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Domingo 22 de noviembre de 2015

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Francisco condena la violencia ciega causada por varios asaltantes en Malí

​En un telegrama dirigido al arzobispo de Bamako, el Pontífice ha mostrado su cercanía con el pueblo maliense tras el ataque de un grupo fundamentalista contra el hotel Radisson Blu

 

El papa Francisco ha mostrado su cercanía con el pueblo de Malí tras el ataque de un grupo de fundamentalistas islámicos contra el hotel Radisson Blu en la ciudad de Bamako, que ha causado al menos 21 muertos y numerosos heridos.

En un telegrama –firmado por el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin– dirigido al arzobispo de Bamako, Mons. Jean Zerbo, el Pontífice pide al Señor que dé “alivio y consuelo a las familias” de las víctimas y los heridos en el asalto.

“Consternado por esta violencia ciega, que condena enérgicamente –se lee en el mensaje que fue difundido este domingo por el Vaticano– el Santo Padre implora a Dios por la conversión de los corazones y el don de la paz” e invoca la bendición divina para todas las personas “que han sido afectadas por este drama”.

El viernes por la mañana, varios asaltantes irrumpieron en el citado establecimiento hotelero de la capital y mantuvieron retenidas durante varias horas a unas 170 personas.

La ofensiva terminó por la tarde con la intervención de las fuerzas especiales malienses en colaboración con efectivos de Francia y Estados Unidos. Fueron encontrados 21 cadáveres, 19 rehenes y dos asaltantes.

El ministro de Seguridad, Salif Traoré, explicó en una comparecencia televisada que 76 rehenes fueron liberados por los militares. Otro número indeterminado fue puesto en libertad por los propios secuestradores por saber recitar el Corán, según señalaron los medios locales.

En total había 170 personas de catorce nacionalidades en el interior del hotel, 140 huéspedes y 30 trabajadores, de acuerdo con los datos ofrecidos por la cadena hotelera Rezidor.

 

El Papa en el Ángelus: ‘La fuerza del reino de Cristo es el amor’

Texto completo. Francisco señaló este domingo que «la majestad de Jesús no nos oprime, sino que nos libera de nuestras debilidades y miserias, animándonos a recorrer los caminos del bien, la reconciliación y el perdón»

Como cada domingo, el papa Francisco rezó el Ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante una multitud que le atendía en la Plaza de San Pedro. Dirigiéndose a los fieles y peregrinos venidos de todo el mundo, que le acogieron con un largo y caluroso aplauso, el Pontífice les dijo:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este último domingo del año litúrgico, celebramos la solemnidad de Cristo Rey. Y el Evangelio de hoy nos hace contemplar a Jesús mientras se presenta ante Pilatos como rey de un reino que “no es de este mundo”. Esto no significa que Cristo sea rey de otro mundo, sino que es rey de otro modo, pero es rey en este mundo. Se trata de una contraposición entre dos lógicas. La lógica mundana se apoya en la ambición, en la competición, combate con las armas del miedo, del chantaje y de la manipulación de las conciencias. La lógica del Evangelio, es decir, la lógica de Jesús, en cambio se expresa en la humildad y en la gratuidad, se afirma silenciosamente pero eficazmente con la fuerza de la verdad. Los reinos de este mundo a veces se sostienen con prepotencias, rivalidades, opresiones; el reino de Cristo es un “reino de justicia, de amor y de paz”.

Jesús se ha revelado rey, ¿cuándo? ¡En el evento de la Cruz! Quien mira a la Cruz de Cristo no puede no ver la sorprendente gratuidad del amor. Pero alguno de vosotros puede decir: “Pero padre, ¡esto ha sido un fracaso!” Es precisamente en el fracaso del pecado, que el pecado es un fracaso. En el fracaso de las ambiciones humanas, ahí está el triunfo de la Cruz, está la gratuidad del amor. En el fracaso de la Cruz, se ve el amor. Y este amor que es gratuito, que nos da Jesús. Hablar de potencia y de fuerza, para el cristiano, significa hacer referencia a la potencia de la Cruz y a la fuerza del amor de Jesús: un amor que permanece firme e íntegro, incluso ante el rechazo, y que se muestra como el cumplimiento de una vida gastada en la total entrega de sí en favor de la humanidad. En el Calvario, los transeúntes y los jefes se burlan de Jesús clavado en la Cruz, y le lanzan el desafío: “¡Sálvate a ti mismo bajando de la Cruz! ¡Sálvate a ti mismo!”. Pero paradójicamente la verdad de Jesús es precisamente aquella que en tono de ironía le lanzan sus adversarios: “¡No puede salvarse a sí mismo!”. Si Jesús hubiera bajado de la cruz, habría cedido a las tentaciones del príncipe de este mundo; en cambio Él no puede salvarse a sí mismo precisamente para poder salvar a los demás, porque precisamente ha dado su vida por nosotros, por cada uno de nosotros. Pero decir: “Jesús ha dado su vida por el mundo”, es verdad. Pero es más hermoso decir: “¡Jesús ha dado su vida por mí!” Y hoy, en la Plaza, cada uno de nosotros diga en su corazón: “Ha dado su vida por mí, para poder salvar a cada uno de nosotros de nuestros pecados”.

Y esto, ¿quién lo ha entendido? Lo ha entendido bien uno de los dos malhechores que son crucificados con Él, llamado el “buen ladrón”, que Le suplica: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino”. Pero este era un malhechor, era un corrupto, y estaba precisamente allí, condenado a muerte por todas las brutalidades que había cometido en su vida… Pero ha visto en el comportamiento de Jesús, en la mansedumbre de Jesús, el amor. Y esta es la fuerza del reino de Cristo, el amor. Por esto la majestad de Jesús no nos oprime, sino que nos libera de nuestras debilidades y miserias, animándonos a recorrer los caminos del bien, de la reconciliación y del perdón. Miremos la Cruz de Jesús, miremos al “buen ladrón”, y digamos todos juntos lo que ha dicho el “buen ladrón”: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino”. Juntos: “Jesús, acuérdate de mí cuando hayas entrado en tu Reino”. Y pedir a Jesús cuando nos sintamos débiles, pecadores, derrotados, que nos mire y decir: “Pero, Tú estas ahí. No te olvides de mí”.

Frente a tantas laceraciones en el mundo y demasiadas heridas en la carne de los hombres, pidamos a la Virgen María que nos sostenga en nuestro compromiso de imitar a Jesús, nuestro rey, haciendo presente su reino con gestos de ternura, de comprensión y de misericordia.

Al término de estas palabras, el Santo Padre rezó la oración mariana:

Angelus Domini nuntiavit Mariae…

Al concluir la plegaria, el Papa recordó la beatificación de veintiséis mártires capuchinos, una ceremonia que tuvo lugar este sábado en la catedral de la Ciudad Condal:

Ayer, en Barcelona, han sido proclamados beatos Federico de Berga y veinticinco compañeros mártires, asesinados en España durante la feroz persecución contra la Iglesia en el siglo pasado. Se trata de sacerdotes, jóvenes profesos en espera de la ordenación y hermanos laicos pertenecientes al Orden de los Frailes Menores Capuchinos. Encomendemos a su intercesión a muchos de nuestros hermanos y hermanas que lamentablemente también hoy, en diferentes partes del mundo, son perseguidos a causa de la fe en Cristo.

A continuación, llegó el turno de los saludos que realiza tradicionalmente el Pontífice:

Saludos a todos los peregrinos, llegados de Italia y de diferentes países: las familias, los grupos parroquiales, las asociaciones. En particular saludo a los de México, de Australia y de Paderborn (Alemania). Saludo a los fieles de Avola, Mestre, Foggia, Pozzallo, Campagna y de la Val di Non; así como a los grupos musicales, que he escuchado, y que festejan a santa Cecilia, patrona del canto y de la música. Después del Ángelus, que os oigan, porque tocáis bien.

Ade
más, el Santo Padre se refirió a su inminente viaje apostólico al continente africano:

El próximo miércoles inicio el viaje a África, visitando Kenia, Uganda y la República Centroafricana. Os pido a todos que recéis por este viaje, para que sea para todos estos queridos hermanos, y también para mí, un signo de cercanía y de amor. Pidamos juntos a la Virgen que bendiga a estas queridas tierras, para que allí haya paz y prosperidad.

Y acto seguido, Francisco rezó un Ave María en italiano.

El Obispo de Roma concluyó su intervención diciendo:

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! Y a los músicos, ¡que os oigan!

(Texto traducido y transcrito del audio por ZENIT)

 

Francisco invita a rezar por su viaje a África para que haya paz y prosperidad

En el Ángelus, el Pontífice auguró que su presencia en el continente africano sea un signo de cercanía y de amor 

El papa Francisco pidió este domingo por la mañana que se rece por su inminente visita apostólica a Kenia, Uganda y República Centroafricana para que haya “paz y prosperidad” en esos países de África.

Después de rezar el Ángelus, el Santo Padre saludó a los numerosos fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro y les recordó que este miércoles comienza su primer periplo por el continente africano. “Os pido a todos que recéis por este viaje, para que sea para todos estos queridos hermanos, y también para mí, un signo de cercanía y de amor. Pidamos juntos a la Virgen que bendiga a estas queridas tierras, para que allí haya paz y prosperidad”, dijo.

El Pontífice viajará el próximo 25 de noviembre a Kenia, un país que sufrió el zarpazo de la violencia yihadista en el mes de abril, cuando tuvo lugar la matanza de 150 estudiantes de la Universidad de Garissa.

Tras esa primera etapa, Francisco se desplazará a Uganda el día 27, y posteriormente a la República Centroafricana, donde permanecerá desde el domingo 29 y hasta el lunes 30 para abrir la Puerta Santa de la catedral y visitar la mezquita central de Bangui.

La situación en este último país, cuyo gobierno de transición no dispone de fuerzas armadas, es muy inestable, y los enfrentamientos entre las milicias continúan en la capital centroafricana a escasos días del comienzo de la esperada visita del Papa.

 

El Vaticano imputa a cinco personas acusadas de divulgar documentos confidenciales

Se trata del sacerdote Lucio Vallejo Balda, su secretario Nicola Maio, la relaciones públicas Francesca Chaouqui, y los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldi

Una vez concluida la investigación sobre la sustracción y difusión de documentos reservados, el Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano ha decidido enviar a juicio a cinco acusados, el sacerdote español Lucio Vallejo Balda, la relaciones públicas italiana Francesca Chaouqui, los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldi, y el secretario particular de Vallejo Balda, Nicola Maio, de quien hasta ahora no se conocía su supuesta implicación.

La primera audiencia se celebrará el próximo 24 de noviembre, a las 10.30 horas, según ha informado este sábado la Oficina de Prensa de la Santa Sede. El Código Penal del Vaticano, en su artículo 116 bis, considera delito la divulgación de noticias reservadas. De resultar condenados los imputados, las penas pueden oscilar entre los cuatro y los ocho años de reclusión. 

El sacerdote español y la relaciones públicas italiana fueron detenidos el último fin de semana de octubre acusados de sustraer y filtrar numerosos documentos a los que habían tenido acceso dada su pertenencia a la Cosea, la comisión de ocho miembros creada por el papa Francisco en julio de 2013 para conocer la situación económica del Vaticano.

Tras prestar declaración ante la gendarmería vaticana, Vallejo Balda quedó detenido y Chaouqui, puesta en libertad. Con las investigaciones aún en marcha y antes incluso de que la fiscalía del Vaticano emitiese una acusación concreta, el Pontífice emitió un duro juicio el pasado 8 de noviembre, tras el rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro. El Santo Padre recordó que robar estos documentos es un delito y un acto deplorable.

Una gran cantidad de información recogida por la Cosea aparece en los libros Via Crucis Avarizia, escritos respectivamente por los periodistas Gianluigi Nuzzi y Emiliano Fittipaldi, puestos a la venta solo unas horas después de la detención del sacerdote español y la relaciones públicas italiana.

Hace solo unos días, la Santa Sede anunció que, además de a los dos miembros de la Cosea detenidos, la fiscalía también había decidido acusar a los periodistas Nuzzi y Fittipaldi por su posible complicidad en el delito de difusión de noticias y documentos reservados.  

 

El cardenal Cañizares califica el terrorismo yihadista de “muy blasfemo, sacrílego y asesino”

En una vigilia de oración por las víctimas de los atentados, el arzobispo de Valencia pidió por los violentos “para que les llegue el perdón de Dios, porque no saben lo que hacen”

El cardenal arzobispo de Valencia, Mons. Antonio Cañizares Llovera, afirmó este sábado por la tarde que el terrorismo yihadista es “muy blasfemo, sacrílego y asesino, porque no se puede matar en nombre de Dios, que es amor; no es muerte, sino vida”. Además, pidió a Dios “por las víctimas, sus familiares y sus pueblos”, pero también por los terroristas “para que les llegue el perdón de Dios, porque no saben lo que hacen”. 

Durante la misa que presidió en la Catedral de Valencia ante cientos de personas, en el marco de la vigilia de oración convocada por las víctimas de los recientes atentados terroristas, el cardenal Cañizares señaló que “Jesucristo no es espectador de este escarnio, sino que lo sufre en su propia carne”.

“Dios está con las víctimas, sufriendo; con los familiares, sufriendo; con sus pueblos sufriendo, y ahí, en ellos, hemos de buscarlo y encontrarlo, siendo solidarios con todos ellos y dejarnos de falsos intereses, sólo el de Dios”, subrayó el arzobispo de Valencia. 

“Dios es perdón y le pedimos también para que sobre los asesinos venga el perdón, porque no saben lo que hacen, que cambien el corazón y puedan abrirse al don de Dios que es misericordia”, dijo el purpurado en su homilía, según informó la agencia de noticias de la archidiócesis de Valencia (AVAN). Una vez finalizada la celebración eucarística, tuvo lugar la adoración al Santísimo Sacramento.

 

El camino hacia el ‘día del Señor’

‘Palabra y Vida’ del cardenal y administrador apostólico de Barcelona

Acabamos el año litúrgico con la celebración de Jesucristo como rey de todo el mundo. Quisiera recoger unas reflexiones que hizo el papa Francisco en unos ejercicios espirituales que dirigió siendo arzobispo de Buenos Aires. Propongo algunas de las reflexiones de la meditación final, que podéis encontrar en el libro que se ha publicado con el título de Mente abierta, corazón creyente (Barcelona, 2013). Siguiendo la espiritualidad de san Ignacio de Loyola, el arzobispo Bergoglio invitaba a encontrar a Jesucristo en todos los acontecimientos de la vida.
 
La historia de la salvación continúa desarrollándose en medio de los hombres. La Iglesia, virgen y madre, santa y pecadora, hace camino hacia las bodas definitivas con Dios que nos describe el libro del Apocalipsis. En esta historia el Señor se manifiesta a cada hombre o mujer y a su Iglesia en medio de las vicisitudes de la vida, constituidas siempre de gracia y de pecado. La espiga fértil, cargada de trigo, ha crecido junto a la débil. Y la duda sobre la manifestación
del Señor, sobre su tiempo o sobre su autenticidad no se le ahorra a nadie. Esta perplejidad siempre conlleva una llamada de Dios a seguir adelante, a dejarse tocar por la gracia, a descubrir la manifestación del Señor en los signos de los tiempos.
El día de la segunda manifestación del Señor, día grande y decisivo, será el fin del camino. Allí ya no habrá lugar para la perplejidad, la duda ni la noche oscura. La lucha por la fe, que los hombres y mujeres pecadores pero de buena voluntad viven cada día, es un refuerzo para ese día, el día del Señor.
 
El día de la parusía será el día de la manifestación definitiva de Cristo. Él aparecerá en la plenitud de su poder. Será su Epifanía definitiva, la manifestación de la gloria de Cristo y de los hijos de Dios, como dice san Pablo en la Carta a los romanos. Será el día de la revelación final de esta gloria que hemos ido contemplando escondida en Cristo a lo largo del año litúrgico que hoy termina: en Caná de Galilea, en la Transfiguración de Jesús en el Tabor y sobre todo en la mañana de Pascua.
 
Cuando vivimos momentos de perplejidad, de duda, cuando estamos en la noche de la fe debemos fortalecernos pensando en el día del Señor. Quizás el momento evangélico que más nos puede ayudar es el narrado en el capítulo 21 del Evangelio de san Juan. Allí se da la segunda llamada del Señor. Una vez confirmados en la fe, somos invitados a seguir caminando. A orillas del lago de Tiberíades -evocación de la primera llamada-, los discípulos, quizás aún un poco perplejos y dudosos, reconocen al Señor y se disponen a continuar en un seguimiento que irá más allá del tiempo, más allá de las perplejidades y las dudas, y se hará súplica humilde y confiada en la petición de la Iglesia de los primeros tiempos y de siempre: «Ven, Señor Jesús».
 
+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo emérito de Barcelona

 

Beata Enrichetta Alfieri – 23 de noviembre

«Sanada milagrosamente por la Virgen de Lourdes de una grave enfermedad cuando ya le acechaba la muerte, se convirtió en un rayo de luz para los reclusos de San Vittore. Ellos la denominaron su ‘mamma’ y su ángel»

La vida de Enrichetta fue apasionante. Coraje, misericordia y piedad, virtudes, entre otras, de esta brava mujer, tocaron las fibras más sensibles de los prisioneros de la cárcel milanesa de San Vittore. Está claro que Dios otorga a cada uno la fortaleza para llevar a cabo su misión. Cuando se contempla retrospectivamente la vida santa, se aprecia la inmensidad del amor divino que se manifiesta por medio de personas que en su fragilidad física y espiritual realizan gestas de alcance imprevisible, sorprendentes, conmovedoras. Enrichetta poseía la madurez humana y espiritual requerida para afrontar las desdichas de los lóbregos corredores de la prisión donde habita la desesperanza y el llanto desgarrador. Supo proporcionar a los reclusos el consuelo que precisaban, acoger sus miedos y temblores, dar un vuelo inusitado a estas vidas, algunas de las cuales, llevadas de su mano, recibieron la gracia de encontrarse con Cristo. Hay que amar mucho, haber encarnado en sí mismo a Cristo fielmente para poderlo transmitir a los demás como hizo ella.

Nació el 23 de febrero de 1891 en Borgo Vercelli, Italia. Era la primogénita de los cuatro hijos de Giovanni y Rosa Compagnone. Y aunque le impusieron en el bautismo tres nombres: María Ángela Domenica, sus allegados la llamaban María. Parecía un vaticinio de la protección que iba a recibir de la Virgen. Encantadora durante su infancia, sensible a las enseñanzas de fe que recibía en su hogar y en la parroquia, al cumplir 17 años, una edad en la que muchos jóvenes de todos los tiempos han sentido la llamada de Dios, ella también se sintió elegida por Cristo para seguirle. Aunque no sufrió oposición paterna, tuvo que aguardar un tiempo para ingresar en la vida religiosa, como su familia aconsejó que hiciera. Muchas veces los padres no comprenden que la decisión de consagrarse a Cristo ya está tomada, y que dilatar el tiempo para iniciar el camino solo conlleva sufrimiento para sus hijos, aunque en esa prueba éstos comiencen a mostrar a Dios el grado de su amor.

La determinación de la beata era irreversible y lo único que hizo fue madurarla. A finales de 1911 ingresó en el convento de Santa Margarita de Vercelli con las Hermanas de la Caridad, fundadas por la madre Thouret, donde le habían precedido varios familiares. Al profesar tomó el nombre de Enrichetta. Apta para la docencia, estudió magisterio en Novara, como le indicaron, y después impartió clases en Vercelli. Pero solo pudo ejercer la profesión durante unos meses puesto que una espondilitis tuberculosa le impidió hacer vida normal. La pésima evolución de la enfermedad fue vertiginosa. Dos años más tarde ni siquiera podía desempeñar trabajos de apoyo en tareas administrativas.

En 1920 los médicos que la trataron en Milán no ocultaron el mal pronóstico. Regresó a Vercelli y continúo empeorando. Su día a día comenzó a ser el lecho. Aprisionada en él por intensísimo dolor, agradecía a Dios la posibilidad de unir sus padecimientos a Cristo Redentor. Comprendió que así como la vocación nos sitúa en el calvario, por la enfermedad estamos en la cruz con Cristo. De modo que el lecho debe considerarse como un altar en el que la persona que sufre se inmola y se deja sacrificar llevada de su amor, siempre y cuando cumpla el requisito de «sufrir santamente», haciéndolo además con «dignidad, amor, dulzura y fortaleza».

Buscando salida para su penoso estado, la llevaron a Lourdes en 1922 y un año más tarde le administraron el sacramento de la Unción. El 25 de febrero de 1923, celebración de la novena aparición de la Virgen de Lourdes, al tomar un sorbo de agua de la gruta con gran esfuerzo y dolor, se sintió instada a levantarse en medio de una locución divina que provenía de María: «¡Levántate!». En ese momento recobró la salud. No es difícil imaginar el impacto del hecho en toda la comunidad ante un episodio milagroso que atribuyó a María. Estaba presta a morir, pero la voluntad de Dios había sido otra.

Después fue trasladada a la prisión de San Vittore. «La vocación no me hace santa, se decía, pero me impone el deber de trabajar para conseguirlo». Poseía un espíritu luminoso, así como la suficiente madurez y fortaleza para vivir en aquel lugar. Su escuela había sido el sufrimiento. Por eso comprendió y supo acoger a tanto deshecho humano como halló en el penal. Sufrir, orar (también junto a las reclusas), trabajar ejercitando la caridad por amor a Cristo sin descanso, fue el día a día de este apóstol que se ganó el respeto, confianza y cariño de los presos. Ellos la denominaron el «ángel» y la «mamma» de San Vittore. En 1939 fue nombrada superiora de la comunidad. Durante la Guerra Mundial la cárcel fue tomada por los nazis, y se jugó la vida defendiendo y rescatando de la muerte a los judíos y presos políticos que iban a ser gaseados en los campos de exterminio.

En 1944 las SS interceptaron un mensaje de una reclusa. Enrichetta fue acusada y apresada. Gravitando sobre ella la condena a muerte, oraba en su celda en acto de gratitud. Con la intervención del arzobispo de Milán, monseñor Schuster, a través de Mussolini se condonó su pena, pero fue enviada a Bérgamo a un centro de enfermos mentales. De allí partió a Brescia, y escribió sus memorias por obediencia. En 1945 regresó a San Vittore conduciendo al camino de la conversión a muchos, como a la peligrosa convicta de múltiple asesinato Rina (Caterina) Fort. En septiembre de 1950 sufrió una funesta caída en la calle, y no se recuperó. Murió el 23 de noviembre de 1951. Fue beatificada por Benedicto XVI el 26 de junio de 2011.

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ZENIT Staff

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