(ZENIT Noticias – Asia News / Beijingn, 23.07.2026).- Por la mañana del 22 de julio tuvo lugar en la Región Autónoma de Mongolia Interior una nueva ordenación episcopal en virtud del Acuerdo Provisional entre la República Popular China y el Vaticano sobre el nombramiento de obispos.
Mons. Chang Yanfeng, de 42 años, fue ordenado nuevo obispo de la diócesis de Chifeng, cuya sede había estado vacante durante veinte años. La ordenación —dice el boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede— se llevó a cabo después de que «el Santo Padre, con fecha 15 de junio de 2026, lo nombrara obispo, tras aprobar su candidatura en el marco del Acuerdo Provisional entre la Santa Sede y la República Popular China».
Este es el primer nombramiento de un obispo chino en 2026. Las dos últimas ordenaciones fueron la del obispo auxiliar de Shanghái, Mons. Ignacio Wu Jianlin, en octubre del año pasado, y la de Mons. Francisco Li Jianlin, nombrado obispo de la Prefectura Apostólica de Xinxiang, en la provincia de Henan, en diciembre. Ambos prelados habían sido «elegidos» en China durante el período de sede vacante entre la muerte del papa Francisco y la elección del papa León XIV. La semana que viene está prevista otra ceremonia de ordenación episcopal en China.
La ceremonia se llevó a cabo en la iglesia católica del distrito de Hongshan, en la ciudad de Chifeng, y fue presidida por Mons. Meng Qinglu, obispo de Hohhot y vicepresidente de la Asociación Patriótica Católica China; los otros dos consagrantes fueron el obispo de Liaoning, Mons. Pei Junmin, vicepresidente del Consejo de Obispos Católicos de China (órgano colegiado no reconocido oficialmente por la Santa Sede ndr) y el obispo de Ulanqab, Mons. Yao Shun. Según fuentes oficiales, asistieron aproximadamente 400 personas, entre sacerdotes, religiosas y representantes de los fieles.
Mons. Chang Yanfeng —cuyo nombre de bautismo es José— nació el 4 de abril de 1984 en el condado de Weichang, en Chengde, en la provincia de Hebei. De 2000 a 2006 estudió Filosofía y Teología en el Seminario Teológico Católico de Shenyang y fue ordenado sacerdote en noviembre de 2010. Entre 2007 y 2010 continuó sus estudios en la Universidad Católica de Daejeon, en Corea del Sur, donde obtuvo una maestría en Teología Bíblica. Hasta ahora desempeñaba el cargo de director de la Asociación Patriótica Católica de Chifeng, y dirigía de hecho esta Iglesia local. Siguiendo los mecanismos de «autogobierno» impuestos por el Partido, fue elegido obispo designado de Chifeng el 20 de marzo de 2026.
La presencia cristiana en esta región de China se remonta a doscientos años atrás, cuando llegaron los primeros sacerdotes de las Misiones Extranjeras de París hacia 1835, seguidos poco después por los misioneros belgas de Scheut, que antes de ser expulsados por el régimen de Mao desarrollaron una intensa labor pastoral entre las poblaciones mongolas. La Iglesia de Chifeng renació en la década de 1980 después de los sufrimientos de la Revolución Cultural. En 1990, el P. Andreas Zhu Wenyu fue ordenado obispo sin mandato pontificio, pero posteriormente, como muchos obispos chinos, pidió y obtuvo volver a la plena comunión con Roma. Murió en 2006. Actualmente la Iglesia católica de Chifeng cuenta con unos 50 mil fieles a cuya atención pastoral se dedican cerca de 30 sacerdotes y 20 religiosas.
Pero el nombramiento del obispo de Chifeng también reviste especial importancia por otro motivo. La Región Autónoma de Mongolia Interior es una de las zonas más sensibles en relación con el tema de la Ley de la República Popular China para la Promoción del Progreso de la Unidad Nacional, la norma aprobada en marzo y en vigor desde el 1 de julio que impone la llamada sinización en detrimento de la lengua y las culturas de las minorías que viven en China. Como consecuencia de la inmigración masiva de población de etnia han en las últimas décadas, los mongoles representan hoy menos del 20 % de los 25 millones de habitantes de Mongolia Interior, y el mandarín está sustituyendo la enseñanza de su lengua en las escuelas.
Chifeng es una frontera muy significativa en este sentido. La ciudad, de unos 4,6 millones de habitantes —el 80 % de los cuales son de etnia han—, está situada en el sudeste de Mongolia Interior. En mongol se la conoce como Ulanhad (que significa «pico rojo»), y en sus áreas rurales —organizadas en banner, divisiones administrativas tradicionales— hay una presencia significativa de comunidades nómadas, entre las que se destacan las de Aohan y Hexigten. Las profundas raíces de la región en la historia de Mongolia se remontan a la dinastía Liao (916–1125), cuando los nómadas kitán establecieron allí sus capitales.
Se comprende, entonces, hasta qué punto las relaciones entre la población han y los mongoles constituyen un asunto delicado en Chifeng. Y precisamente en la víspera de su ordenación, el nuevo obispo insistió en la necesidad de seguir fielmente las indicaciones que llegan de Beijing sobre este tema. La Asociación Patriótica ha publicado en los últimos días una reseña de la reunión que mantuvo el 30 de junio el P. Chang Yanfeng con los consultores diocesanos y los responsables de los demás organismos eclesiales oficiales.
En el artículo —además de la habitual insistencia en la importancia de “estudiar la normativa y observar la disciplina” que es un mantra recurrente en los documentos de la Asociación Patriótica–, se dedica un apartado específico a la entrada en vigor de la Ley para la Promoción del Progreso y de la Unidad Nacional. “A través del estudio colectivo y del intercambio de reflexiones, todos los participantes han adquirido una profunda comprensión de la gran relevancia jurídica y de la importancia práctica de esta ley —dice la nota— y han coincidido unánimemente en la necesidad de adoptar siempre como principio rector el fortalecimiento de la conciencia de pertenencia a la comunidad de la nación china, respetando conscientemente la ley, estudiándola, observándola y aplicándola, e integrando plenamente el pensamiento y los principios del Estado de derecho en todo el proceso de la labor evangelizadora”.
La comunidad católica de la ciudad de Chifeng –concluye la nota– se ha comprometido a “adaptar activamente” su estilo de trabajo “a las exigencias del trabajo étnico y religioso de la nueva era, promoviendo de forma constante la educación para la unidad nacional y el estudio del derecho, manteniendo una fe y una práctica auténticas, fortaleciendo la unidad de los fieles mediante una disciplina rigurosa y garantizando, a través del Estado de derecho, la armonía, la estabilidad y el buen orden en el ámbito católico”.
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