Jornada Penitencial Nacional en México

Subsidio para una celebración en familia

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(zenit – 3 abril 2020).- A nivel nacional, se propuso el Viernes de Dolores, 3 de abril, para hacer esta celebración, invitándonos a ayunar este día y guardar la abstinencia de carnes, como un sacrificio ofrecido a Dios para que acabe esta pandemia.

Tomando en cuenta la Nota de la Penitenciaría Apostólica, de la Santa Sede, de fecha del 20 de marzo de 2020, acerca del Sacramento de la Penitencia en la actual situación de pandemia, donde puntualiza que: “Cuando el fiel se encuentre en la dolorosa imposibilidad de recibir la absolución sacramental, debe recordarse que la contrición perfecta, procedente del amor del Dios amado sobre todas las cosas, expresada por una sincera petición de perdón (la que el penitente pueda expresar en ese momento) y acompañada del firme propósito de recurrir cuanto antes a la confesión sacramental, obtiene el perdón de los pecados, incluso mortales (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1452)”, se ofrece esta guía para una celebración familiar, para que, a la luz de la Palabra de Dios que nos llama a la conversión, hagamos juntos un acto de contrición perfecta, con el compromiso de acceder al Sacramento de la Penitencia, tan pronto las circunstancias lo permitan. Si no tenemos algún impedimento moral, con esta celebración tenemos fe y confianza de estar en gracia de Dios.

  1. Adoración y Alabanza trinitaria

Quien preside:
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos:  Amén.

Quien preside: Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su designio amoroso
ha querido que su Verbo se hiciera carne
y habitara en medio de nosotros.

Todos:
Bendito seas por siempre, Señor.

Quien preside:
Bendito sea nuestro Señor Jesucristo,
que por amor nos ha dado la vida divina
y ha querido permanecer en medio de nosotros en el sacramento de su Cuerpo y su Sangre.

Todos:
Bendito seas por siempre, Señor.

Quien preside:
Bendito sea el Espíritu Santo, Paráclito,
por cuya acción el Sacrificio de Cristo es para nuestro bien, el memorial de la Alianza eterna.

Todos:
Bendito seas por siempre, Señor.

Quien preside: Dios y Padre nuestro, cuyo amor no se da por vencido con nuestras ofensas, pero nos pide que las reconozcamos y nos arrepintamos de ellas, concédenos celebrar el sacramento de tu misericordia y corregir lo que esté mal en nuestras acciones y en nuestra vida, para que podamos llegar a recibir de ti la eterna felicidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:
Amén.

 

  1. Palabra de Dios

PRIMERA LECTURA

Él soportó el castigo que nos trae la paz.

Del libro del profeta Isaías 53, 1-12

¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le revelará el poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento; como uno del cual se aparta la mirada, despreciado y desestimado.

Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Él soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curdos.

Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

Pero el Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos.

Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

Del Salmo 21, 2-3, 7-9, 18-28

  1. Señor, auxilio mío, ven y ayúdame.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. Dios mío, de día te grito, y no me respondes, de noche, y no me haces caso. R.

Pero yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo. Todos los que me ven, de mí se burlan; me hacen gestos y dicen: “Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de veras lo ama, que lo libre”. R.

Ellos me miran triunfantes, reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados. Señor, auxilio mío, ven y ayúdame, no te quedes de mí tan alejado. R.

Líbrame a mí de la espada, y a mi única vida de la garra del mastín; sálvame de las fauces del león, a este pobre, de los cuernos del búfalo. R.

A mis hermanos contaré tu gloria y en la asamblea alabaré tu nombre. Que alaben al Señor los que lo temen. Que el pueblo de Israel siempre lo adore. R.

Porque no has sentido desprecio ni repugnancia hacia el pobre desgraciado; no le ha escondido su rostro: cuando pidió auxilio, lo escuchaste. R.

Él es mi alabanza en la gran asamblea; le cumpliré mis promesas al Señor delante de sus fieles. Los pobres comerán hasta saciarse y alabarán al Señor los que lo buscan: su corazón ha de vivir para siempre. R.

Recordarán al Señor y volverán a él desde los últimos lugares del mundo; en su presencia se postrarán todas las familias de los pueblos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Cristo sufrió por ustedes.

De la primera carta del apóstol san Pedro

2, 20-25

Hermanos: Si los castigaran a ustedes por ser culpables, ¿qué mérito tendría ese sufrimiento? Pero soportar con paciencia los sufrimientos que les vienen a ustedes por hacer el bien, es cosa agradable a los ojos de Dios, pues a esto han sido llamados, ya que también Cristo sufrió por ustedes y les dejó así un ejemplo para que sigan sus huellas.

Él no cometió pecado ni hubo engaño en su boca; insultado, no devolvió los insultos; maltratado, no profería amenazas, sino que encomendaba su causa al único que juzga con justicia; cargado con nuestros pecados, subió al madero de la cruz, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.

Por sus llagas ustedes han sido curados, porque ustedes eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas.

Palabra de Dios.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

  1. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Gloria a ti, Señor Jesús, que fuiste entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitaste para nuestra justificación.

  1. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

 

EVANGELIO

Ya ven que nos estamos dirigiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado.

Del Evangelio según san Marcos 10, 32-45

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban camino de Jerusalén y Jesús se les iba adelantando. Los discípulos estaban sorprendidos y la gente que lo seguía tenía miedo. Él se llevó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: “Ya ven que nos estamos dirigiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; van a condenarlo a muerte y a entregarlo a los paganos; se van a burlar de él, van a escupirlo, a azotarlo y a matarlo; pero al tercer día resucitará”.

Entonces se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte”. Él les dijo: “¿Qué es lo que desean?” Le respondieron: “Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Jesús les replicó: “No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?” Le respondieron: “Sí podemos”. Y Jesús les dijo: “Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado”.

Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como e Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”.

Palabra del Señor.

 

  • REFLEXIÓN

Quien preside hace una reflexión sobre las lecturas, o los participantes ofrecen sus propios comentarios. Pueden servir estos puntos:

  • La próxima fiesta de Pascua es la fiesta de la Iglesia, en que celebramos que, desde nuestro bautismo, fuimos sepultados con Cristo para resucitar con él a una vida nueva.
  • Para celebrar digna y fructuosamente la Pascua, necesitamos avanzar por el camino de la conversión y la penitencia.
  • La crisis de la pandemia actual es una oportunidad para hacer penitencia y convertirnos.
  • Los siguientes puntos nos pueden ayudar a revisar nuestra vida.

 

  1. EXAMEN DE CONCIENCIA

Un lector lee de manera pausada el siguiente esquema de examen de conciencia:

Frente a Dios

  • ¿Me he esforzado en poner en práctica las obras buenas y evitar las malas, para llevar mi vida según el Evangelio?
  • El Señor Jesús dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón” ¿Mi corazón se orienta hacia Dios hasta el punto de amarlo sobre todas las cosas, en fiel observancia de los mandamientos, o estoy más preocupado por otras cosas que me alejan de él?
  • ¿Mi fe en Dios es firme?
¿Me he adherido firmemente a la doctrina de la Iglesia?
¿Me he preocupado permanentemente por mi formación cristiana, por escuchar la Palabra de Dios, por evitar todo lo que daña a la fe?
¿He profesado siempre la fe en Dios y en su Iglesia?
¿Me he mostrado como cristiano tanto en la vida privada como en la pública?
  • ¿He rezado al menos en la mañana y en la tarde de cada día?
¿Mi oración procura ser una verdadera conversación del espíritu y del corazón con Dios, o es solamente un rito exterior o una obligación a cumplir?
¿He ofrecido a Dios mis trabajos, alegrías y dolores?
¿He recurrido a él en las tentaciones?
  • ¿Respeto y amo el nombre de Dios?
¿He ofendido a Dios con falsos juramentos o pronunciando su nombre de manera vana?
  • ¿Santifico los domingos y las fiestas de la Iglesia participando activamente, con atención y piedad en la celebración eucarística?
¿He observado los mandamientos de la confesión anual y a la Comunión Pascual?
  • ¿Hay otras cosas que ocupen el lugar de Dios: como el dinero, supersticiones, espiritismo y otras prácticas mágicas?
  • ¿Recuerdo la misión recibida en la Confirmación de dar testimonio de Dios y de su Hijo con la fuerza del Espíritu Santo?
  • ¿He rezado por la unión de todos dentro de la Iglesia, por la evangelización de los pueblos, por la paz y justicia entre ellos?

Frente al prójimo

  • ¿He procurado hacer el bien a todas las personas, o a alguien he causado algún mal? ¿He escandalizado a alguien con malas palabras o con malas acciones?
  • En la vida familiar:
  1. Como hijo o hija: ¿He obedecido a mis padres, los he honrado y les he ayudado 
en sus necesidades espirituales o materiales?
  2. Como padre o madre: ¿He sido cuidadoso con la instrucción y la educación cristiana de mis hijos, de ayudarlos con mi buen ejemplo y en el recto ejercicio de mi autoridad?
  3. Como esposo o esposa: ¿He amado con todo mi corazón a mi cónyuge? ¿Nos comprendemos, nos tenemos paciencia, nos ayudamos?
  • ¿Reparto mis bienes con aquellos que son más pobres que yo?
¿He defendido, en tanto me fuera posible, a los oprimidos, y ayudado a quienes se encuentran en la miseria?
¿He despreciado a los débiles, a los ancianos, a los extranjeros?
  • ¿He participado en la vida de mi parroquia, en las obras de apostolado y de caridad de la Iglesia? ¿He acudido en auxilio de sus necesidades?
  • ¿Me preocupo del bien y de la prosperidad de la comunidad en la que vivo? ¿He promovido, especialmente el respeto a los demás, la concordia y la caridad?
¿He cumplido con mis deberes cívicos? 
¿He pagado mis impuestos?
  • ¿En mi ejercicio profesional, he sido justo, activo, honesto y servicial?
  1. Como patrón: ¿He pagado un salario justo a mis obreros o empleados? ¿Los trato con respeto y bondad? ¿Me preocupa su situación personal y familiar? ¿Tengo la costumbre de consultar a los obreros de mi empresa respecto de los problemas de su gestión, con el fin de que tengan voz en el asunto y de que tomen conciencia de participar en mis responsabilidades?
  2. Como empleado: ¿He cumplido con mis obligaciones laborales, con mi 
horario de trabajo y mis demás responsabilidades? ¿He cumplido las promesas y condiciones contractuales? ¿Cómo trato a mis compañeros de trabajo? ¿Me dejo llevar por la envidia y los chismes?
  • ¿He obedecido y respetado a las autoridades legítimas?
  • Si tengo o tuve una responsabilidad en mi comunidad, ejerzo o ejercí alguna autoridad, ¿lo hago o lo hice con espíritu de servicio y por el bien de los otros?
  • ¿He causado daño al prójimo y he sido injusto con él por prejuicios o teniendo sospechas temerarias, con maledicencias, calumnias o violación de secretos?
  • ¿He violado la integridad física, la vida, la reputación o el honor del prójimo? ¿He dañado o me he apropiado de sus bienes? ¿He sugerido, persuadido o procurado un aborto? ¿Guardo odio o rencor hacia alguien? ¿Estoy alejado de los demás por riñas, insultos, cólera o enemistad? ¿He sido culpable de negarme a dar testimonio de la inocencia del prójimo?
  • ¿He deseado de manera injusta o desordenada los bienes ajenos o lo he robado? ¿He dañado a sus propietarios? ¿He dañado sus pertenencias? ¿He sido cuidadoso en restituir el bien ajeno y en reparar el perjuicio causado?
  • Si mis derechos han sido vulnerados, ¿he estado listo al perdón, a la reconciliación y a la paz, por amor a Cristo, o siento odio y el deseo de venganza?

 

Frente a Cristo, el Señor, que ha dicho: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”

  • ¿Ha sido Cristo y la construcción de su Reino la orientación fundamental de mi vida? ¿He sido animado por la esperanza de la vida eterna?
¿He tenido cuidado de progresar en la vida espiritual mediante la oración, la lectura y meditación de la Palabra de Dios, la participación en los Sacramentos y la Penitencia sacramental y en mi vida diaria?
¿He tenido cuidado de dominar mis inclinaciones y pasiones malas, así como mis vicios, tales como la envidia, la gula, el abuso del alcohol o el uso de drogas?
¿Me he dejado llevar por la vanidad y el orgullo?
¿He despreciado a mi prójimo?
¿Me he considerado superior a los demás por una situación económica, social, educativa, política, física y/o espiritual?
¿He querido imponer mi voluntad, ignorando los derechos y libertad de otros?
  • ¿He empleado los dones recibidos de Dios para mi perfección y para el bien de los demás? ¿Los he utilizado solo para mi provecho, incluso en detrimento de los demás que pudieran necesitarlos?
¿He sido perezoso?
  • ¿He soportado con paciencia las contradicciones, penas y dolores? ¿He observado la ley del ayuno y de la abstinencia?
¿He observado la ley divina de la penitencia cada viernes?
  • ¿He conservado mis sentidos y todo mi cuerpo en el pudor y la castidad? ¿He recordado que mi cuerpo es un templo del Espíritu, destinado a la resurrección gloriosa?
¿Me he dejado vencer por malos pensamientos, malas palabras y malos deseos, como miradas o actos indignos e impuros? 
¿He buscado o aceptado lecturas, conversaciones y espectáculos contrarios a la castidad?
¿He inducido a otros al pecado?
  • ¿He actuado contra mi conciencia por temor o hipocresía?
  • ¿Soy esclavo de alguna pasión? ¿De cuál?
  • ¿He hecho un recto uso del dinero y los bienes materiales?
¿He tomado en cuenta las necesidades urgentes de los menos favorecidos?
  1. CONFESIÓN GENERAL

Se dejan unos momentos de silencio.

A continuación, quien preside dice:

Atendiendo a la Palabra del Señor, reconozcamos que somos pecadores y necesitamos de su misericordia, diciendo:

Yo confieso ante Dios todopoderoso

y ante ustedes, hermanos,

que he pecado mucho,

de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen,

A los ángeles, a los Santos

y a ustedes, hermanos,

que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

 

Quien preside dice:

Líbranos de todo mal, Padre misericordioso, y por la pasión salvadora de tu Hijo,
a la que nos unimos por la penitencia, concédenos participar alegremente de su admirable resurrección.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

 

  1. PRECES

Quien preside dice:

Arrepentidos delante del Señor, invoquemos llenos de confianza a Dios, fuente de misericordia, para que purifique nuestros corazones, cure nuestras heridas y nos libere de toda culpa.

Un lector lee, o espontáneamente se dicen estas peticiones:

  1. Para que el Señor no dé la gracia de una verdadera conversión.

Todos responden: Te rogamos, óyenos.

  1. Para que nos manifieste su clemencia y nos dé el perdón de todas nuestras culpas.

Todos responden: Te rogamos, óyenos.

  1. Para que los hijos que se han alejado de la santa Iglesia regresen a la comunión de fe y amor con sus hermanos.

Todos responden: Te rogamos, óyenos.

  1. Para que en nuestros corazones heridos por el pecado se reavive la gracia del Bautismo.

Todos responden: Te rogamos, óyenos.

  1. Para que, iluminados por la esperanza de la gloria eterna, podamos acercarnos nuevamente a tu santo altar.

Todos responden: Te rogamos, óyenos.

  1. Para que, sostenidos por la fuerza de tu Espíritu, seamos siempre fieles a Cristo, el Señor.

     Todos responden: Te rogamos, óyenos.

  1. Para que, salvados por la divina misericordia, demos testimonio de nuestro Salvador.

Todos responden: Te rogamos, óyenos.

  1. Para que caminemos con perseverancia en las sendas del Evangelio y podamos gozar un día de la alegría de la vida eterna.

Todos responden: Te rogamos, óyenos.

  1. Para que nos libre de la pandemia del Coronavirus en todo el mundo, conceda la salud a los enfermos, la vida eterna a los difuntos, la protección a médicos y enfermeras, sabiduría y fortaleza a nuestros gobernantes.

Todos responden: Te rogamos, óyenos.

  1. Para que nuestra familia se vea libre de este mal, seamos responsables y prudentes para no infectarnos ni infectar, solidarios con quienes se han quedado sin trabajo, generosos con los enfermos y con los más pobres.

Todos responden: Te rogamos, óyenos.

Se pueden agregar otras peticiones espontáneas.

Quien preside dice:

Delante del Señor, y siguiendo sus enseñanzas, llenos de confianza dirijámonos a nuestro Padre para que perdone nuestros pecados y nos libre de todo mal.

Todos dicen:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

 

  • ACTO DE CONTRICIÓN

Quien preside dice: 

Ahora, hagamos un sincero acto de arrepentimiento delante del Señor, y digamos:

Todos, en voz alta, dicen:

Señor mío, Jesucristo,
Dios y hombre verdadero,
me pesa de todo corazón haberte ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de pecado, confesarme en cuanto me sea posible
y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Te ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos
en satisfacción de todos mis pecados.
Amén

Se guarda un momento de silencio.

 

A continuación, un lector recita las siguientes aclamaciones:

Tú que perdonas nuestros pecados: Oh Señor, ten piedad de nosotros.

Todos:  Oh Señor, ten piedad de nosotros.

Tú que nos llamas a hacer penitencia: Cristo Jesús, ten piedad de nosotros.

Todos:  Cristo Jesús, ten piedad de nosotros.

Tú que confiaste a la Iglesia el signo de tu perdón: Oh Señor, ten piedad de nosotros.

Todos:  Oh Señor, ten piedad de nosotros.

Quien preside continúa:

Dios nuestro, Padre misericordioso,
que por tu gracia nos conviertes de pecadores en justos y de afligidos en dichosos,
concédenos tu auxilio
para que, ya que hemos sido justificados por la fe,
no nos falte la fortaleza necesaria
para perseverar hasta el fin.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

 

  • AGRADECIMIENTO A DIOS

Todos juntos dicen:

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia  -como lo había prometido a nuestros padres-  en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Se concluye con esta oración: 

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO

Oh María, tú resplandeces siempre en nuestro camino
como signo de salvación y de esperanza.
Nosotros nos confiamos a ti, Salud de los enfermos,
que bajo la cruz estuviste asociada al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe. Tú, Salvación de todos los pueblos,
sabes de qué tenemos necesidad y estamos seguros de que proveerás, para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría
y la fiesta después de este momento de prueba. Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y a hacer lo que nos dirá Jesús,
quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos y ha cargado nuestros dolores para conducirnos, a través de la cruz, a la alegría de la resurrección. Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies nuestras súplicas que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

Quien preside dice:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

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Felipe Arizmendi Esquivel

Nació en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.

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