(ZENIT Noticias / Roma, 13.08.2026).- Durante gran parte del siglo XX, las iglesias figuraron entre las instituciones más confiables de la vida estadounidense. Eran lugares donde los ciudadanos buscaban no solo guía religiosa, sino también liderazgo moral, estabilidad social y sentido de pertenencia a una comunidad. Sin embargo, hoy se ven cada vez más inmersas en una crisis de confianza más amplia que afecta a casi todas las instituciones importantes de Estados Unidos.

Los nuevos hallazgos de la encuesta anual de Gallup de 2026 revelan que solo el 33% de los estadounidenses expresa «mucha» o «bastante» confianza en la religión organizada o la Iglesia. Si bien esta cifra sigue siendo superior a la de muchas instituciones, sitúa a las organizaciones religiosas muy por debajo de los niveles de confianza que alguna vez disfrutaron y solo ligeramente por encima de su mínimo histórico.
Este resultado se produce tras un breve repunte en 2025, cuando la confianza aumentó del 32% al 36%. Dicha recuperación resultó ser temporal. Las últimas cifras sugieren que la desconfianza, más que la confianza, sigue siendo el sentimiento predominante entre los estadounidenses.
El declive es particularmente llamativo si se analiza a largo plazo. Cuando Gallup comenzó a medir la confianza pública en las iglesias a principios de la década de 1970, las instituciones religiosas gozaban de un prestigio extraordinario. En 1975, el 68% de los estadounidenses afirmó tener una confianza sustancial en la Iglesia. Incluso tras periodos de fluctuación, la confianza se mantuvo relativamente fuerte durante décadas.

Una excepción notable se produjo tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Al igual que otras instituciones nacionales, las iglesias experimentaron un aumento en la confianza pública, ya que los estadounidenses buscaban sentido y unidad durante un periodo de trauma nacional. La confianza alcanzó el 60% ese año, la última vez que una proporción tan grande de estadounidenses expresó confianza en la religión organizada.
Para 2009, una estrecha mayoría de estadounidenses, el 52%, aún reportaba altos niveles de confianza. Sin embargo, la tendencia a la baja se aceleró en la década siguiente. En 2018, la confianza cayó por debajo del 40% por primera vez. Si bien hubo fluctuaciones moderadas posteriormente, la trayectoria general ha sido claramente negativa.
Es importante destacar que el declive de la confianza en las iglesias no puede entenderse de forma aislada. La encuesta de Gallup dibuja un panorama de una sociedad cada vez más escéptica respecto a prácticamente todas las instituciones de autoridad. El nivel promedio de confianza en las principales instituciones se sitúa ahora en el 27%, frente al 48% de 1979.

Solo dos instituciones siguen gozando de la confianza de la mayoría de los estadounidenses: las pequeñas empresas, con el 67% de los encuestados, y las fuerzas armadas, con el 61%. Las iglesias, con un 33%, se mantienen por delante de muchos sectores, pero ya no ocupan el lugar destacado que antaño tuvieron en el imaginario nacional.
Los resultados también revelan una profunda división política. Entre los republicanos, el 57% sigue expresando confianza en la Iglesia. Esta cifra desciende al 29% entre los independientes y a tan solo el 17% entre los demócratas.
Esta brecha refleja una transformación más amplia en la vida religiosa estadounidense. Cada vez más, muchos fieles buscan congregaciones cuya cultura política predominante coincida con sus propias ideas. Al mismo tiempo, los estadounidenses que se identifican fuera del espectro republicano tienen estadísticamente más probabilidades de no asistir nunca a servicios religiosos. El resultado es un riesgo creciente de que las iglesias sean percibidas menos como comunidades espirituales abiertas a todos y más como instituciones asociadas a identidades políticas particulares.

Esta polarización representa un serio desafío para las comunidades cristianas. Históricamente, las iglesias solían ser uno de los pocos lugares donde ciudadanos de diferentes clases sociales, orígenes étnicos y opiniones políticas se reunían bajo un mismo techo. Cuanto más refleje la vida religiosa las divisiones políticas, más difícil será mantener ese papel unificador.
La encuesta también pone de relieve importantes diferencias demográficas. Los estadounidenses mayores siguen depositando mucha más confianza en la religión organizada que las generaciones más jóvenes. Entre los adultos de 55 años o más, el 41% manifiesta una confianza sustancial en la Iglesia, frente a solo el 26% entre los menores de 55 años.
El nivel educativo también parece influir en las actitudes. La confianza es mayor entre los estadounidenses con estudios secundarios o menos, con un 36%, y disminuye gradualmente entre quienes tienen una formación académica más avanzada. Los graduados universitarios reportan niveles de confianza de tan solo el 27%.
Por otro lado, los estadounidenses no blancos expresan una confianza ligeramente menor en la religión organizada que los estadounidenses blancos, con cifras del 29% y el 34%, respectivamente.

Para los líderes religiosos, estas cifras plantean interrogantes que van más allá de las estadísticas. El desafío no reside únicamente en la reputación institucional, sino en la credibilidad misma. Muchos estadounidenses desconfían cada vez más de las autoridades de todo tipo, ya sean políticas, mediáticas, económicas, judiciales o religiosas.
Desde una perspectiva católica, estos hallazgos también pueden servir como recordatorio de que la credibilidad no se puede restaurar principalmente mediante campañas de relaciones públicas. Históricamente, la Iglesia ha renovado la confianza de manera más efectiva a través de la santidad, el servicio, la seriedad intelectual, las obras de caridad y la solidaridad visible con las familias, los pobres y los vulnerables. Las instituciones recuperan la confianza cuando las personas encuentran integridad en la práctica, en lugar de promesas en teoría.
Los datos de Gallup sugieren que Estados Unidos está atravesando algo más profundo que una crisis religiosa: una crisis de confianza. Las iglesias siguen estando entre las instituciones más respetadas del país, pero ya no son una excepción. Para las generaciones criadas en medio de la polarización, los escándalos, la fragmentación social y el escepticismo digital, la confianza debe ganarse cada vez más, en lugar de darse por sentada.
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