Presidente Daniel Ortega © Presidencia de la República de Nicaragua

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Mons. Felipe Arizmendi: "El poder embriaga"

Necesidad de una «buena y noble política»

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+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
VER
Lo que sucede en otras partes, nos ilustra y nos advierte. En Nicaragua, el actual Presidente Daniel Ortega luchó contra la dictadura de Anastasio Somoza y cambió el sistema. Ahora se está pareciendo a un dictador, que se perpetúa en el poder y reprime a la población, incluso a los obispos, que están tratando de ayudar en un diálogo por la paz y la justicia, que se ha visto frustrado por la violencia policiaca y por la obstinación en no adelantar elecciones. Sus adictos de otros tiempos, hoy le critican que el poder lo ha corrompido.
Luis Ignacio Lula, en Brasil, un luchador social incansable, sincero, muy bien intencionado, austero, defensor de los pobres, llegó a la presidencia e hizo muchas cosas buenas. Sin embargo, ahora está en la cárcel, por actos de corrupción y tráfico de influencias que le adjudican. Sean ciertos o no, muchos que lo apoyaron, ahora lo rechazan porque, dicen, ha caído en las fallas que él mismo criticó. Pueden no ser actos de los que sea personalmente responsable, pero no faltan corruptos en los equipos de trabajo, que manchan todo a su alrededor.
En Bolivia, Evo Morales reivindicó los derechos sobre todo de los indígenas, que son la mayoría en el país, y promovió varios cambios sociales y políticos, con mucha aceptación inicial del pueblo. Sin embargo, cambió la Constitución y se está reeligiendo, con la intención, dice, de consolidar los cambios que ha impulsado. Hoy, un buen número de indígenas ya no está de acuerdo con él.
No traigo a colación los casos de Chávez y Maduro en Venezuela, porque cayeron en abusos extremos de poder, con sufrimientos indecibles para la población. Quienes reciben programas asistenciales y quienes se benefician de cargos públicos, apoyan al actual presidente, incluso con elecciones amañadas para perpetuarse, pero millones de venezolanos están huyendo hacia países vecinos, por la insoportable situación alimenticia, sanitaria y de seguridad.
PENSAR
El Papa Francisco, en un mensaje a católicos con responsabilidades políticas, insistió en opciones políticas y sociales que siempre se han de atender:
“¡Cuánta necesidad estamos teniendo de una «buena y noble política» y de sus protagonistas hoy en América Latina! ¿Acaso no hay que enfrentar problemas y desafíos de gran magnitud? Ante todo, la custodia del don de la vida en todas sus etapas y manifestaciones. América Latina tiene también necesidad de un crecimiento industrial, tecnológico, auto-sostenido y sustentable, junto con políticas que enfrenten el drama de la pobreza y que apunten a la equidad y a la inclusión, porque no es verdadero desarrollo el que deja a multitudes desamparadas y sigue alimentando una escandalosa desigualdad social. No se puede descuidar una educación integral, que comienza en la familia y se desarrolla en una escolarización para todos y de calidad. Hay que fortalecer el tejido familiar y social. Una cultura del encuentro —y no de los permanentes antagonismos— tiene que fortalecer los vínculos fundamentales de humanidad y sociabilidad y poner cimientos fuertes a una amistad social, que deje atrás las tenazas del individualismo y la masificación, la polarización y la manipulación.
Tenemos que encaminarnos hacia democracias maduras, participativas, sin las lacras de la corrupción, o de las colonizaciones ideológicas, o las pretensiones autocráticas y las demagogias baratas. Cuidemos nuestra casa común y sus habitantes más vulnerables evitando todo tipo de indiferencias suicidas y de explotaciones salvajes.
Levantemos nuevamente muy en alto y muy concretamente la exigencia de una integración económica, social, cultural y política de pueblos hermanos para ir construyendo nuestro continente, que será todavía más grande cuando incorpore «todas las sangres», completando su mestizaje, y sea paradigma de respeto de los derechos humanos, de paz, de justicia. No podemos resignarnos a la situación deteriorada en que con frecuencia hoy nos debatimos” (I-XII-2017).
ACTUAR
No desconfiemos de todo y de todos, pero no seamos ingenuos. El poder puede corromper al mejor intencionado. Ayudemos a que esto no suceda. ¿Cómo? Si advertimos alguna desviación, seamos capaces de advertirla a quien compete, buscando caminos para hacérselo ver al directamente implicado.
No digamos que eso es imposible, pues siempre hay medios para llegar a quien nos importa. Si no se corrige, sigamos intentando otras alternativas, siempre personales. Y si hace falta, hagamos la denuncia pública. Aunque alguien diga que esto de nada sirve, cada quien hagamos lo que podemos, y no nos quedemos de brazos cruzados, viendo de lejos pasar la historia. Seamos constructores de historia, no plañideras permanentes. Y oremos al Espíritu, pues la oración hecha con fe tiene un poder increíble.

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Felipe Arizmendi Esquivel

Nació en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.

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