"La luz del Resucitado me hace proceder con seguridad"

En su 85 cumpleaños, Benedicto XVI revela sus puntos de referencia espirituales

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Por Luca Marcolivio

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 16 abril 2012 (ZENIT.org).- El 85 cumpleaños de Benedicto XVI culminó en una mañana rica de celebraciones, visitas y festejos. El santo padre, para la ocasión, presidió la Santa Misa en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico en presencia de algunos notables y obispos bávaros, luego recibidos en audiencia privada.

En sus palabras de saludo, el cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio agradeció al pontífice la «solicitud» con la que ejerce su «servicio de amor».

«No por nada –añadió Sodano- su primera encíclica [Deus Caritas Est] es todo un himno al Amor que es Dios, como aquél amor que debe animar a cada pastor, llamado a hacer entrar en el mundo la luz de Dios y de tal modo también el calor de su amor».

En la homilía, el papa señaló a dos santos franceses como las primeras figuras de referencia de su largo viaje espiritual y pastoral: la vidente de Lourdes, Bernadette Soubirous, y el peregrino peregrino mendicante del siglo XVIII, Benoît-Joseph Labre.

Otro pilar de la propia fe que señaló el santo padre es el Sábado Santo: fue justo la vigilia de Pascua el día en el que Joseph Ratzinger, el 16 de abril de 1927, venía a la luz y recibía el sacramento del bautismo. El Sábado Santo es el día del silencio y de la aparente ausencia de Dios, preludio de la Resurrección. El papa afirmó haber siempre visto este día como una clave de «lectura» de la propia existencia, antes y después de la elección pontificia.

De santa Bernardette elogió la pureza de corazón y la capacidad de ver a «la Madre de Dios y en ella el reflejo de la belleza y de la bondad de Dios». Precisamente en el corazón incontaminado de la joven de Lourdes la Señora puede «mostrarse y, a través de ella, hablar al siglo y más allá del siglo mismo».

Así, tanto el Sábado Santo como la vidente de Lourdes han sido siempre, para Benedicto XVI, un «signo» de lo que realmente «deberíamos ser», de la capacidad de una «mirada sencilla del corazón, capaz de ver lo esencial».

Esto «esencial» reside en lo que la Señora señala a Bernardette: una «fuente de agua viva y pura», imagen de la «verdad que nos sale al encuentro desde la fe». Y signo de «nostalgia» de una vida también pura, «del ser humanos sin pecado».

Benoît-Joseph Labre, el otro santo citado por el pontífice, peregrinó por los santuarios de Europa durante casi toda su vida, no haciendo otra cosa que «dar testimonio de lo que cuenta».

Labre, por la amplitud de su peregrinación, fue un santo auténticamente «europeo» pero fue sobre todo un santo que, en nombre de la fraternidad en Dios, supo abatir las fronteras.

Reflexionando sobre el Sábado Santo y su propio bautismo, que tuvo lugar aquél día, Benedicto XVI afirmó: «La vida se convierte en un verdadero don si junto a ella se puede donar también una promesa que es más fuerte que cualquier desventura que nos pueda amenazar, si esta se sumerge en una fuerza que garantiza que sea un bien ser un hombre».

En este sentido, el bautismo es signo de «renacimiento», de «certeza de que en verdad es un bien existir, porque la promesa es más fuerte que las amenazas», gracias a la acogida en la «gran, nueva familia de Dios».

El santo padre afirmó luego sentirse «en el último tramo del recorrido de mi vida y no se lo que me espera». La luz del Resucitado, sin embargo, es «más fuerte de toda oscuridad» y ayuda también al papa a «proceder con seguridad».

En conclusión, Benedicto XVI «dió las gracias de corazón a todos aquellos que continuamente me hacen percibir el ‘sí’ de Dios a través de su fe».

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ZENIT Staff

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