Divine Mercy

La Divina Misericordia (WIKIMEDIA COMMONS)

Sin Miedo en los brazos de la Misericordia

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Catequesis para la familia: antes de empezar el Jubileo de la Misericordia, nos prepararnos educando en ella a nuestros menores

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Antes de empezar el año dedicado a la Divina Misericordia, en catequesis para la familia nos preparamos para poder vivir al máximo educando en ella a nuestros menores. Pues aunque la Misericordia es una gracia que recibimos de Dios, es importante conocerla para poder pedirla.

La base de la Misericordia es el amor, y solo un amor como el que recibimos de Dios es capaz de manifestar en nosotros una confianza plena que nos ayuda a vivir sin miedo.

El miedo es uno de los mayores enemigos estos días de nuestros hijos. Y como adultos en la fe, hemos de enseñarles a vivir en la confianza de una realidad sin miedo e impregnada de misericordia hacia aquellos que lo imparten en nuestros días.

Nuestra sociedad vive últimamente sometida por miedo al terrorismo, a las noticias que nos llegan de diferentes puntos del planeta sobre conflictos bélicos, nuestros hijos no son ajenos a esta realidad, a este miedo colectivo que crece.

Después del atentado de París, muchos son los menores que viven con miedo a ir a sus centros educativos. Que preguntan, que se hacen sus propias ideas de una realidad que invita a una justicia que nada tiene que ver con la legítima defensa y si con la venganza. Ante todo esto nosotros como adultos en la fe, tenemos la obligación de enfrentar desvelando el misterio de la Divina Misericordia.

Mis hijos hablaban del tema en casa. Mi hija de doce años decía: «Mamá yo no puedo perdonar a los terroristas, son asesinos, yo no entiendo porque Dios permite esas cosas y además los perdona» Le expliqué que yo a veces tampoco como madre entiendo que ella haga cosas que no están bien aún sabiéndolo. Y que pese a que yo la educo en hacer las cosas de otra manera no puedo interferir para que ella haga lo correcto por que en su libertad elige hacerlo de un modo u otro. Pero que aún así mi amor de madre por ella no cambia.

La confianza nos ayuda a creer, a esperar un cambio a mejor en uno mismo y en los demás. Y Dios que así lo ha creado nos espera siempre con su Divina Misericordia para romper todas las ataduras de nuestros miedo que nos limita.

«La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia» (Diario 300)

La fiesta de la Misericordia tiene como principal fin el hacernos comprender a todos que Dios ama a toda su creación y tiene especial Misericordia con el más pecador. Partiendo de ello es indispensable educar a nuestros pequeños en esa confianza al mensaje de un Padre que nos ama y nos perdona. Solo así podremos manifestar misericordia también a los demás compartiendo la Gracia recibida.

¿Qué mejor modo de enfrentarlo que acercándolos de la mano a conocer la Divina Misericordia de Dios para con sus criaturas?

Podemos hacer mucho:

Rezar la oración que la Iglesia a preparado en este año Jubilar de la Divina Misericordia. http://www.im.va/content/gdm/es/giubileo/preghiera.html.

Dedicar un tiempo cada día a la oración y poner la confianza en ella. Que seamos capaces de amar en la medida que somos amados por Dios.

En clase o catequesis, podemos dedicar un momento especial al principio o como despedida durante todo el año jubilar.

Con nuestros hijos acompañar al dialogo educativo con la oración y enseñarles de que va este Misterio de la Divina Misericordia que tan necesario está siendo en nuestros días para enfrentar a los enemigos del alma que quieren implantar el veneno del miedo y el odio en nuestros corazones haciéndonos cerrados.

Nos invitaba el Santo Padre en la catequesis del 18 de noviembre a las familias “a abrir sus puertas para salir al encuentro de Jesús, que nos espera paciente, y que quiere traernos su bendición y su amistad”.

Ante la cultura del miedo que nos inculca el mundo, de cerrarnos, de protegernos del otro; Nosotros eduquemos en la cultura de salir a las periferias, de confiar en que Dios nos ama primero, de que Dios es Misericordioso y no se equivoca nunca.

Por: Sacramentos Rosales, Mento

(Dos Hermanas, Sevilla)

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ZENIT Staff

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