Pistas para afrontar la difundida “emergencia educativa”, según el Papa

Encuentro con la Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana

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CIUDAD DE VATICANO, jueves, 29 mayo 2008 (ZENIT.org).- Acogida de los nuevos movimientos en la Iglesia, perfil evangelizador en los encuentros de jóvenes, trato personal con ellos, vivencias de fe comunitarias y reconocimiento del papel eclesial en la educación escolar: son claves que brinda Benedicto XVI para afrontar la «emergencia educativa» «de Italia y de muchos otros países».

Es una cuestión fundamental que aborda, del 26 al 30 de mayo, la 58º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana -reunida en el Aula nueva del Sínodo, en el Vaticano–, con cuyos miembros se ha reunido el Papa a mediodía de este jueves.

En su discurso a sus hermanos en el episcopado, el obispo de Roma ha recalcado la causa de la «fuertemente advertida» «emergencia educativa»: «un relativismo penetrante y no raramente agresivo» que marca la sociedad y la cultura.

El relativismo «pone a Dios entre paréntesis» y «desanima toda opción verdaderamente comprometida –sintetizó–, y en particular las elecciones definitivas, para privilegiar en cambio, en los diversos ámbitos de la vida, la afirmación de uno mismo y las satisfacciones inmediatas».

Los jóvenes, al final, se quedan «solos ante los grandes interrogantes que inevitablemente nacen dentro de ellos», solos «ante las expectativas y los desafíos» de su propio futuro, según advirtió el Papa ante los prelados italianos.

«Para nosotros, obispos, para nuestros sacerdotes, para los catequistas y para toda la comunidad cristiana, la emergencia educativa asume un rostro bien preciso: el de la transmisión de la fe a las nuevas generaciones», especificó.

Para hacer frente a las dificultades antes apuntadas, «el Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia muchos carismas y energías evangelizadoras», y es tarea de los obispos «acoger con alegría estas fuerzas nuevas -recuerda el Papa–, sostenerlas, favorecer su maduración, guiarlas» para que permanezcan siempre en el ámbito «de la fe y de la comunión eclesial».

Asimismo pide a los prelados italianos que se dé «un perfil evangelizador más destacado a las muchas formas y ocasiones de encuentro y de presencia» que la comunidad eclesial celebra con el mundo juvenil en parroquias, oratorios y escuelas -«en particular en las escuelas católicas»-.

«Obviamente son sobre todo importantes las relaciones personales y especialmente la Confesión sacramental y la dirección espiritual», subraya.

Todas ocasiones de gran importancia, como advierte el Santo Padre: cada una «representa una posibilidad que se nos da para hacer que nuestros niños y jóvenes perciban el rostro de ese Dios que es el verdadero amigo del hombre».

Asimismo dirige su atención a «las grandes citas» de la juventud, como la del pasado septiembre en Loreto o la del próximo julio en Sydney: «Son la expresión comunitaria, pública y festiva, de esa esperanza, ese amor y esa confianza hacia Cristo y la Iglesia que permanecen enraizadas en el alma juvenil».

Además estos eventos de enorme concurrencia «ayudan a respirar a pleno pulmón la universalidad de la Iglesia y la fraternidad que debe unir a todas las naciones», reconoce Benedicto XVI.

Consciente del impacto, en el más amplio contexto social, de la emergencia educativa, el Papa indica la necesidad de apuntar a «una educación que sea de verdad tal», situando «de nuevo en el centro la plena e integral formación de la persona humana».

Espacio clave en este aspecto son las escuelas; y a la luz de toda la labor recién expresada, Benedicto XVI reflexiona: «En un Estado democrático, que se honra de promover la iniciativa libre en todo campo, no parece justificarse la exclusión de un adecuado apoyo al compromiso de las instituciones eclesiásticas en el campo escolar».

Por Marta Lago

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ZENIT Staff

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