(ZENIT Noticias / Roma, 16.07.2026).- La persecución contra cristianos es una realidad incluso en países occidentales de primer mundo. Según la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), los ataques contra lugares de culto cristianos fueron 90 en 2025: se trata de ataques contra iglesias e instalaciones religiosas. No todos ven relevantes estos hechos.
En la última semana de mayo de 2026, se reunieron en Roma representantes de gobiernos, cuerpos policiales, iglesias y organizaciones de la sociedad civil de varios países para comprender mejor los delitos de odio contra los cristianos y proteger a las comunidades. Se dio el caso de una mujer cristiana agredida en España después de que el autor identificara su pertenencia religiosa. En Polonia, un estudio reciente reveló que muchos casos ni siquiera se denuncian a las autoridades: una encuesta expuso que aproximadamente la mitad de los sacerdotes católicos afirmaron haber sufrido agresiones verbales o físicas en el plazo de un año y casi ninguno denunció a la Policía.
En Alemania, la Conferencia Episcopal Católica, poco dada a exagerar en este ámbito, advirtió por Biblias quemadas, estatuas decapitadas y profanaciones de iglesias donde el vandalismo muestra que «han caído todos los tabúes».
Desde varios países europeos se acumulan los informes sobre alumnos cristianos que, en clases mayoritariamente musulmanas, son objeto de acoso o intimidación por su fe. Los conversos desde el islam relatan regularmente amenazas. Muchas iglesias notan creciente autocensura entre los creyentes que prefieren guardar para sí sus convicciones religiosas para evitar conflictos.
Estas dinámicas se perciben en sondeos recientes como el realizado en Alemania donde casi la mitad de los menores de 30 años afirmó las actitudes hostiles hacia los cristianos extendidas en el país o que las fuerzas de la OSCE afirmen que los delitos de odio contra los cristianos constituyen un desafío real y pueden poner en riesgo la seguridad de las comunidades cristianas. Este diagnóstico parece no haber calado en todos los ámbitos de gobierno.
Hay una opinión arraigada por motivos ideológicos de que los delitos de odio o la discriminación solo afectan a las minorías. Así ocurre por ejemplo en España, donde los delitos contra los cristianos no se analizan de forma separada, mientras que los delitos antisemitas y antimusulmanes tienen el tratamiento diferenciado. Los ataques a cristianos se incluyen en la categoría «otros delitos de motivación religiosa», pese a que la regularidad contra ellos registra cifras más altas.
O está el caso de una iglesia en el sur de Francia vandalizada mientras un grupo «antifascista» desafiaba la exhibición de una cruz cristiana: la creciente normalización de ataques a lugares de culto y símbolos católicos por todo el país se percibió el 25 de mayo de 2026, lunes de Pentecostés, cuando la iglesia de Saint-Pierre-ès-Liens en Mérens del municipio de Pont-du-Casse en el departamento de Lot-et-Garonne fue vandalizada con daños al interior del edificio. Y en Comps de Gard una cruz metálica colocada en un saliente rocoso fue acusada por la «Acción Ciudadana Antirracista y Antifascista en Beaucaire» ante la Liga Francesa de Derechos Humanos de discriminatoria.
También en los Pirineos, una cruz levantada en la cima del Aneto por el alpinista francés de 18 años Maël Le Lagadec fue retirada y arrojada desde la cima poco después de su instalación. Los alpinistas españoles recuperaron la cruz y la devolvieron a la cima. El episodio se informó como disputa simbólica ante símbolos cristianos en espacios públicos o naturales.
Muchos católicos en Francia perciben estos incidentes recurrentes como un patrón más amplio que afecta al patrimonio religioso del país. El 12 de junio, hubo dos grandes incendios en lugares religiosos históricos con pocas horas de diferencia. La capilla de Sainte-Anne en Trégastel, Bretaña, y el antiguo claustro de la catedral de Condo, en Gers, sufrieron daños estructurales extensos y pérdida de archivos. Y el 9 de junio, la Diócesis de Fréjus-Toulon informó la profanación del santuario de Notre-Dame du Faron contra una estatua de la Virgen María.
La diócesis de Rancagua, ubicada a 70 kilómetros al sur de Santiago de Chile, lamentó “profundamente los incidentes violentos ocurridos la noche del viernes dentro de la parroquia Divino Maestro de Rancagua, mientras la comunidad se encontraba reunida para un momento de celebración y oración». Un ciudadano colombiano resultó herido por impactos de bala al interior de la parroquia mientras participaba en la ceremonia realizada en memoria de su madre, quien había sido asesinada hace un mes en la misma comuna. La víctima se encontraba junto a familiares y cercanos participando en la eucaristía cuando dos individuos encapuchados ingresaron al templo ubicado en calle Marta Brunet y efectuaron múltiples disparos en su contra.
El comunicado diocesano comentó: «Nos preocupa profundamente que la violencia se produzca en entornos que deberían ser signos de paz, acogida y esperanza para las personas. Las iglesias y las comunidades cristianas están llamadas a ser lugares seguros, donde hombres y mujeres puedan reunirse para orar, compartir su fe y fortalecer los lazos que sustentan la vida social».
En México hay libertad de culto y, en principio, no hay odio a la fe. Pero persisten las agresiones y asesinatos contra miembros de la iglesia católica según el Informe 2025 del Centro Católico Multimedial. Se reconoce la disminución reciente de muertes en sacerdotes, pero ha incrementado la violencia contra personas laicas y comunidades, sobre todo porque anteriormente las iglesias y sitios de culto eran “terreno neutro” adonde no llegaban los actos criminales.
El reporte documenta nueve hechos ocurridos entre 2024 y 2025 dentro o junto a lugares religiosos con la pérdida de 32 personas. Hubo 92 agresiones mortales en contra de miembros de la iglesia en 21 Estados de la República, seguidos de impunidad en 80% de los casos y la prevalencia de una “cultura del silencio y terror como ingredientes para la impunidad criminal”.
Zenit sigue este proceso inaudito en el siglo XXI y ya informó el 1 de sept de 2025 que el Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (OLRC) que España vivió un agosto negro contra la Iglesia Católica, con al menos siete ataques a templos en distintas ciudades con 243 actos de vandalismo, profanaciones y agresiones a los fieles que «confirman el aumento de la cristianofobia y la vulnerabilidad de la libertad religiosa en nuestro país» según la presidenta del OLRC, María García. Ante la indiferencia de autoridades y comunicadores, María García señaló: «Sólo visibilizando estos ataques y reaccionando con firmeza podremos garantizar la convivencia y el respeto a la libertad de todos».
Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.




