Despidiendo al padre Bachi

Padre Bachi (derecha) celebrando la Eucaristía (C) Virginia Bonard

Despidiendo al padre Bachi

Cura villero fallecido por COVID-19

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(Buenos Aires – 8 sept. 2020).- El pasado 29 de agosto falleció por COVID-19 el padre Bachi, sacerdote paraguayo-argentino Basilicio “Bachi” Brítez. Vivía y era párroco en una villa, un barrio popular muy muy humilde: Villa Palito en San Justo, en el gran cordón urbano que rodea la capital argentina.

Pero, ¿por qué le estamos poniendo la lupa a esta partida, si tantos han muerto víctimas de la pandemia que azota el globo sin distinciones?

El Papa Francisco tuvo, como obispo y cardenal, una cercanía grande y profunda con los sacerdotes que eligieron dar servicio en esas barriadas donde, aún hoy, falta de todo: agua, cloacas, las casas son precarias, todos los días hay que luchar para llevar el pan a la mesa. Muchas de esas barriadas estuvieron y están pobladas por hermanos llegados a la Argentina desde países vecinos como el Paraguay.

Cuando se enteró de la noticia, Francisco le envió una carta al vicario para las villas porteñas, monseñor Gustavo Carrara: “En este momento de dolor y tristeza del pueblo de Dios que vive en los barrios y en las villas de Gran Buenos Aires quiero asegurar mi cercanía y mi oración. Rezo por el padre Bachi, por su obispo, por el pueblo fiel al que dedicó su vida, por vos y todos los curas villeros”. Cuánto que conoce el Papa a estos curas, a estos vecinos, sus vidas.

De Paraguay a Argentina

El padre Bachi llegó de niño a Buenos Aires desde su Villa Rica natal en Paraguay y se instaló junto a su familia en una villa de la capital en el año 1971. Su papá Basilicio era zapatero y su mamá Julia trabajaba como empleada doméstica. Al erradicarse ese barrio sus padres migraron a Villa Palito, en el Gran Buenos Aires. En ese barrio Bachi encontró su vocación y fue párroco en la iglesia San Roque González y compañeros mártires, en ese barrio fundó el Hogar de Cristo donde “recibía la vida como viene” acompañando a los hermanos en situación de sufrimiento por consumo de drogas, fue él quien llevó el agua potable a los vecinos fomentando el criterio de integración urbana de los barrios populares periféricos a las urbes más consolidadas.

Bachi formaba parte del Equipo de Sacerdotes de Villas de Emergencia y Barrios Populares de Capital y Gran Buenos Aires, equipo tan sólido en lo social como en lo espiritual: la Virgen siempre primero. Su amada Virgencita de los Milagros de Caacupé estaba presente en su vida como una más, dando amparo y esperanza en cada decisión, en cada paso de su compromiso con el barrio. También integraba la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia, organismo de la Conferencia Episcopal Argentina.

Bachi y su sonrisa

padre BachiAmbos espacios eclesiales se pronunciaron conjuntamente: “Hoy, 29 de agosto, falleció el padre Bachi. Basilicio Brítez, su nombre completo. Bachi para todos. Bachi y su poncho. Bachi y su sonrisa. Amigable y amigazo, estaba enfermo de COVID-19, agravado por sus enfermedades de base. Dio su batalla hasta el final y fue acompañado por la oración de todos los que lo conocían en las parroquias de las villas matanceras y de las comunidades de Añatuya. Su vida compartida y entregada en su entrañable Villa Palito, su compromiso personal y comunitario con el Equipo de Curas de Villas y su presencia tan testimonial en la Comisión de Pastoral de Adicciones hacen que estas palabras escritas en su recuerdo sean asumidas por ambos espacios de nuestra Iglesia argentina. Gracias, Bachi, por unirnos hasta el final en este mundo que, para vos, ya es eternidad junto al Padre. Querido samaritano, que la Virgen de Caacupé te reciba y abrace en tu nueva casa donde todo es luz”.

Despedida multitudinaria

La despedida de su barrio fue multitudinaria. Desde los altoparlantes que acompañaron el cortejo se escucharon el Himno a Nuestra Señora de Caacupé y canciones religiosas paraguayas que armonizaban arpas y guitarras. El pueblo, su pueblo, lo aclamó: “Bachi no te vas”.

El padre Nicolás “Tano” Angelotti, sacerdote villero también en San Justo, lo describe así: “Bachi recibió la vida como venía, le hizo lugar en su casa, la sentó en su mesa y la hizo su Familia. Hizo carne esa linda parte del Evangelio en donde Jesús nos dice: cuando des un banquete no invites a tus vecinos ricos porque ellos tienen cómo recompensarte. Cuando des un banquete, invita a los pobres, los lisiados, ciegos, y así serás dichoso. Porque aunque ellos no puedan devolverte la invitación, tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos. Es por eso que la vida de Bachi nos muestra en estos barrios cómo se vive el evangelio de Jesús, creemos firmemente que es un ‘santo de la puerta de al lado’, pastor de ovejas perdidas con entrañas de buen samaritano, Padre de hijos que pegan la vuelta a su casa. ‘Santo de la puerta de al lado, santito de Dios’, de corazón grande, soñador, buscador, atrevido, que primereaba, empujaba, le ardía  el pecho, le dolía en su carne y lo consumía el amor por su pueblo”.

“Se fue un santo”

Su papá, sus cinco hermanos, sus veintiún sobrinos y nueve sobrinos nietos pueden estar muy orgullosos de su Bachi. “Se fue un santo”, dijo una religiosa al despedirlo en el sanatorio en el que falleció. Un médico que lo trató durante su internación reconoció haber vuelto a rezar de solo mirarlo cuando estaba dormido y de ser testigo de su lucha cuando despertaba “y parecía un león”. Julia, su mamá, ya se abraza con su hijo en la eternidad: murió el martes 1 de septiembre, casi como un signo que cada uno sabrá enriquecer.

¡Tereho porãite, pa’i Bachi! ¡Aguije nde rekovere!

¡Buen viaje, padre Bachi! ¡Gracias por tu vida!

Virginia Bonard 

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Redacción zenit

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