"Peor que esta crisis, es solamente el drama de desaprovecharla" Papa Francisco. Foto: Vatican media.

Cinco lecciones que, según el Papa, nos deja la pandemia

El Papa Francisco leyó un mensaje a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia para la Vida.

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Por: Jorge Enrique Mújica, LC

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 27.09.2021).- En un encuentro con los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia para la Vida, el Santo Padre aprovecho el tema de la asamblea (“La salud pública en el horizonte de la globalización”) para desarrollar algunas lecciones que nos deja la pandemia pues, como él mismo dijo, “es imprescindible reflexionar con calma para examinar en profundidad lo que ha ocurrido y ver el camino hacia un futuro mejor para todos” pues «peor que esta crisis, es solamente el drama de desaprovecharla».

A continuación cinco lecciones que el mismo Papa desarrolló en el dircurso:

1º La decisión de cómo salir de la pandemia está en nuestras manos

estamos agotados por la pandemia de Covid-19 y la inflación de argumentos suscitados: ya casi no queremos oír hablar de ello y tenemos prisa por pasar a otros temas. (…) Sabemos que de una crisis no salimos iguales: o salimos mejores, o salimos peores. Pero no iguales. La decisión está en nuestras manos. Y, repito, peor que esta crisis es sólo el drama de desaprovecharla. (…) Me parece sabia y oportuna la dinámica de discernimiento según la cual (…) en primer lugar se escucha atentamente la situación, para poder favorecer una verdadera conversión y llegar a decisiones concretas para salir mejores de la crisis.

2º Somos interdependientes

La crisis pandémica ha puesto de manifiesto qué profunda es la interdependencia tanto entre nosotros como entre la familia humana y la casa común. Nuestras sociedades, especialmente en Occidente, han tendido a olvidar esta interconexión. Y las amargas consecuencias están ante nuestros ojos. Por lo tanto, es urgente invertir esta tendencia perjudicial en este cambio de época, y es posible hacerlo mediante la sinergia entre diferentes disciplinas: biología e higiene, medicina y epidemiología, pero también economía y sociología, antropología y ecología. El objetivo no es sólo comprender los fenómenos, sino también identificar los criterios tecnológicos, políticos y éticos de actuación en relación con los sistemas sanitarios, la familia, el trabajo y el medio ambiente.

3º La vulnerabilidad y precariedad de todos los días

Pensemos en el impacto devastador de ciertas enfermedades como la malaria y la tuberculosis: la precariedad de las condiciones higiénicas y sanitarias causa cada año en el mundo millones de muertes evitables. Si comparamos esta situación con la preocupación causada por la pandemia de Covid-19, vemos que la percepción de la gravedad del problema y la correspondiente movilización de energía y recursos es muy diferente. Por supuesto, hacemos bien en tomar todas las medidas para contener y superar el Covid-19 a nivel mundial, pero esta coyuntura histórica en la que nuestra salud se ve amenazada de cerca debería hacernos conscientes de lo que significa ser vulnerable y vivir en la precariedad a diario. Así podríamos también responsabilizarnos de las graves condiciones en las que viven otras personas y por las que hasta ahora nos hemos interesado poco o nada. Aprenderíamos a no proyectar nuestras prioridades sobre poblaciones que viven en otros continentes, donde otras necesidades son más urgentes; donde, por ejemplo, no sólo faltan las vacunas, sino también el agua potable y el pan de cada día. No se sabe si reír o llorar, a veces llorar, cuando escuchamos a los gobernantes o a los líderes comunitarios aconsejar a los habitantes de las chabolas que se higienicen varias veces al día con agua y jabón… Pero, vaya, tú nunca has estado en una chabola: allí no hay agua, no conocen el jabón. «¡No, no salgáis de casa!»: pero allí la casa es todo el barrio (…).

4º. Víctimas de la cultura del descarte en el aborto

“Me gustaría mencionar que somos víctimas de una cultura del descarte. (…) ahí está el descarte de los niños que no queremos recibir, con esa ley del aborto que los envía al remitente y los mata directamente. Y hoy en día esto se ha convertido en una forma «normal», un hábito que es muy feo, es realmente un homicidio, y para entenderlo bien quizás nos ayude hacernos una doble pregunta: ¿es justo eliminar, quitar una vida humana para resolver un problema? ¿Es justo contratar a un sicario para resolver un problema? Esto es el aborto.

5º Víctimas de la cultura del descarte en los mayores

Y luego, por otro lado, los mayores: los mayores también son un poco material de descarte, ¿no?, porque no sirven para nada… Pero son sabiduría, son las raíces de la sabiduría de nuestra civilización, y esta civilización los descarta. Sí, incluso en muchos lugares existe la ley de la eutanasia «encubierta», como yo la llamo: es la ley de «los medicamentos son caros, sólo se da la mitad», y esto significa acortar la vida de los ancianos. Con esto negamos la esperanza: la esperanza de los niños que nos traen la vida que nos hacen salir adelante, y la esperanza que está en las raíces que nos dan los mayores. Descartamos ambos. Y luego, ese descarte cotidiano, esa vida se descarta. Tengamos cuidado con esta cultura del descarte: no es un problema de una ley u otra, es un problema de descarte. Y en esa dirección vosotros, los académicos, las universidades católicas e incluso los hospitales católicos no podéis permitiros el lujo de ir. Este es un camino que no podemos recorrer: el camino del descarte.

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Redacción Zenit

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