Pentecostés (C) Cathopic. Rita Laura

Píldoras de esperanza: “Manda Señor tu Santo Espíritu sobre mí”

Jueves, 28 de mayo

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Reflexión sobre los evangelios diarios

Invocamos al Espíritu Santo

Espíritu Santo, Tú que eres el inspirador de la Sagrada Escritura, ven a mi vida y llena de alegría y paz mi corazón y da sabiduría a mi mente para poder entender la Palabra de Dios. Amén.

Evangelio según San Juan 17, 20-26.

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:

“Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.

Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.

Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.

Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos”.

Palabra del Señor.

¿Qué dice el texto?

… que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.

¿Qué nos dice a cada uno de nosotros Dios en este texto?

Es un texto muy conocido, tomado del Evangelio de San Juan. Siempre lo hemos relacionado con la unidad de los cristianos y en busca de un sano ecumenismo que nos lleva a todos los creyentes a orar al Padre Común.

Sin embargo, hoy quisiéramos centrarnos en algo que no es menos importante, que es el fruto de esa unidad con Jesús y entre nosotros que está expresado en el párrafo “para que el mundo crea que Tú me has enviado”.

Si entendemos bien esta frase, la responsabilidad de la fe de las personas recae en nosotros. Hoy las estadísticas de las religiones dicen que alrededor de una tercera parte de la humanidad es cristiana con todas sus formas de expresión y denominaciones (incluyendo las Iglesias Orientales y las más nuevas extensiones que se proclaman cristianas, la Iglesia Católica puede tener un 20 al 22 por ciento de toda la población). Y aunque nuestro deseo con estas píldoras es reflexionar al estilo de un termómetro sobre nuestra esperanza, también es muy importante darnos cuenta que aún en momentos de dificultad, como lo es la situación de salud mundial, nuestra mirada nos lleva a darnos cuenta cuál ha sido la actitud cristiana en este tiempo. ¿He sido evangelizador desde mi casa? ¿He podido usar el teléfono, las redes sociales para transmitir esperanza?

Pues bien, este texto nos invita a reflexionar para el futuro, para poder dar esperanza cristiana a los demás, y tal vez mi estilo de apoyo a los hermanos de mi comunidad, y apoyo a quienes hacen una diferencia en épocas de dificultad, sea mi forma de expresión cristiana. Queremos cumplir el deseo de Jesús, queremos que todas las personas del mundo puedan conocer al Señor y vivir de acuerdo a sus valores y mandatos. Y esto es lo que le pedimos hoy al Espíritu Santo. Te invito a repetir varias veces durante el día de hoy:

¡Manda Señor tu Santo Espíritu sobre mí, para que con mi forma de vivir pueda dar testimonio que Tú eres el Señor, el único enviado de Dios!

Te invito a conocer más de nuestro trabajo diario sobre la Lectura Orante de la Biblia

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Ricardo Grzona

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