la hermana Paulina Melite se ha convertido en un referente dentro del movimiento provida en la India Fotos: cedida global sisters report

La hermana Paulina Melite: el “David contra Goliat” de la causa pro vida en India y su impresionante trabajo

Uno de los hitos más importantes del movimiento liderado por Melite ha sido la organización de la Marcha Nacional por la Vida, iniciada en 2021. Este evento anual surgió ante la necesidad de visibilizar una causa que, según la religiosa, permanecía fragmentada y sin una voz unificada.

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(ZENIT Noticias / Roma, 03.05.2026).- En un país donde cada año se registran más de 15 millones de abortos —una cifra que equivale a uno cada dos segundos—, la labor de la hermana Paulina Melite se ha convertido en un referente dentro del movimiento provida en la India. Desde 2016, esta religiosa de la congregación de las Misioneras de María Inmaculada ha dedicado su vida a la defensa de los no nacidos y al acompañamiento de mujeres en situaciones vulnerables, liderando un movimiento que, pese a las dificultades, no ha dejado de crecer.

La implicación de la hermana Melite en la causa provida no es fruto de una experiencia pastoral concreta. Mientras trabajaba en la diócesis de Kalyan, en el oeste de la India, tomó conciencia de la magnitud del problema del aborto y de la falta de apoyo para las madres.

“Fue allí donde comprendí las necesidades de los niños no nacidos y de sus madres”, explicó en una entrevista reciente. Desde entonces, afirma, asumió esta labor como “una llamada de Dios” que la llevó a trabajar tanto a nivel diocesano como nacional.

Su compromiso fue creciendo hasta que, en 2024, fue nombrada coordinadora nacional de Indian Catholics United for Life, una red aprobada por la Conferencia de Obispos Católicos de la India que articula iniciativas provida en todo el país.

Uno de los hitos más importantes del movimiento liderado por Melite ha sido la organización de la Marcha Nacional por la Vida, iniciada en 2021. Este evento anual surgió ante la necesidad de visibilizar una causa que, según la religiosa, permanecía fragmentada y sin una voz unificada.

“Nos dimos cuenta de que necesitábamos hacer audible el grito silencioso de los no nacidos”, señaló .

Desde su primera edición en Nueva Delhi, con unos 250 participantes, la marcha ha crecido significativamente. En años recientes ha reunido a miles de personas de distintas religiones, entre cristianos, musulmanes, sijes, entre otros. Además, el movimiento ha incorporado exposiciones educativas, campañas de sensibilización y programas formativos en parroquias, escuelas y universidades.

Según Melite, el trabajo no se limita a la protesta pública: incluye retiros, formación moral y acompañamiento a familias. Estas iniciativas ya han llegado a más de 40 diócesis en la India.

Entre los principales logros del movimiento destaca la consolidación de una red nacional provida y el creciente involucramiento de jóvenes y laicos. La participación juvenil, en particular, ha sido clave en la expansión del movimiento, tanto en la organización de eventos como en la difusión del mensaje.

Asimismo, se han impulsado campañas de firmas dirigidas al gobierno para solicitar el reconocimiento del derecho a la vida del no nacido, lo que evidencia un intento de influir también en el ámbito político y legislativo.

Otro avance significativo ha sido el diálogo interreligioso. Líderes de distintas tradiciones han comenzado a sumarse a iniciativas comunes, reconociendo el aborto como un problema humano más allá de las diferencias doctrinales.

A pesar de estos avances, la misión de la hermana Melite enfrenta importantes desafíos. Uno de los principales es el marco legal: el aborto es legal en la India desde 1971, con ampliaciones recientes que permiten su práctica hasta las 24 semanas en ciertos casos, e incluso más en situaciones excepcionales. 

La religiosa ha expresado su preocupación por estas ampliaciones legales, señalando que “debilitan la protección de los no nacidos” y podrían incrementar el número de abortos en el país.

A esto se suman dificultades prácticas, como la falta de financiación. “Es difícil conseguir fondos porque los beneficiarios son niños no nacidos”, reconoce. También menciona la falta de conciencia social y el silencio cultural en torno a temas como el aborto, la anticoncepción o la fecundación in vitro, incluso dentro de comunidades religiosas.

La crítica pública y el rechazo en ciertos sectores, especialmente en espacios digitales, representan otro obstáculo. Sin embargo, Melite considera que estas reacciones también indican que el tema está ganando visibilidad.

Para la hermana Paulina Melite, la defensa de la vida no es solo una causa social, sino también espiritual. “No es solo una campaña; es una batalla espiritual”, afirma, describiendo la magnitud del desafío como la lucha de “David contra Goliat”.

A pesar de las dificultades, se muestra optimista. El creciente apoyo de obispos, sacerdotes, laicos y jóvenes, así como la expansión del movimiento a nivel nacional, le hacen confiar en que el mensaje provida seguirá ganando terreno.

Inspirada por figuras como la Madre Teresa, Melite insiste en que la defensa de la vida es fundamental para la paz y la dignidad humana. Siendo la India un país marcado por la diversidad cultural y religiosa, su labor busca abrir un diálogo que, más allá de las diferencias, coloque en el centro el valor de toda vida humana.

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Dante Alba, LC

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