Papa León visita la tumba de San Francisco Foto: Vatican Media

León XIV aprueba un año jubilar por 800 años de muerte de San Francisco: esto es lo que debe saber

Como parte de las celebraciones del centenario, la Santa Sede también ha anunciado una oportunidad excepcional para la veneración: del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026, el cuerpo de San Francisco será exhumado de su cripta

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(ZENIT Noticias / Roma, 17.01.2026).- El Papa León XIV ha proclamado un Año Jubilar especial dedicado a San Francisco de Asís, conmemorando el 800 aniversario de su muerte. La iniciativa, que se extenderá del 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027, se concibe no como una mera conmemoración, sino como un camino espiritual global destinado a renovar la santidad, la reconciliación y la paz en un mundo fracturado.

La decisión se formalizó mediante un decreto de la Penitenciaría Apostólica, publicado el 16 de enero y firmado por el cardenal Angelo De Donatis, Penitenciario Mayor, junto con Monseñor Krzysztof Józef Nykiel, Regente del dicasterio. El documento establece las condiciones bajo las cuales los fieles pueden obtener la indulgencia plenaria durante el Año Franciscano, extendiendo una práctica profundamente arraigada en el legado espiritual del «Pobre de Asís».

Según el decreto, la indulgencia se concede bajo las condiciones canónicas habituales: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Romano Pontífice. Como es costumbre en estos jubileos, la indulgencia también puede aplicarse como sufragio por las almas del Purgatorio. Lo que distingue a esta iniciativa es su amplio alcance: está abierta no solo a los miembros de las familias franciscanas —de la Primera, Segunda y Tercera Órdenes, tanto regulares como seculares—, sino a todos los fieles, sin distinción, que participen con sincero desapego del pecado.

Para recibir la indulgencia, se invita a los peregrinos a visitar cualquier iglesia conventual franciscana o cualquier lugar de culto dedicado a San Francisco, en cualquier parte del mundo. Allí, se les pide que participen en los ritos jubilares o que dediquen un tiempo apropiado a la oración y la meditación, concluyendo con el Padrenuestro, el Credo e invocaciones a la Virgen María, San Francisco, Santa Clara y los santos de la familia franciscana. El decreto vincula explícitamente estos actos de devoción a intenciones concretas: que los corazones se conmuevan hacia la caridad cristiana y los auténticos deseos de concordia y paz entre los pueblos.

Como muestra de sensibilidad pastoral, la Santa Sede ha dispuesto una disposición especial para quienes no pueden realizar una peregrinación. Las personas mayores, los enfermos, los cuidadores y todos aquellos que, por razones graves, no pueden salir de sus hogares, también pueden obtener la indulgencia plenaria. Se les invita a unirse espiritualmente a las celebraciones jubilares, ofreciendo a Dios sus oraciones, sufrimientos y pruebas diarias, con la intención de cumplir las condiciones habituales tan pronto como las circunstancias lo permitan.

La Penitenciaría Apostólica sitúa este Jubileo Franciscano como una «continuación ideal» del Jubileo Ordinario de 2025, cuyos frutos espirituales, señala, siguen siendo «actuales y eficaces». El Año de San Francisco se presenta así como una prolongación más que como una ruptura: un paso de la esperanza redescubierta a la caridad vivida, de la peregrinación al testimonio evangélico concreto. La fecha es deliberada. El año 2026 es la culminación de un ciclo franciscano más amplio que ya ha marcado varios octavos centenarios: el primer pesebre en Greccio, la composición del Cántico de las Criaturas y la recepción de los estigmas en el Monte La Verna, dos años antes de la muerte de Francisco en octubre de 1226.

Más allá de las normas canónicas y las prácticas devocionales, el Jubileo se plantea como una respuesta a las crisis contemporáneas. En la reflexión del decreto sobre la figura de Francisco —hijo de un rico comerciante y posteriormente testigo radical de la pobreza y la humildad—, el santo es descrito como un alter Christus, cuya vida ofrece modelos tangibles y perdurables de autenticidad evangélica. El texto insiste en que la época actual no es diferente a la de Francisco: una época en la que la caridad se enfría, el conflicto social se vuelve habitual y la paz se muestra cada vez más frágil. En este contexto, el mensaje franciscano, lejos de ser anacrónico, adquiere una renovada urgencia.

Este énfasis se reflejó en una carta que el Papa León XIV dirigió el 7 de enero de 2026 a los ministros generales de la Familia Franciscana. En ella, el Papa subrayó que la paz no es fruto únicamente de acuerdos técnicos ni de cálculos humanos, sino un don de Dios que debe recibirse con humildad. Señaló el tradicional saludo franciscano, «El Señor les dé la paz», como el núcleo de una experiencia evangélica que se dirige directamente a un mundo marcado por lo que denominó «guerras aparentemente interminables» y profundas fracturas sociales. La verdadera paz, escribió el Papa, es inseparable de la reconciliación con Dios, la armonía entre las personas y el respeto por la creación.

Las celebraciones jubilares comenzaron solemnemente en la Basílica de Santa María de los Ángeles en Asís, en la Porciúncula, el lugar más íntimamente vinculado a los últimos años de Francisco. La ceremonia inaugural fue presidida por Fray Francesco Piloni, Ministro Provincial de los Frailes Menores de Umbría y Cerdeña, junto con los seis ministros generales en representación de las diversas ramas de la Familia Franciscana, incluyendo a los Frailes Menores, los Conventuales, los Capuchinos, la Orden Franciscana Seglar, la Tercera Orden Regular y la Conferencia Franciscana Internacional de Religiosas.

Uno de los momentos más evocadores de la inauguración se produjo cuando el arzobispo saliente de Asís, Domenico Sorrentino, y el alcalde de la ciudad, Valter Stoppini, encendieron juntos una vela con la llama pascual y llevaron su luz por la basílica. El gesto recordó la histórica reconciliación entre las autoridades civiles y eclesiásticas en la época de Francisco, un recordatorio simbólico de que la paz debe construirse superando las divisiones institucionales y personales.

Como parte de las celebraciones del centenario, la Santa Sede también ha anunciado una oportunidad excepcional para la veneración: del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026, el cuerpo de San Francisco será exhumado de su cripta para permitir a los fieles un acceso más cercano durante este período crucial del año jubilar.

Las celebraciones concluyeron con una oración propuesta por el Papa León XIV, invocando a San Francisco como intercesor para que los cristianos se conviertan en «artesanos de la paz» y «testigos inermes» del Evangelio. La oración pide la valentía de tender puentes allí donde el mundo erige barreras e insiste en que la verdadera reconciliación se mide por los muros que derriba.

Al proclamar este Año Jubilar, la Iglesia señala que el octavo centenario de la muerte de San Francisco no pretende ser un ejercicio retrospectivo de nostalgia. Más bien, se presenta como un llamado a mirar hacia el futuro: traducir uno de los legados espirituales más conmovedores del cristianismo en gestos concretos de paz, misericordia y respeto por la dignidad humana en las complejidades del mundo contemporáneo.

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Valentina di Giorgio

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