El llamamiento del Papa a la conversión hace mella entre los fieles

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Durante la misa del miércoles de ceniza en la basílica de Santa Sabina

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ROMA, jueves 26 febrero 2009 (ZENIT.org).- El llamamiento a la conversión que lanzó Benedicto XVI este jueves durante la misa del Miércoles de Ceniza penetró entre los miles de fieles congregados en la basílica de Santa Sabina para comenzar el tiempo de cuaresma.

Otros cientos de peregrinos que no pudieron entrar a la Basílica, permanecieron afuera participando en la ceremonia, que se transmitía por pantalla gigante. Pese al frío, la tarde estaba soleada y durante la eucaristía fue poniéndose lentamente el sol. 


Una antigua tradición

Año tras año el Papa celebra en este templo, ubicado en la colina del Aventino, la misa con la que se da inicio a la Cuaresma. Desde el siglo V, cuando fue construida la basílica, los cristianos se reunían 40 días antes de Semana Santa, en la iglesia de Santa Anastasia e iban caminando hasta Santa Sabina, haciendo penitencia con los pies descalzos, pidiendo misericordia y proponiéndose a practicar el ayuno y la abstinencia.

«Así nació la tradición de que el Papa celebre anualmente el miércoles de ceniza en esta iglesia, con el Papa Sixto V, en 1587. En 1700, el Papa Clemente VI interrumpió esta tradición y luego la retomó el Juan XXIII en 1962», explicó a ZENIT el sacerdote dominico fray Francesco Ricci, rector de Santa Sabina.

Según el padre Henry O’Shea OSB, secretario de la Conferencia Benedictina, Juan XXIII decidió que la procesión comenzara desde la iglesia de san Anselmo, ubicada a pocos metros de Santa Sabina. «Esto se debe la devoción que tenía a este santo y a que estimaba mucho la orden benedictina», dijo a ZENIT el sacerdote.

Desde entonces es tradicional esta ceremonia en el sector Aventino de Roma, partiendo siempre desde San Anselmo. La misa en Santa SAbina presidida por el Papa sólo fue interrumpida en el año 2005, debido al estado de salud de Juan Pablo II quien falleció un mes y medio después.

Peregrinos en tiempo de cuaresma

Feligreses de esta iglesia que vienen año tras año, así como peregrinos que vinieron de otros lugares, se congregaron ayer para comenzar la Cuaresma con la eucaristía presidida por Benedicto XVI.

Entre los concelebrantes había cuarenta obispos nigerianos, que se encuentran de visita en Roma para la conferencia sobre la inculturación del Evangelio en África que se realiza en la Universidad Urbaniana.

La joven Sandra Manzo, proveniente de Miami, vino por primera vez a Roma para celebrar aquí su cumpleaños. Mostró su alegría por participar en esta liturgia con Su Santidad: «Es una oportunidad única que se da una sola vez en la vida. Fue lindo haber estado en una iglesia más pequeña y haber visto al Papa tan cerca».

También compartió con ZENIT lo que para ella significa este tiempo litúrgico: «La cuaresma es un tiempo de reflexión. Hoy le he pedido a Dios muchas cosas personales y ojalá que este año para todos sea tranquilo, de paz y cambio positivo no sólo para mi país sino para muchos países que, como el mío, están en tiempo de transición y en cambios».

Por su parte la joven romana Alessandra, quien va todos los miércoles de ceniza va a su parroquia, dijo a ZENIT que vino este año a Santa Sabina para escuchar las palabras del Santo Padre: «Este Papa es una persona muy culta y atenta a los problemas de la sociedad de hoy. Habla de los valores que deberían ser respetados y seguidos. La Cuaresma significa reconciliarnos con el Señor».

Considera que durante este tiempo litúrgico los católicos deben «redescubrir un modo de comportarse mejor de lo que hemos hecho durante nuestra vida, también con los otros».

Para David, quien vino desde Valencia, España, con su esposa y sus cuatro hijos (el menor viene en camino), haber estado en la misa con el Santo Padre fue la mejor manera de empezar la Cuaresma: «Estuvimos leyendo el mensaje de Cuaresma que publicó en estos días el Papa y hemos dicho ¿por qué no intentamos ir? Sabemos que es difícil pero debemos buscar cerca de él» testimonió David.

Este padre de familia estaba conmovido porque al salir del templo, el Papa dio la bendición sus hijos y a Simón, su segundo hijo y le dio un beso en la frente «fue algo que no esperábamos, siento que Dios quiso que viviéramos esto, nos condujo hacia el Papa y nos fue mostrando el camino»

David se sintió también tocado con el mensaje del Santo Padre para Cuaresma así como con la homilía durante la misa, en la que invitó de manera especial a los católicos a convertirse día a día y a luchar contra el hombre viejo. «El mensaje del Papa es muy hermoso. Sus palabras fueron muy bonitas, que nos convirtamos de corazón yo eso es lo que le pido a Dios».

Por Carmen Elena Villa

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ZENIT Staff

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