(ZENIT Noticias / Río de Janeiro, 23.01.2026).- En 2025, el Santuario de Cristo Redentor de Río de Janeiro alcanzó un hito importante: se convirtió no solo en uno de los monumentos religiosos más visitados del mundo, sino también en uno de los centros sacramentales más activos de la Iglesia urbana brasileña. Tras la icónica silueta que domina el horizonte de Río, se despliega un intenso ritmo de vida litúrgica, pastoral y devocional, medible no en fotografías, sino en cifras, personas y ritos.
A lo largo del año, el santuario registró aproximadamente 2300 celebraciones, cifra que incluye bautizos, bodas, misas y peregrinaciones organizadas. Los datos muestran una clara tendencia al alza en comparación con 2024. Las celebraciones eucarísticas aumentaron de 860 a 1036, un incremento de poco más del 20 %. Las peregrinaciones aumentaron de 174 a 204, un 17,24 %. Las bodas aumentaron de 112 a 128, un 14,29 % más. Los bautismos se mantuvieron estables en torno a los 1.000, lo que no indica estancamiento, sino continuidad en un nivel pastoral ya de por sí elevado.
Lo que estas cifras revelan no es simplemente crecimiento, sino transformación. El sitio del Cristo Redentor, considerado durante mucho tiempo principalmente como un destino turístico global, ha consolidado cada vez más su identidad como santuario arquidiocesano en funcionamiento. Se está convirtiendo en un lugar no solo para visitar, sino también para pertenecer; no solo para fotografiar, sino también para rezar, casarse e iniciar a los niños en la Iglesia mediante el bautismo.
El turismo religioso también se intensificó en 2025, difuminando la frontera tradicional entre peregrinación y turismo. Los visitantes llegan por motivos culturales y se van habiendo encontrado una comunidad de fe viva. Esta doble dinámica ha transformado la estructura pastoral del santuario. Según el padre Omar, rector del santuario, el santuario amplió su personal pastoral, aumentando el número de sacerdotes, religiosas y hermanos religiosos encargados de recibir y acompañar a los visitantes.
Esto no es un mero refuerzo logístico. Refleja una visión: el santuario se entiende como un espacio de evangelización, catequesis y santificación, no simplemente de hospitalidad. En términos católicos, el sitio se posiciona como un lugar de gracia sacramental, no solo como patrimonio simbólico. El monumento físico se convierte en un instrumento pastoral.
La estrategia pastoral se hace visible en la distribución de las celebraciones por todo el complejo. Las liturgias y los sacramentos se llevan a cabo no solo al pie de la estatua, sino también en la Capilla de Nuestra Señora de Aparecida —el santuario mariano nacional de Brasil en microcosmos— y en la Capilla de Adoración Laudato Si’, cuyo nombre hace referencia a la encíclica ecológica del Papa Francisco y vincula el culto con el cuidado de la creación. De este modo, el santuario integra la devoción, la vida sacramental y la doctrina social católica contemporánea en un único ecosistema espiritual.
Un avance especialmente significativo se produjo en diciembre con la inauguración de la «Sala de la Gratitud». Este espacio institucionaliza una práctica devocional profundamente arraigada en la cultura católica, pero a menudo malinterpretada por los observadores modernos: la ofrenda de exvotos. El término proviene del latín ex voto suscepto, que significa «por un voto cumplido», y se refiere a objetos tangibles que se dejan como testimonio de oraciones respondidas. Fotografías, cartas, objetos personales y testimonios escritos llenan ahora este espacio, formando un archivo vivo de la fe popular. En términos teológicos, los exvotos no son superstición, sino teología narrativa: historias personales de sufrimiento, esperanza y la percepción de la intervención divina materializada. La creación de un espacio dedicado a ellos indica que el santuario no solo gestiona multitudes, sino que cultiva la memoria, el testimonio y la identidad religiosa comunitaria.
En conjunto, las cifras y las iniciativas apuntan a un cambio más profundo. El Cristo Redentor está evolucionando de un símbolo pasivo a un centro eclesial activo. Ya no es solo una imagen de Cristo que domina la ciudad; se está convirtiendo en un lugar donde la Iglesia actúa: enseñando, santificando, evangelizando y acompañando.
Para un público global acostumbrado a ver la estatua como una imagen de postal, esta transformación puede resultar sorprendente. Pero para la Iglesia local de Río de Janeiro, marca una redefinición estratégica del espacio sagrado en el mundo moderno: un santuario que absorbe el turismo sin reducirse a él, que acoge a las multitudes sin perder su profundidad sacramental y que convierte la visibilidad en misión.
En 2025, el santuario del Cristo Redentor no solo recibió a más gente. Se convirtió en más Iglesia.
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