El arzobispo de Madrid al Camino Neocatecumenal: 'Yo también os bendigo'

Mons. Osoro presidió un encuentro con ocho mil miembros de esta realidad eclesial. Envió a ocho comunidades en misión a las periferias de Madrid a petición de algunos párrocos

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El arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. Carlos Osoro Sierra, presidió este domingo por la tarde un encuentro con ocho mil miembros del Camino Neocatecumenal. Durante el acto, el prelado envió a ocho comunidades en misión a las periferias de Madrid a petición de algunos párrocos.

“Allí acudirán en ayuda de parroquias situadas en zonas marginales y deprimidas y ayudarán en la pastoral de la parroquia y en la evangelización”, ha informado el Camino en un comunicado.

El encuentro estuvo guiado por el iniciador de esta realidad eclesial que nació precisamente en Madrid en los años 60, el español Kiko Argüello.

Estas comunidades están formadas por unas 30-60 personas y desarrollan un nuevo modelo de evangelización.
 
En el acto fueron presentadas al arzobispo las 216 comunidades de Madrid (281 en toda la archidiócesis), junto con las de Getafe, que acudieron acompañadas por su obispo, Mons. Joaquín María López de Andújar.

También asistieron las de Alcalá de Henares y las provenientes de ciudades como Toledo, Segovia, Ávila, Salamanca, Burgos, Valladolid, Cuenca, Ciudad Real o Guadalajara.
 
El colofón lo puso la Orquesta y Coro del Camino, formada por 200 músicos y dirigida por el prestigioso director Tomas Hanus, que interpretó “El Sufrimiento de los Inocentes”. Una obra que traslada al espectador hasta el momento en el que la Virgen observa como su Hijo es crucificado.
 
Después de escuchar la música, Mons. Osoro pronunció una homilía en la que
aseguró que esta realidad eclesial cuenta con su bendición y felicitó a todos los misioneros, llamados a anunciar el amor de Cristo.
 
“Esta obra maravillosa que hemos escuchado, que eleva nuestro espíritu, esta Sinfonía al sufrimiento de los inocentes me hace recordar algo que ha sucedido esta tarde aquí. Aquí la Iglesia que camina en Madrid ha hecho también una sinfonía. Una sinfonía en la que ciertamente existe una partitura que es Jesucristo, nuestro Señor, Cristo resucitado, Cristo que ha llegado a nuestra vida y nos ha dado a los hombres su propia vida y un corazón nuevo. Nos ha dado su misericordia, su compasión y su pasión por los hombres”, afirmó.

“Nos ha dado una lámpara –añadió– para que leamos bien una partitura que es Él mismo y su santísima Madre la Virgen María, sin la cual hoy el Camino Neocatecumenal no existiría”.

Sobre la misión del Camino Neocatecumenal, el prelado destacó que “quiere hacer llegar un mensaje: que Cristo ha resucitado, que Cristo vive entre los hombres, que Cristo está vivo en medio de nosotros y que Cristo es el único camino que tiene el ser humano, el único que tiene esta humanidad”.

“Sigamos haciendo esta sinfonía que hoy se expresaba aquí tan bellamente, la sinfonía de la Iglesia que camina en Madrid. ¡Qué maravilla ver a unos hermanos que dejan su comunidad para marchar a otra a anunciar a Jesucristo!, que se hacen pobres, que dejan su sitio para marchar a otro, pero no para cualquier cosa, sino para anunciar a nuestro Señor Jesucristo”.

Monseñor Osoro continuó hablando sobre la labor misionera del Camino y aseguró que se trata de “una Iglesia que no se mira a sí misma”.

“El Camino Neocatecumenal es bendecido por el Señor y por la Iglesia, como acabamos de ver estos días en las palabras que os dirigió el Santo Padre, el PapaFrancisco. Hoy yo también os bendigo porque sí, porque sois profecía en pasar también de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera que es lo que en estos momentos, aquí, vosotros públicamente, habéis manifestado”.

El arzobispo de Madrid explicó que el mundo “tiene hambre de Dios” y  necesita al que ha dado la vida por los hombres”. “No se puede hacer una historia del descarte y de la anulación del hombre, del robo, sino de lo más bello del ser humano que es ser imagen de Dios”, advirtió.

Aseguró también que “es un Dios de compasión y misericordia” pero para eso  “todos tenemos que ser su rostro”.

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ZENIT Staff

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