La expectativas de Angola, convaleciente de la guerra, en la visita del Papa

Entrevista al misionero italiano Luigi De Liberali, de la parroquia salesiana más grande del mundo

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LUENA, viernes 20 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- Angola, que está dejando atrás la pesadilla de la guerra, espera mucho de la visita del Papa, afirma el padre Luigi De Liberali, salesiano, párroco de la parroquia de San Pedro y San Pablo de Luena (provincia de Moxico, en el este de Angola), en esta entrevista a ZENIT.

La del sacerdote es la parroquia salesiana más grande del mundo en dimensiones, superando los 50.000 km², aunque con una densidad poco superior a un habitante por kilómetro cuadrado. Más de un tercio de la ciudad de Luena comprende una extensa zona rural con más de 160 comunidades, a las que se accede con dificultad por las pocas carreteras existentes, a menudo en mal estado por la guerra civil que concluyó, tras casi treinta años, en 2002.

ZENT preguntó al padre De Liberali cuál es la situación eclesial de Angola y cuáles son las esperanzas que suscita la llegada de Benedicto XVI al país, en su visita desde hoy hasta el 23 de marzo.

–¿Desde cuándo se encuentra usted en Angola y cuál ha sido su experiencia personal hasta el momento?

–Luigi De Liberali: Soy un sacerdote salesiano y llevo en Angola poco tiempo (he sido misionero durante 18 años en el nordeste de Brasil), pero vivo en una comunidad salesiana que tiene una experiencia de más de 25 años en estas tierras.

Mi trabajo es itinerante. Visito las diversas comunidades rurales, dispersas en un territorio que es tan grande como el norte de Italia. En la primera visita, me encontré en una capilla la imagen de María con el niño Jesús en brazos: le confié a Ella mi misión, para que pueda llevar a Cristo a quien encuentre.

Dado que estamos viviendo el Año paulino, pensé también en san Pablo y le invoqué para que sea mi guía y me enseñe a ser un buen itinerante, viviendo con su ardor misionero y aprendiendo a formar comunidades cristianas.

–¿Cómo es la situación de la Iglesia en Angola?

–Luigi De Liberali: La situación es muy diferente en las diversas diócesis del país. La guerra civil, que ha durado casi treinta años (desde la proclamación de la independencia de Portugal, desde 1975 hasta 2002), ha marcado claramente dos periodos: el de la persecución y el de la participación.

Ha sido cada vez más importante la acción del coordinador de la comunidad (el catequista), que ha mantenido viva la fe incluso donde el sacerdote llegaba muy difícilmente, a veces una o dos veces al año.

Existen, en cambio, zonas donde la Iglesia católica está presente desde hace pocos años, y aún no ha conseguido evangelizar bien, como la que me encuentro, en la provincia de Moxico, al este del país.

Las estructuras de la Iglesia (Cáritas, escuelas, centros de salud….) funcionan bien en general, y han dado y siguen dando un apoyo importante al crecimiento social del pueblo. Hay que destacar la sensibilización sobre el problema de la mujer (a través de grupos llamados PROMAICA), la reflexión sobre los derechos humanos y el trabajo de alfabetización de adultos (con el «método Don Bosco»).

–¿Cuál es el grado de enculturación de la fe? ¿se ha integrado bien en el contexto local o se ve como algo «externo» y extraño respecto a los valores africanos tradicionales?

–Luigi De Liberali: La Iglesia se ha inegrado bien en la cultura y en los valores del pueblo angoleño, sobre todo al hablar de un Dios que quiere la vida y la paz.

Podríamos decir que la Iglesia ha conseguido entrar en la vida de la gente: no mira desde fuera, sino que acompaña el desarrollo político-cultural de la nación.

En las celebraciones se ve a un pueblo que participa, sobre todo a través del canto y del ofertorio. Una de las costumbres más bonitas que he encontrado aquí en Angola en las celebraciones eucarísticas se llama «tâmbula», una procesión de ofertorio en que los fieles presentan sus propios dones llevando al altar los productos del campo, comida, gallinas o utensilios para la casa. Al final de la celebración, estas ofrendas se entregan al sacerdote o se dan a una familia pobre: es un pequeño gran signo de la generosidad que también las comunidades pobres saben llevar a cabo de forma concreta.

Respecto a los cantos, hay que decir que el pueblo angoleño canta que es una maravilla, y consigue transmitir su alma cantando.

–¿Cuáles son los desafíos que afronta el país y qué signos de esperanza?

–Luigi De Liberali: Los retos principales son la educación, la salud, la reconstrucción de estructuras destruidas por la guerra (carreteras, puentes…), la recuperación de la producción agrícola e industrial y la redistribución de la riqueza.

Respecto a los signos de esperanza, en primer lugar subrayo la paz que todos quieren seguir construyendo y la voluntad de no dejar morir lo que se ha conseguido hasta ahora. Junto a esto están la libertad religiosa, el camino de democratización política a través de las elecciones y el gran potencial de los jóvenes.

–¿Cómo se ha acogido la visita del Papa y cómo han sido los preparativos especiales para este evento?

–Luigi De Liberali: La noticia ha sido acogida muy bien por todos los segmentos de la sociedad. La radio y la televisión la han divulgado mucho, invitando a participar en los diversos encuentros con el Papa y a escuchar su mensaje de paz y amor.

En los días previos, todas las noches el telediario nacional presentaba las iniciativas de las distintas diócesis angoleñas. Se prepararon catequesis (folletos y libro) para conocer mejor al Papa, se han impreso muchos carteles gigantes y oraciones para acogerlo, se organizaron vigilias de oración.

–¿Qué esperanzas suscita esta visita?

–Luigi De Liberali: Las expectativas son muchas. Todos esperan que la visita de Benedicto XVI confirme aún más la voluntad de paz del país y oriente el camino de las comunidades cristianas. Esperamos que el Papa pronuncie palabras de ánimo a los más pobres y necesitados, abra el corazón de todos a las palabras de Cristo y de un impulso misionero a la Iglesia en Angola, y que esta visita muestre a una Iglesia unida y solidaria con el pueblo.

[Por Roberta Sciamplicotti, traducción del original italiano por Inma Álvarez]

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ZENIT Staff

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