Ofrecemos las palabras improvisadas que Benedicto XVI ha dirigido a los habitantes de Castel Gandolfo y alrededores, en la bella campiña de los Castillos romanos, que se había apiñado como queriendo ofrecerle el último abrazo, con caras sonrientes y agitando banderolas.

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Queridos amigos, estoy feliz de estar con vosotros, rodeado de la belleza del Creador y de vuestra simpatía que me hace mucho bien. Gracias por vuestra amistad, vuestro afecto (aplausos) Vosotros sabéis que este mi día es diferente a los precedentes: no soy ya sumo pontífice de la Iglesia católica --hasta las ocho de esta tarde lo seré todavía, después ya no--. Soy un simple peregrino que inicia la última etapa de su peregrinación en esta tierra. Pero quiero todavía (aplausos -¡gracias!) pero quiero todavía con mi corazón, con mi amor, con mi oración, con mi reflexión, con todas mis fuerzas interiores, trabajar por el bien común y el bien de la Iglesia y de la humanidad. Y me siento muy apoyado por vuestra simpatía. Vamos adelante con el Señor por el bien de la Iglesia y del mundo. Gracias, os doy ahora (aplausos) con todo el corazón mi bendición. Sea bendecido Dios omnipotente, Padre, hijo y Espíritu Santo. Gracias ¡buenas noches! ¡Gracias a todos!

Traducción del italiano de Rocío Lancho García