El Papa recuerda que la Virgen María “nos hace hermanos y unos une”

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“El santuario de Mariazell muestra las raíces cristianas de Europa”

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 22 de enero de 2009 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI dedicó este miércoles un emocionado e improvisado discurso a la Virgen María como «promotora de la unidad» entre los hombres, en agradecimiento por haber recibido la ciudadanía honoraria de la localidad austríaca de Mariazell, sede de uno de los santuarios marianos más importantes de Europa.

Esta distinción le fue conferida en presencia del Alcalde, Helmut Pertl, del obispo de Graz-Seckau, monseñor Egon Kapellari, y del rector del Santuario de Mariazell, padre Karl Schauer, O.S.B. Ante ellos, el Papa expresó vivamente su agradecimiento.

«Según las previsiones humanas, en esta vida no podré volver a peregrinar allí físicamente, pero ahora vivo allí de verdad y en este sentido estoy presente siempre», afirmó. «Estoy contento de ser de casa con el corazón, y también ahora de derecho, por así decirlo, en Mariazell».

El Papa recordó dos visitas anteriores al Santuario, y contó algunas anécdotas vividas con el obispo y el rector allí presentes, especialmente en su última visita a causa de la lluvia torrencial que les sorprendió.

Por otro lado, puso de manifiesto la importancia que este santuario, muy venerado por los católicos alemanes, ha tenido en la historia europea: «Mariazell es mucho más que un ‘lugar’: es la actualización de la historia viva de una peregrinación de fe y de oración durante los siglos», explicó.

En esta peregrinación, añadió el Papa, «no están solamente las oraciones y las invocaciones de los hombres, sino que está presente también la realidad de una respuesta: sentimos que la respuesta existe, que no alargamos la mano hacia algo desconocido, sino que Dios existe, y que a través de su Madre quiere estar particularmente cercano a nosotros».

Además, Mariazell expresa «lo que Europa ha sido capaz de construir y de donde procede todo aquello que hoy forma su identidad, y a través de qué Europa podrá volver siempre de nuevo a ser ella misma: a través del encuentro con el Señor, al cual nos conduce su Madre», añadió el Papa.

La verdadera grandeza

Benedicto XVI recordó que la Virgen de Mariazell ha recibido importantes títulos durante la historia, como «gran madre» de Austria y de los pueblos eslavos, en este santuario visitado por miles de personas durante los siglos, hasta el punto que Mariazell se consideraba el centro espiritual del Imperio Austrohúngaro.

Sin embargo, añadió, la Virgen «nos enseña que lo que es verdaderamente ‘grande’ no es el hecho de ser ‘inalcanzable'».

María «manifiesta precisamente su grandeza en el hecho de que Ella se dirige a los pequeños y está presente para los pequeños, que podemos acudir a ella en cualquier momento, sin tener que pagar ningún billete de entrada, simplemente llevando el corazón», explicó el Papa.

Estas grandeza por tanto no tiene que ver con «la majestad exterior», añadió, sino con «la bondad del corazón que ofrece a todos la experiencia de lo que significa estar juntos».

«En los paseos que hago en los paisajes de los recuerdos, vuelvo siempre a hacer una parada en Mariazell, precisamente porque siento que allí la Madre nos sale al encuentro y nos reúne a todos», concluyó el Papa.

Por Inma Álvarez

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ZENIT Staff

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