QUITO, miércoles, 9 septiembre 2009 (ZENIT.org).- Los santuarios religiosos en América Latina representan «un lugar donde se puede experimentar lo que la Iglesia es verdaderamente», según explica monseñor Marco Antonio Órdenes, obispo de Iquique, Chile, responsable de la Sección Piedad Popular y Santuarios del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
El prelado hizo su reflexión a los micrófonos de «Radio Vaticano» en el contexto del encuentro «Piedad Popular en el documento de Aparecida; misión continental en los santuarios y a partir de los santuarios» que se realiza en la ciudad de Quito 7 al 11 de septiembre.
Durante cuatro días, los responsables de los principales santuarios de este continente, así como varios obispos de las diócesis a las cuales pertenecen estos lugares de peregrinación, han podido compartir, analizar y reflexionar el trabajo pastoral con la piedad popular.
Según monseñor Ordenes, esta expresión de fe «genera identidad, genera un modo de vivir esta dinámica de ser discípulos y misioneros en estos tiempos del continente»
Y afirmó que una de sus principales riquezas es que estos entran «con identidad propia que hace que pueda entrar el Evangelio en el corazón de nuestras culturas».
«La pregunta para un santuario es cómo se anuncia allí el gozo del Evangelio y la alegría de vivir con Cristo», asegura el obispo.
«Lo anunciamos a través de la liturgia, a través de la acogida, a través de manifestar una Iglesia que está gozosa de experimentar a Jesús y que nos permite descubrir la intimidad con Cristo y que nos permite también descubrir la fraternidad y la comunión», respondió.
«Los santuarios son las grandes casas de Dios», dijo el prelado. «Permiten tomar un pulso no solamente religioso sino también tomar un pulso social porque pasan todos los estratos sociales»
Y señaló cómo en estos lugares «Se puede percibir entonces cuáles son las grandes inquietudes del corazón y pasan muchísimos que probablemente durante todo el año tienen un contacto mínimo con las estructuras pastorales, con la organización más corriente de la Iglesia, incluso con la eucaristía dominical».
Aseguró que por ello, en los santuarios puede verse gente que normalmente vive alejada de la Iglesia, de cualquier actividad pastoral e incluso de la eucaristía dominical, por lo que deben ser «lugares de acogida, de la experiencia de Dios, de la belleza y del resplandor de Jesucristo.
De esta manera, obispos y rectores de estos santuarios están reflexionando sobre la religiosidad popular en América Latina la cual «refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer», según señala el documento de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida.
«En los santuarios, muchos peregrinos toman decisiones que marcan sus vidas. Esas paredes contienen muchas historias de conversión, de perdón y de dones recibidos, que millones podrían contar», dicen las conclusiones de Aparecida.