José Francisco Serrano Oceja es Doctor en Ciencias de la Información. Foto: Archivo.

«La retórica nos enseña cómo comunicar las ideas y a tenerlas claras y distintas», afirma Serrano Oceja

«Es cierto que la retórica es el arte de la persuasión, pero yo la entiendo como la base y el fundamento de la comunicación.»

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Por: Luis Xavier Moxó (corresponsal en España)

En su perfil de ABC, José Francisco Serrano Oceja, se presenta así: Doctor en Ciencias de la Información, estudié Periodismo, Filosofía, Teología y más de la mitad de los créditos de Derecho Canónico. Salamanca, Madrid, Roma. Periodista, al fin y al cabo, observo en silencio, cuento historias y comparto ideas apasionantes. Lector compulsivo. Profesor Titular en la Universidad CEU San Pablo. Recientemente ha publicado en CEU Ediciones “Consejos para hablar en público. Retórica para universitarios” y le hemos entrevistado.

Pregunta: Cuando hoy se habla de retórica parece que nos referimos exclusivamente a deleitar, persuadir o conmover mediante unas herramientas o técnicas literarias, casi mágicas o automáticas, o como si la redujéramos a una figura o detalle más, como las acciones, gestos, tono de voz y soportes o dispositivos a utilizar en la expresión oral.  Pero, Dr. Serrano, se trata de algo más la expresión correcta de pensamientos y sentimientos, ¿verdad?

Respuesta: La retórica tiene una inmerecida mala fama en algunos ambientes sociales. Cuando se dice de alguien que es un retórico se quiere decir que es un artificial, que intenta ocultar o envolver algo. Es cierto que la retórica es el arte de la persuasión, pero yo la entiendo como la base y el fundamento de la comunicación. Si nos preguntamos cuál debe ser el referente originario del periodismo, como técnica de interpretación y transmisión del conocimiento social, yo diría que la retórica. De hecho, me gustaría que, en el primer curso de cualquier rama de la comunicación, los estudiantes aprendieran primero la teoría y la práctica de la retórica para apuntalar bien los procesos comunicativos posteriores.  Aunque no debemos olvidarnos que la retórica, que nos enseña cómo comunicar ideas, también nos ayuda a tener ideas claras y distintas, y eso parece ahora lo más complicado.

Pregunta: Algunos profesores de universidad me han comentado que a muchos de sus alumnos les cuesta expresarse con claridad, didácticamente, de forma amena y sin aburrir, sabiendo captar la atención, con un buen ritmo, de forma estructurada, usando apropiadamente términos académicos o profesionales y no tanto coloquiales, yendo a lo esencial… ¿cuáles son, a su juicio, las principales carencias de la expresión oral (y escrita) en universitarios?

Respuesta: La primera y principal carencia es saber pensar, la lógica y la dialéctica. Es decir, tener una mente crítica que nos permita un juicio cierto sobre la realidad, que nos facilite descubrir las falacias del pensamiento y de la acción verbal, por ejemplo. Para esto hay que leer mucho, y escribir más y conversar, y debatir, y salirse de las redes que simplifican y no son capaces de ayudarnos a percibir los complejos matices de la realidad.  Antes de llegar a la Universidad se echa en falta un proyecto formativo para los alumnos en retórica y en dialéctica.

Pregunta: ¿Dónde se hace más necesaria la educación de los alumnos universitarios en Retórica, en sus propias exposiciones durante la carrera, en trabajos fin de grado y fin de master…? ¿y cómo su manual pretende contribuir a esta formación?

Respuesta: Aunque este manual, que recoge materiales docentes para la formación de los primeros cursos universitarios, también puede utilizarse en el bachillerato, lo que he pretendido es ofrecer a los estudiantes una mentalidad retórica, una mentalidad persuasiva. He querido que sea como el anzuelo para que los estudiantes se enganchen a lo que tiene que ver con las técnicas y recursos para hacer eficaz su pensamiento, su discurso, su palabra. Lo mismo les sirve para presentar un TFG que para ligar en una discoteca.
En este sentido me gustaría proponer la relación entre la carencia de una adecuada formación retórica de los jóvenes universitarios y la desafección a la política. Propongo también hacer de la retórica el primer paso en la formación de las nuevas vocaciones de políticos.

Pregunta: ¿Cuáles son los autores clásicos que más le han influenciado en su libro? Y más concretamente, ¿en qué le parece aprovechable la contribución de Dale Carnegie («_El arte de hablar en público_»), Juan Antonio Vallejo-Nágera («_Aprender a hablar en público hoy_»), y técnicas actuales como la de Cicero [1], con 26 cartas para analizar, estructurar y escribir discursos efectivos?

Respuesta: En este sentido te diré que, aunque me he subido la carril de los funcionalistas norteamericanos, sigo siendo un entusiasta de la Retórica de Aristóteles, Del Orador de Cicerón, y de las Instituciones retóricas de Quintiliano de Calahorra. En mis cursos del Doctorado en Comunicación Social del CEU leo cooperativamente con mis alumnos, de diversas procedencias intelectuales y profesionales, la Retórica de Aristóteles en contexto del pensamiento postmoderno. Y no veas las sorpresas que nos llevamos.

Pregunta: ¿Puede darnos tres consejos para practicar una mejora de la habilidad de expresión oral (y escrita) para ser persuasivos, y otros tres sobre lo que se debe evitar?

Respuesta: Pues muchos. Quizá: 1) Para hablar bien tiene antes que pensar bien. 2) Di lo que va a decir, dilo, di lo que has dicho y cállate. 3) Mira a los ojos a tu interlocutor. 4) En la Retórica la clave es el yo que se convierte en nosotros…

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Luís Javier Moxó Soto

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