(ZENIT Noticias / Ciudad de México, 26.01.2026).- La organización social religiosa CUBI se inspira en la Doctrina Social de la Iglesia. Es ella la que organiza la Marcha Nacional Juvenil a Cristo Rey el sábado 31 de enero en el Cerro del Cubilete, situado en el Estado de Guanajuato y centro geográfico de México. 45.000 jóvenes católicos de todo el país participarán bajo el lema “Donde hay cruz nace la gloria”.
La marcha fue propuesta por el Movimiento Familiar Cristiano para renovar la fe, fortalecer la comunidad y celebrar la esperanza que nace del sacrificio y la unidad. La fecha conmemora los 100 años del inicio de la Guerra Cristera, también conocida como Cristiada.
El 12 de enero en conferencia de prensa, los organizadores informaron que la noche del viernes 30 de enero a las 10:00 pm, se realizará el Cubifest, encuentro juvenil en la comunidad de Aguas Buenas, a las faldas del cerro, y se prolongará toda la noche con la participación de bandas nacionales.
Los peregrinos tendrán acceso al sacramento de la reconciliación administrado por sacerdotes procedentes de todo el país y se instalarán en espacios de convivencia y animación.
Al amanecer del sábado 31 de enero habrá una Hora Santa con adoración al Santísimo y a las 7:00 am iniciará el ascenso hacia el Monumento a Cristo Rey. La culminación será la Santa Misa al mediodía en la cima del Cubilete, presidida por el Nuncio Apostólico en México, Mons. Joseph Spiretti, y concelebrada por el Arzobispo de León, Mons. Jaime Calderón Calderón, junto a otros obispos y sacerdotes.
Durante la conferencia de prensa, líderes de la agrupación Testimonio y Esperanza que dirigirán la logística de la marcha, señalaron que desean resaltar la “censura sutil pero creciente” contra las expresiones católicas. Mencionaron ataques a templos, aumento de asesinatos de sacerdotes en los últimos años e “intentos de reformas que buscan limitar la vida religiosa” que manifiestan algunas señales de censura.
Esta peregrinación juvenil en el centenario del inicio de la Guerra Cristera recuerda un episodio significativo de la historia religiosa y social de México. El conflicto se originó tras la entrada en vigor la llamada “Ley Calles” el 31 de julio de 1926, que endureció las restricciones contra la actividad de Iglesia y la suspensión del culto público como respuesta del episcopado mexicano.
Luego vino el levantamiento armado espontáneo de católicos en distintas regiones del país. El conflicto concluyó formalmente el 21 de junio de 1929, aunque la persecución y los asesinatos contra cristeros se prolongaron por varios años más.
La marcha indica que la “persecución” sigue hoy según Testimonio y Esperanza que advierte: “Levantamos la voz ante una realidad que hiere profundamente el alma de México. Vivimos tiempos en los que se intenta silenciar la fe, acallar a los pastores y relegar a Cristo al ámbito privado, como si la fe fuera un estorbo en la vida pública”. Un dato se manifestó en las demandas presentadas a la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación contra la instalación de nacimientos por parte de municipios en Yucatán, según informó Zenit el 4 de julio de 2023. La demanda no prosperó, aunque fue síntoma de posiciones anticatólicas en México. Lo fue también el intento de iniciativa de ley por parte de Morena para imponer censura digital a ministros de culto.
En declaraciones a Aciprensa, Rubén Loya, integrante de Testimonio y Esperanza, comentó que no se conmemora una guerra, sino recordar “el inicio de la resistencia cristera”. Porque, si bien la guerra implica el enfrentamiento armado, “la resistencia va mucho más allá”, que brilló en el testimonio de miles de mártires muertos por su fe y de familias que permanecieron en sus hogares “orando y rezando el rosario para el fin de esa guerra”.
Los sacerdotes continuaron celebrando la Misa y administrando los sacramentos de manera clandestina durante la persecución para mantener la fe y vida cristiana del pueblo. Loya indicó que la conmemoración de los 100 años de la Cristiada es un llamado a la paz y a la unidad, “no como un hito de guerra, sino como un momento en que, como Iglesia, nos volvemos a unir y encontrar el sentido de la trascendencia de lo que hacemos”.
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