Alma Recinas
(ZENIT Noticias / Guadalajara, 26.05.2026).- En muchas partes del mundo se encuentran sacerdotes muy longevos. El sacerdote reconocido oficialmente como el más anciano del mundo es el padre Bruno Kant (de la diócesis de Fulda, Alemania). A sus 110 años de edad, su notable longevidad y devoción han sido reconocidas públicamente por el Vaticano.
El Papa León XIV agradeció al padre Kant por su “largo, fiel y devoto servicio sacerdotal”. El P. Bruno Kant es reconocido oficialmente como el sacerdote más anciano del mundo.

“Me alegré mucho al saber que el 26 de febrero celebrarás tu 110º cumpleaños y te envío mis más cálidas felicitaciones y bendiciones” le escribió en esos días el Santo Padre. según informó el Fuldaer Zeitung.
El Padre Bruno, nacido cerca de Danzig, en la actual Polonia, quiso ser sacerdote desde los nueve años. Inició sus estudios teológicos, pero el régimen nazi frustró sus planes al reclutarlo para trabajos forzados y convertirlo en soldado.
Kant pasó entonces cuatro años como prisionero de guerra en Rusia antes de reunirse con su familia, que había huido a Occidente.
Bruno Kant fue finalmente ordenado sacerdote en 1950. Tras décadas de servicio sacerdotal, ahora ha dejado de hacer varias cosas por su avanzada edad. Dejó de conducir “a los 102 años” y “durante los últimos años, se ha abstenido de celebrar regularmente la Santa Misa con la congregación los miércoles por la noche. Sin embargo, continuó visitando a los enfermos mientras pudo. Ahora eso ya no es posible”.
El amigo del Papa que tiene 80 años de sacerdote y 103 años de edad
En el Vaticano, tenemos peregrinos que asisten a misa en la pequeña iglesia de Santa Ana, y se han encontrado con una grata sorpresa.
A menudo, después del Ángelus dominical del Papa, en la Plaza de San Pedro, podrían encontrarse, aún ahora, con un fraile agustino afable. Canta con entusiasmo y concelebra la liturgia en Santa Ana.
A primera vista, se podría pensar que se trata de uno de los muchos sacerdotes octogenarios que aún prestan sus servicios en las parroquias romanas. Pero resulta ser que se trata del sacerdote más anciano del Vaticano, con la edad de 103 años.
Ordenado sacerdote al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el fraile agustino Gioele Schiavella ha realizado su labor durante 81 años y todavía concelebra la misa. Su ordenación se realizó cuando contaba con tan solo 22 años, el 15 de julio de 1945.
En aquel entonces, Italia se recuperaba de la devastación de la Segunda Guerra Mundial y se enfrentaba a una urgente necesidad de reconstrucción material, moral y espiritual. Estas circunstancias históricas lo convierten en uno de los pocos sacerdotes del mundo que ha alcanzado —y superado— el hito de los 80 años de sacerdocio.
El Padre Gioele, cuyo nombre significa Dios es mi alegría, nació en Genazzano. Casualmente, esta pequeña ciudad fue el primer destino del Papa León XIV fuera de Roma el 10 de mayo de 2025.
La ciudad alberga el Santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo y es una comunidad agustina donde el Padre Gioele hizo sus primeros votos en 1938, con tan solo 16 años.
El Papa León XIV le rindió un cálido homenaje, fue durante una visita pastoral a la parroquia de Santa Ana el 21 de septiembre. «Quiero saludar al padre Gioele Schiavella, que recientemente alcanzó la venerable edad de 103 años», mencionó el Papa al inicio de su homilía.
95 años de vida y 70 de sacerdocio: los gemelos irlandeses que fueron ordenados juntos
Otro caso digno de ser tomado en cuenta es el de los hermanos gemelos irlandeses que celebraron recientemente no solo su 95 cumpleaños, sino también el jubileo de platino de su ordenación, conmemorando siete décadas desde que ingresaron al sacerdocio diocesano en 1956.
El padre Joe y el padre Matt Kelly ofrecen un hermoso testimonio desde diferentes trincheras: El padre Joe pasó años sirviendo a los feligreses de toda la Archidiócesis de Dublín y hablaba con cariño de los lugares que lo marcaron, recordando lo maravilloso que fue «tener esa conexión con mis raíces» cuando uno de sus primeros destinos lo trajo de vuelta a la parroquia vinculada a sus abuelos.
Mientras tanto, el padre Matt enseñó filosofía durante unos 20 años en el Carlow College, sirvió en varias parroquias y dedicó gran parte de su vida a la música sacra, la dirección de coros y el ministerio pastoral.

A pesar de que ambos desempeñaron diferentes cargos, en diferentes congregaciones, todo esto invita a la reflexión: en parte porque es poco común que dos hermanos gemelos se conviertan en sacerdotes, y en parte porque, una vez más, el clero parece estar defendiendo con argumentos convincentes la importancia de la longevidad.
Se dice que los gemelos comparten una capacidad instintiva, una forma de ver la vida similar, con un compañero afín siempre presente. Y en este caso, ese vínculo perduró no solo durante la infancia, sino a lo largo de 70 años de sacerdocio, lo cual hace más extraordinaria esta historia. No eran simplemente hermanos que envejecieron juntos, sino dos hombres que respondieron a la misma vocación a lo largo del tiempo.
Edad no es abandonar el ministerio
Sacerdotes católicos muy longevos continúan ejerciendo su ministerio, en muchas partes del mundo, aun cuando el cuerpo comienza a mostrar los límites naturales de la edad.
Algunos siguen confesando, otros visitan enfermos, celebran la Eucaristía o simplemente permanecen disponibles para escuchar. Su presencia se convierte en un testimonio silencioso que interpela a una sociedad marcada por la prisa, la productividad y el descarte de quienes ya son ancianos.
El Código de Derecho Canónico no establece una edad máxima para ejercer el sacerdocio, ya que el sacramento del orden es permanente. Sin embargo, fija los 75 años como la edad oficial de jubilación para dejar puestos de responsabilidad directa (como ser párroco o ejercer cargos administrativos).
El sacerdote conserva el carácter sacerdotal, y lo que sí cambia con la edad suele ser el ejercicio de ciertos oficios (cargos) y la obligación de presentar la renuncia.
Cuando un sacerdote es párroco, el Código establece una norma clara: “Cuando un pastor ha completado setenta y cinco años de edad, se le pide que presente su renuncia del cargo al obispo diocesano (Código Derecho Canónico n.538)”.
En un mundo acelerado, donde todo parece pasajero, la figura del sacerdote anciano, que sigue celebrando misa, adquiere un valor profundamente simbólico. Representa la constancia, la entrega y la fe perseverante. Su vida recuerda que existen compromisos que no se abandonan con los años y que el servicio a los demás puede mantenerse hasta el último tramo del camino.
Quizá por eso, cuando un sacerdote muy longevo levanta lentamente la hostia durante la consagración, muchos fieles no ven solamente a un anciano cansado. Ven a un hombre que ha permanecido fiel durante décadas y que, aun en la fragilidad, continúa anunciando esperanza.
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