Slavery

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'Es necesario criminalizar la explotación sexual y laboral '

Entrevista con la hermana María Cristina Roletti, en el Simposio Internacional sobre la pastoral de la Calle, organizado por el Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes

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La realidad de las personas que viven en la calle es una vergüenza de nuestras sociedades que presumen de ser modernas y de haber alcanzado altos niveles de cultura y de desarrollo. Con esta claridad se expresó el Santo Padre en su encuentro con los participantes del Simposio Internacional sobre la pastoral de la Calle, organizado por el Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes.

Al concluir el encuentro con Francisco, la hermana María Cristina Roletti, de Brasil, compartió con ZENIT la labor que desarrollan y su experiencia en esta misión de “devolver la dignidad que creían perdida” a estas personas que se encuentran en la calle. De este modo, explica que su equipo de trabajo forma parte del servicio de la justicia y la caridad de la Conferencia de los Obispos de Brasil. Desde hace muchos años trabaja con esta pastoral y con “esta gente que vive las consecuencias de un sistema que excluye y cada vez es más violento con la situación que estas personas están viviendo”.

La urgencia más inmediata respecto a esta misión –confirma la relgiosa– es la necesidad de criminalizar la explotación sexual y laboral y dar la posibilidad de que la gente trabaje. A medida que la gente encuentra trabajo y casa, esto se supera porque nadie opta por ello. Son situaciones que degradan a la persona. Pero es necesario acoger a la persona porque es lo único que puede hacer muchas veces para salir adelante, dar de comer a los hijos y enfrentarse a la miseria que están condenada a vivir.

Es importante, subraya, “la solidaridad internacional que se puede crear para darnos cuenta de que todos somos responsables de esta causa que es un problema emergente que no tiene respuestas inmediatas, pero todos podemos contribuir de alguna forma para mejorar. Todos queremos unas ciudades más inclusivas en las que todos tengan sus derechos».

La religiosa indica que trabajan como “comisión en una articulación nacional» y estimulan los grupos de las diócesis y arquidiócesis que trabajan con la gente. Al explicar sus propuestas de trabajo, señala que en primer lugar buscan “estar en la calle con la gente, hacer vínculo con las personas porque nos parece que es la forma de crear una relación de confianza y amistad con ellos”. También tienen lugares “que se van creando en cada diócesis para recibirlos y acogerlos”. Pero no en un sentido de “dar cosas” sino en el sentido de “formar comunidades, que entre ellos puedan exponer sus problemas, se escuchen”. Al respecto asegura que “hay historias con mucho dolor y mucho sufrimiento, y eso requiere mucho tiempo para recuperar confianza”. Entonces –explica– siempre hay gente de la pastoral que hace esas mediaciones en las reuniones para que puedan ir creando esos vínculos de confianza para que puedan crecer. Finalmente trabajan mucho “en la incidencia de las políticas públicas. Nos parece importante la participación, también de ellos, en la implantación de estas políticas.” A nivel nacional, participan en un comité de control de la población de la calle que existe en Brasilia.

Al respecto, la hermana María Cristina asegura que “la Iglesia tiene un papel importante, conoce a la gente, tiene su confianza y es referencia para ellos”. Pero al mismo tiempo, “la Iglesia no puede sustituir el papel del Estado. Tenemos que tener conciencia de que cada uno de nosotros tenemos un papel diferente. Nosotros debemos estar cerca de la gente, trabajar en la evangelización, con una mística que les ayude a encontrar a Dios en su vida y en su historia, pero también para que puedan mejorar su forma de vivir”.  

Por otro lado la religiosa subraya que estas personas con las que desarrollan su pastoral “llegan con una gran desconfianza. Su autoestima es muy baja, no se acreditan a sí mismos”. Por eso –afirma– hay que hacer un trabajo de valorizar a la persona, devolverle la dignidad que ya tiene. Son pequeñas cosas: darle la mano, llamarle por su nombre, interesarse por su historia… La hermana María Cristiana afirma que “es importante que la persona empiece a mirarse a sí misma. Esta es una pedagogía fundamental para que la persona pueda empezar a enfrentar y darse cuenta de que están en una situación que puede cambiar”.

Por eso ellos trabajan mucho en la dimensión de la transformación. “Es una transformación personal, social… Nadie optó por vivir en la calle. Nadie. La calle es una situación que están viviendo y es consecuencia de unos hechos: desempleo, problemas familiares… Pueden ser muchas las causas”. Pero en el fondo –añade– es porque existe un fenómeno que se multiplica por un sistema que está ahí, y que debería dar respuesta. “El sistema capitalista está produciendo este fenómeno de la gente de la calle”, advierte la religiosa.

A propósito de la figura del papa Francisco, la hermana Roletti indica que su trabajo, su palabra y su posicionamiento son muy importantes. Destaca, por ejemplo, la idea de la ecología integral de la que habla en su reciente encíclica Laudato si’ donde “coloca muy bien el problema de la desigualdad, de la idolatría del dinero, que parece que todo está volcado hacia el consumismo y provoca desigualdad”.

La pastoral que se dedica a las personas de calle es un trabajo que desafía mucho. Por un lado, explica la religiosa, “tienes una impotencia muy grande por no poder resolver todos los problemas que te gustarían. Cuando te llegan estas situaciones aparece el deseo inmediato de ayudar y resolver el sufrimiento”. Pero al mismo tiempo, con esa impotencia, “tú ves que si esperas el tiempo suficiente para hacer procesos, vas viendo cómo se abre la esperanza y la persona saca su fuerza para renovarse y enfrentar y tener luz. Y eso es fundamental y esta esperanza la que nos mueve y nos anima a seguir”.

Finalmente, la hermana hace hincapié en la labor de prevención. Un ejemplo de ello fue la campaña que se llevó a cabo en Brasil para evitar el turismo sexual durante el mundial de fútbol el año pasado. Hubo equipos formados por el Gobierno junto con la sociedad civil a partir de la secretaría de derechos humanos que estuvieron atentos. De esta forma, en los lugares donde había juegos hubo una presencia de mucha gente y gran movilización. Este trabajo preventivo tuvo un impacto positivo y ya está empezando a hacerse de cara a la Olimpiadas.

“No podemos decir que no hubo problemas pero sí que no fue en la medida en la que podía haber sucedido. En algunas ciudades no hubo ninguna violación”, observa la religiosa brasileña.

 

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Rocío Lancho García

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