Audiencia del miércoles en la plaza de San Pedro

Audiencia del miércoles en la plaza de San Pedro (Copyright Osservatore Romano)

El Papa pide oraciones por las víctimas de los atentados en Siria

En la audiencia general recuerda la Jornada internacional por los niños desaparecidos. «Es un deber de todos proteger a los niños, sobre todos a los que están expuestos a un elevado riesgo de explotación, trata y conductas desviadas»

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(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco ha pedido a un repleta plaza de San Pedro, rezar un Ave María por Siria, que sufrió varios atentados terroristas el lunes pasado. Por eso ha invitado orar al “Padre misericordioso para que done el reposo eterno a las víctimas, el consuelo a los familiares y convierta el corazón de los que siembran muerte y destrucción”. Lo ha hecho al finalizar la audiencia general de este miércoles.
Asimismo, ha recordado que hoy se celebra la Jornada internacional por los niños desaparecidos. “Es un deber de todos proteger a los niños, sobre todos a los que están expuestos a un elevado riesgo de explotación, trata y conductas desviadas”, ha advertido. Por ello, ha manifestado su deseo de que las autoridades civiles y religiosas puedan sacudir y sensibilizar las conciencias, para evitar la indiferencia frente al malestar de niños solos, explotados y alejados de sus familias y de su contexto social, niños que no pueden crecer serenamente y mirar con esperanza al futuro. De este modo, el papa Francisco ha invitado a la oración para que a estos niños se les restituya el afecto de sus seres queridos.
Por otro lado, el Santo Padre ha recordado que mañana, jueves 26 de mayo, se vivirá en Roma la tradicional procesión del Corpus Domini. A las 19.00, en la plaza de San Juan de Letrán celebrará la santa misa, y se adorará al Santísimo Sacramento caminando hasta la basílica de Santa María Mayor. Con esta ocasión, el Pontífice ha invitado a los romanos y peregrinos a participar en este solemne acto público de fe y de amor “a Jesús realmente presente en la Eucaristía”.
El papa Francisco, como cada miércoles, ha compartido la mañana con los miles de fieles procedentes de todo el mundo, en la plaza de San Pedro para la audiencia general.
Asimismo, el Pontífice ha saludado desde el papamóvil a los allí reunidos, deteniéndose, como es habitual, con los más pequeños para darles su bendición. Mientras, los peregrinos le saludaban con entusiasmo y alegría, ondeando sus banderas y mostrando sus pancartas con mensajes de cariño al Santo Padre.
En el resumen de la catequesis hecho en español, el Papa ha indicado que en la parábola que se ha escuchado al inicio de la audiencia general (Lc 18, 1-5), Jesús “nos indica la necesidad de orar siempre sin desfallecer”. De este modo, ha señalado que del ejemplo de la viuda, una persona desvalida y sin defensor, el Señor saca una enseñanza: “si ella, con su insistencia, consiguió obtener de un juez injusto lo que necesitaba, cuánto más Dios, que es nuestro padre bueno y justo, hará justicia a los que se la pidan con perseverancia, y además lo hará sin tardar”.
La perseverancia –ha añadido– expresa una confianza que no se rinde ni se apaga. “Como Jesús en Getsemaní, tenemos que orar confiándolo todo al corazón del Padre, sin pretender que Dios se amolde a nuestras exigencias, modos o tiempos, esto provoca cansancio o desánimo, porque nos parece que nuestras plegarias no son escuchadas”, ha recordado Francisco. Por eso, el Santo Padre ha asegurado que “si, como Jesús, confiamos todo a la voluntad del Padre, el objeto de nuestra oración pasa a un segundo plano, y se manifiesta lo verdaderamente importante: nuestra relación él”.
Finalmente, ha precisado que  este es el efecto de la oración, “transformar el deseo y modelarlo según la voluntad de Dios, aspirando sobre todo a la unión con él, que sale al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso”.
A continuación, el Santo Padre ha saludado cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Pidamos al Señor –ha invitado– una fe que se convierta en oración incesante que se nutra de la esperanza en su venida y que nos haga experimentar la compasión de Dios.
 
Leer el texto completo de la catequesis aquí 

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