Francisco: la pobreza es la gran enseñanza de Jesús en el Jordán

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El Santo Padre envía un ví­deomensaje a los sin techo actores del espectáculo ‘Si no fuera por ti’

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¿Quién piensa que un sin techo sea una persona de la que aprender? ¿Quién piensa que pueda ser un santo?. Esto se pregunta el Papa en un videomensaje dirigido a los huéspedes de los centros de acogida de la Cáritas diocesana de Roma. Los destinatarios de estas palabras del Papa son además los protagonistas del espectáculo “Si no fuera por ti” que se representa esta noche en el Teatro Brancaccio. La obra “cuenta experiencias verdaderas, difíciles, de abandono y marginación” vividas por los protagonistas.

Francisco asegura en el vídeo, que esta noche los artistas harán del escenario “un lugar desde donde transmitir enseñanzas sobre el amor, sobre la necesidad del otro, sobre la solidaridad, sobre cómo en las dificultades se encuentra el amor del Padre”.

A continuación, explica que “la pobreza es la gran enseñanza que nos dio Jesús cuando bajó a las aguas del Jordán para ser bautizado por Juan Bautista”. No lo hizo –recuerda el Santo Padre– por necesidad de penitencia, de conversión. Lo hizo porque quería ponerse en medio de la gente, la gente necesitada de perdón, en medio de nosotros pecadores, y cargarse el peso de nuestros pecados. De este modo afirma que “este es el camino que eligió para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Es decir, lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura y de compartir”.

Por otro lado, Francisco asegura a los presentes que ellos “no son un peso para nosotros”, sino «la riqueza sin la cual nuestros intentos de descubrir el rostro del Señor son vanos”.

Recordando la carta que recibió de ellos pocos días después de su elección como Pontífice, afirma que, tal y como les respondió en su momento, les lleva “en el corazón y estoy a vuestra disposición”.

El Santo Padre da las gracias a los trabajadores de Cáritas e indica que les siente “como mis manos, las manos del Obispo, en el tocar el cuerpo de Cristo”. A continuación el Papa expresa su deseo de que esta ciudad pudiera brillar de “pìetas” por los que sufren, de acogida a quien huye de la guerra y de la muerte, de disponibilidad, de sonrisa y de magnanimidad para quien ha perdido la esperanza”. Igualmente, ha manifestado su deseo de que la Iglesia de Roma se manifieste “cada vez más madre atenta y cariñosa con los débiles”. Todos tenemos nuestras debilidades, recuerda el Papa.

Finalmente ha indicado cuánto le gustaría que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración de la misma forma que cuando entra el Señor. Cuanto quisiera –ha añadido– que se tocara la carne de Cristo presente en los necesitados de esta ciudad.

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Staff Reporter

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