San Cosme y Damián

San Cosme y Damián (C) El pan de los pobres

San Cosme y san Damián, intercesores en tiempos de pandemia

Fueron “inquebrantables en su fe”

Share this Entry

(zenit – 24 sept. 2020).- Hoy se celebra la fiesta de san Cosme y san Damián, mártires, dos hermanos gemelos que servían a la gente del pueblo como médicos. El padre Carlos Gómez- Ruiz, relata la historia de estos dos santos y su poder de curación, a los que se puede recurrir como intercesores en estos tiempos de pandemia.

***

Una oración que pide la intercesión de san Cosme y san Damián señala que fueron “inquebrantables en su fe, invencibles en su heroísmo, para llevar salud por sus heridas a las dolencias humanas”.

La preocupación de Jesús por el sufrimiento de sus hermanos y hermanas sirve de recordatorio a todos los cristianos de hoy de que la salvación es para la persona humana en su integralidad, en su compuesto de cuerpo y alma. Esta misma preocupación por la salud de los creyentes caracterizó la vida de los santos Cosme y Damián.

En la persecución de Diocleciano, a inicios del s. IV, los dos hermanos gemelos sufrieron diversos tormentos hasta que finalmente murieron en Ciro (hoy en Siria): fueron cargados de cadenas, encarcelados, torturados con agua y fuego, crucificados y hasta asaeteados, pero por auxilio divino no fueron experimentando ningún daño en cada suplicio hasta que acabaron siendo decapitados por sus perseguidores.

La comunidad cristiana siempre guardó el recuerdo de su muy distinguido servicio como médicos, porque tanto por sus conocimientos en medicina como por la gracias de Cristo, curaban hasta aquellas enfermedades catalogadas como incurables, siempre sin exigir lo que hubieran sido sus justos y correspondientes honorarios por sus servicios, gesto por el cual entraron a formar parte de los santos calificados de anárgiros (literalmente, sin plata), –el grupo de los santos que en vida no han aceptado ningún pago por sus buenas obras–.

Seguramente a este recuerdo abonó el hecho de haber sido siempre poderosos intercesores, casi como médicos sobrenaturales, que a través de su intercesión alcanzaban de Dios las sanaciones milagrosas que necesitaban aquellos que los invocaban.

Culto en la Antigüedad

Suele citarse el testimonio de san Gregorio de Tours quien asegura que: “Muchos refieren también que estos Santos se aparecen en sueños a los enfermos indicándoles lo que deben hacer, y luego que lo ejecutan, se encuentran curados. Sobre esto yo he oído referir muchas cosas que sería demasiado largo de contar, estimando que con lo dicho es suficiente” (Liber in gloria martyrum).

Las numerosas iglesias que se erigieron en honor suyo también testimonian el culto a estos santos gemelos médicos. El último teólogo destacado de la escuela de Antioquía, el obispo Teodoreto de Ciro, la ciudad de su martirio, menciona la existencia de una suntuosa basílica dedicada a ellos en el siglo V. Otras dos iglesias en honor suyo se levantaron en Constantinopla, que para entonces era la capital del Imperio, y luego les fueron dedicadas allí otras dos y una más en Panfilia en tiempos de Justiniano (entre los años 527-565).

El Martirologio recuerda la devoción del obispo san Sabas (+ 531) quien convirtió la casa de sus padres en una basílica en honor de ellos, en Matalasca de Capadocia. También fueron patrones del hospital de Edesa (año 457). Igualmente, se les dedicaron templos en Jerusalén y se decía que en Mesopotamia estaban enterrados en dos iglesias diferentes.

Su devoción entre los coptos fue siempre muy ferviente, hasta se le dedicó un templo en Egipto a san Cosme. El diácono Esteban les erigió en Bizona (Escitia) una iglesia.

Aparecen representados en un mosaico de la iglesia de San Jorge de Tesalónica con el calificativo de mártires y médicos. Su santuario en Egea, una diócesis hoy suprimida en Cilicia, vio nacer la leyenda “árabe” que relata en dos textos los sufrimientos que padecieron en sus martirios.

En la Iglesia occidental, san Fulgencio promovió su culto en Cagliari (Cerdeña). En Rávena están representados en mosaicos de los siglos VI y VII. En Roma llegaron a tener dedicadas más de diez iglesias, de las cuales solo una, la más célebre, existe hasta el día de hoy en la vía Sacra del Foro, que fue anteriormente la basílica de Rómulo y Templum sacrum Urbis, restructurada por Urbano VIII en 1631. San Francisco comprendió que Cristo crucificado le llamaba a reconstruir la Iglesia universal, reconstruyendo precisamente la iglesia de San Damián en Asís.

Textos litúrgicos

Fue papa Gregorio II quien les asignó, además de la fecha de su memoria en el calendario, una estación cuaresmal (jueves III de Cuaresma), justo en medio de los cuarenta días de preparación para la Pascua. El texto de la misa cuaresmal para dicha estación, todavía hoy, juega con la palabra salus (que puede significar tanto “salvación” como “salud”) en la oración colecta y en la oración después de la comunión.

Sus nombres han sido invocados en la liturgia infinidad de veces cada día desde el siglo VI. Aparecen en las letanías de los Santos del Gradual, a cantarse en las ocasiones más solemnes e importantes, como la Vigilia Pascual, los bautismos y las ordenaciones, las bendiciones de abades y abadesas, asimismo en la consagración perpetua de los religiosos o el rito de la dedicación de cualquier iglesia y también en las canonizaciones, en los ritos de elección de un nuevo Papa y en los funerales.

El canon romano de la Misa (hoy “Plegaria Eucarística I”) menciona después de los Apóstoles a doce mártires, concluyendo la lista exactamente con sus nombres: Cosme y Damián.

Patronazgo y milagros de curación

San Cosme y san Damián son patronos de los médicos, particularmente cirujanos, así como de los farmacéuticos, dentistas y barberos.

Pidamos hoy la intercesión de los santos Cosme y Damián con la misma fe del pasado, ¡ésa que arranca los milagros! También hoy, en medio de una crisis sanitaria sin par, pidamos que por mediación de aquellos fueron “inquebrantables en su fe, invencibles en su heroísmo, para llevar salud por sus heridas a las dolencias humanas”, “sea curada nuestra enfermedad”, y que por ellos también “la curación sea sin recaída”.

Share this Entry

Carlos Gómez Ruiz

Apoya ZENIT

Si este artículo le ha gustado puede apoyar a ZENIT con una donación