Max Pavillaux es un niño que vive desde hace algunos meses en la zona rural de ciudad bonaerense de Suipacha, Argentina Foto: AICA

Max, el niño argentino que caminó 11 km para recibir sacramento de la Confirmación

La noche anterior al día agendado para su confirmación, el 11 de noviembre, comenzó a llover fuertemente, lo que hizo que sus padres se preocuparan pues temían que no pudieran asistir a la misa el día siguiente. Y eso fue lo que sucedió. A la mañana siguiente no había medios de transporte que pudieran llevar a Max a su Confirmación. Ni siquiera el tractor lo podría llevar porque se había roto esa semana. Todo jugaba en contra de Max.

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(ZENIT Noticias / Buenos Aires, 09.01.2024).- Max Pavillaux es un niño que vive desde hace algunos meses en la zona rural de ciudad bonaerense de Suipacha, Argentina, y quien durante el año 2023 se estuvo preparando para recibir el sacramento de la Confirmación impartido por el Obispo de la diócesis.

Dado que su casa se encuentra bastante lejos de la parroquia a la que pertenece, había estado recibiendo la formación de su catequista a distancia para prepararse a recibir su Confirmación.

La noche anterior al día agendado para su confirmación, el 11 de noviembre, comenzó a llover fuertemente, lo que hizo que sus padres se preocuparan pues temían que no pudieran asistir a la misa el día siguiente. Y eso fue lo que sucedió. A la mañana siguiente no había medios de transporte que pudieran llevar a Max a su Confirmación. Ni siquiera el tractor lo podría llevar porque se había roto esa semana. Todo jugaba en contra de Max.

Los caminos estaban llenos de fango y la distancia para llegar a la Iglesia era cercana a 11 km.

Cuando sus padres se percataron de que no habría otra solución, le propusieron a Max que la única alternativa, si es que quería hacer su Confirmación ese día, sería caminar 11 km hasta la Iglesia. Y Max aceptó.

Aquella mañana se levantaron a las 7 de la mañana para llegar al lugar en punto de las 10.30, hora marcada para el inicio de la ceremonia, y contra todo pronóstico, Max pudo ser confirmado ese día.

Eva, su catequista, lo recibió ese día con lágrimas en los ojos, envió su historia al Vaticano y desde allá escribieron a nombre del Papa felicitando a Max por su determinación y mandándole su bendición papal.

Al ser entrevistados, él y su familia expresaron la alegría de poder tener esta experiencia.

Max demostró con su pequeño testimonio lo que significa tener sed de Dios. En la homilía de ese día, el sacerdote destacó su actitud como un ejemplo a seguir.

 

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Dante Alba, LC

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