar para vosotros en una India democrática», recalca.

En la mañana del miércoles –apunta la agencia del PIME– la policía dijo que había dado muerte a uno de los presuntos autores del ataque, un afiliado –según fuentes policiales– al grupo terrorista islámico Lashkar-e-Taiba (LeT) –con sede en Pakistán–, que lucha por la independencia de Cachemira de Nueva Delhi y que está muy activo en toda la India.

Pero este jueves se supo de una reivindicación distinta. Un grupo islámico hasta ahora desconocido, Lashkar-e-Kahar, declaró su responsabilidad en la masacre.

«Hemos perpetrado nosotros los atentados de Benarés y habrá otros mientras la India no ponga fin a las atrocidades contra los musulmanes de Cachemira», anunció por teléfono un presunto portavoz de tal grupo, cita «AsiaNews».

Éste se identificó como Abu Feroz –según informó la agencia local PTI– e hizo su llamada a una cadena de televisión privada.

La prensa internacional se hace eco de este último detalle, pero subrayan que fuentes policiales dijeron a PTI que tal grupo podría ser un auxiliar de LeT; la forma de actuar en este último atentado es similar a la de los ataques que llevó a cabo LeT en Nueva Delhi el 29 de octubre, acabando con la vida de 62 personas.

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ZENIT Staff

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