Perú: Compromiso de la Iglesia contra el coronavirus

Perú: El compromiso de la Iglesia contra el coronavirus

Declaraciones del arzobispo de Lima

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(zenit – 29 julio 2020).- El arzobispo de Lima, Perú, monseñor Carlos Gustavo Castillo Mattasoglio habla sobre el compromiso de la Iglesia local contra la pandemia del coronavirus en una artículo publicado en la edición de L’Osservatore Romano del 29 de julio de 2020.

De acuerdo al medio vaticano, Perú es el séptimo país del mundo en número de infectados y el tercero de América Latina: 385.000 personas han contraído el virus y más de 18.000 han fallecido.

La región más afectada es la de la capital, Lima, pero la situación también es preocupante en la Amazonía, pues los indígenas no tienen protección contra la COVID-19. La zona del Amazonas ocupa más de la mitad del territorio nacional y el virus ha llegado hasta allí a través de personas que acudieron al bosque para ofrecer ayuda.

Muerte de líder indígena

“En todo el Amazonas hay un serio problema”, indica el arzobispo mientras se refiere a la historia de Santiago Manuin Valera, líder de la comunidad indígena awajun, que murió a los 63 años de edad por coronavirus en el Hospital de Chiclayo, ciudad a la que fue transportado ser curado.

“Era un buen dirigente, awajun y católico. De él se publicarán meditaciones sobre los Evangelios”. Junto con otros obispos, el prelado obtuvo de permiso del Gobierno para llevar de vuelta el cadáver y celebrar su funeral con su comunidad.

Su muerte constituye un hecho representativo con respecto a la amenaza que la COVID-19 supone para los indígenas y al compromiso de la Iglesia local con ellos.

Hacer Iglesia tras la pandemia

El mayor peligro, describe monseñor Castillo Mattasoglio, es que se repita la situación afrontada en el siglo XVI durante la colonización española: en sesenta años ocho de cada diez millones de nativos murieron de viruela y sarampión.

“Cuando San Turibio de Mogrovejo llegó al Perú, tuvo que enfrentarse a las consecuencias de la epidemia” y “fue a buscar a los nativos desaparecidos, preguntó cuáles eran sus necesidades”, narra. Gracias a su intervención, el rey ibérico reconoció a muchas comunidades la propiedad de sus tierras.

Esto, señala el miembro del episcopado peruano, “nos muestra cómo hacer Iglesia después de la pandemia, cómo reconstruir las vidas de la gente y la Iglesia. Creo que este es nuestro mayor desafío de hoy”.

Sistema sanitario para la Amazonía

La salud de los pueblos indígenas es monitorizada, pero si alguien contrae la COVID-19 debe ser transportado a la ciudad para su tratamiento.

El deseo del arzobispo de Lima es crear “hospitales de campaña”. Por esta razón, los prelados que operan en la selva peruana trabajan junto con todo el episcopado para crear un sistema unificado de atención sanitaria hospitalario-forestal-eclesial.

Situación hospitalaria

En todo el país, los hospitales públicos se encuentran en dificultades, a pesar del aumento del número de camas en los cuidados intensivos y la ampliación de los espacios en diversas instalaciones. Igualmente, muchas familias se han visto obligadas a acudir a hospitales privados, gastando en un mes sus ahorros de años de trabajo.

Debido a esto último, a finales de junio el Gobierno peruano y las clínicas privadas han llegado a un acuerdo que prevé una reducción de las tasas para los pacientes de COVID- 19. Mons. Castillo Mattasoglio, presente en la reunión, invocó a “la credibilidad” de estas instituciones que deben servir antes que presentar una finalidad meramente “económica”.

Del mismo modo, denuncia que el sistema nacional de salud está en dificultades, debido a “los problemas estructurales de décadas de duración causados por un sistema económico totalmente desigual”, que presenta, por un lado ,escasos grandes hospitales públicos y, por otro, muchas clínicas privadas con altos costos.

Solidaridad y bien común

Dado que Perú se encuentra económicamente agotado, se han reabierto casi todas las actividades económicas en el país. Muchos usan mascarillas, pero ahora que la población puede moverse libremente es más difícil hacer cumplir las reglas en el distanciamiento social y mantener una contabilidad fiable del contagio.

“Soy pesimista sobre el día de hoy. No veo ninguna alternativa inmediata, pero en los próximos meses, los ciudadanos podrían organizarse mejor. Queremos contribuir a esto con el proyecto de las parroquias misioneras y solidarias”, observa el prelado

“Esta pandemia ha enseñado muchas cosas: el principio de solidaridad y del bien común, los pobres como horizonte de la economía, de la sociedad, de la cultura y la Iglesia. O remamos juntos o nos hundimos, como dice el Papa Francisco”, añade.

4 meses de labor de la Iglesia

Finalmente, en el artículo del medio vaticano, se subraya que en cuatro meses de situación de emergencia sanitaria, Cáritas y el ejército han proporcionado alimentos a personas sin recursos. El Gobierno ha activado un ingreso mínimo universal y una campaña en los medios de comunicación, apoyada por el episcopado, para educar sobre el respeto de las normas.

La Iglesia local ha garantizado la cercanía virtual y física a los enfermos. En los hospitales, se celebraba Misa y se daba la Eucaristía durante las jornadas más durs. Los sacerdotes han organizado conferencias, celebrado Misa y  rezado rosarios en Internet, han creado cocinas comunitarias de las que los voluntarios salían para entregar las comidas en las casas.

Del mismo modo, Iquitos, ciudad de 380.000 habitantes y un centro estratégico situado en el corazón del Amazonas, carecía de tanques de oxígeno y gracias a una campaña de solidaridad iniciada por el Vicariato Apostólico, se construirá una fábrica para producirlos.

“La Iglesia se ha convertido en un centro de animación en los barrios y en la ciudad”, concluye el arzobispo de Lima. “No somos una ONG, sino un testigo de la presencia del Señor, cuyo Espíritu despierta la creatividad y la solidaridad humana y social en una situación de emergencia”, puntualiza.

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Larissa I. López

Larissa I. López es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Sevilla, Máster en Artes de la Comunicación Corporativa y Doctora en Comunicación por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Su trayectoria profesional ha transcurrido entre el ámbito de la comunicación y el de la docencia. Como redactora, ha colaborado con medios como Aceprensa, Pantalla 90 o CinemaNet. Como profesora, por su parte, ha impartido clases en la universidad y en centros de FP y bachillerato. En estos últimos realizaba también tareas relacionadas con la comunicación (redes sociales y edición de contenidos). Cordobesa de nacimiento también ha vivido en Sevilla, Madrid y Roma.

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