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Cardenal George Pell

Cardenal George Pell

El cardenal Pell sobre los casos de pederastia en Australia: ‘La Iglesia ha cometido errores tremendos’

El domingo por la noche, conectado desde Roma, tuvo lugar la primera audiencia del cardenal con la Royal Commission sobre abusos del clero australiano

El cardenal George Pell juró sobre la Biblia decir toda la verdad antes de responder a las preguntas de la Royal Commission into Institutional Responses to Child Sexual Abuse, la Comisión de investigación sobre respuestas de las instituciones a los abusos a menores que se registraron en Australia en los años 1970 y 1980.

Pero, antes de comenzar, el prefecto quiso hacer una premisa: “Quiero decir esto, como una aclaración inicial, que yo no estoy aquí para defender lo indefendible. La Iglesia ha cometido errores enormes y está trabajando para remediarlos”.

“La Iglesia –añadió Pell– en muchos lugares, ciertamente en Australia, ha gestionado de forma errónea las cosas y ha fallado con las personas. No estoy aquí para defender lo indefendible. Los errores han sido principalmente personales, fracasos personales más que de estructura. En Australia había en el pasado quejas razonables sobre los abusos, pero lo habitual era no informar a la policía”.

El cardenal no es acusado de haber cometido abusos, sino de posible encubrimiento de clérigos que abusaron sexualmente de menores.

El cardenal respondió al interrogatorio en comunicación on line desde el Hotel Quirinale de vía Nazionale, en Roma. La Comisión le había invitado a viajar a Australia para declarar, pero Pell problemas de hipertensión y cardiopatía, no está en condición de salud para soportar este largo viaje, explica un certificado médico.

La audición con la Comisión ubicada en Ballarat, cerca de Melbourne, se desarrolla en una sala del conocido hotel de la capital italiana, preparado para el directo audio y vídeo. Esta fue la primera de tres audiencias, que inició a las 22.00 y concluyó a las 2.00 de la madrugada del domingo.

El cardenal habló de lo que recuerda de los años 70, cuando era vice párroco y uno de los consultores del obispos Ronald Mulkearns en la diócesis de Ballarat con la “responsabilidad de aconsejar al obispo sobre los nombramientos de los sacerdotes en las parroquias”. Después se pasó a 1987, cuando él fue nombrado obispo y al periodo de 1996-2001 con el encargo de arzobispo de Melbourne.

En primera fila en el hotel, con camisetas rojas con una inscripción que decía “No more silence” (No más silencio), había un grupo de 15 personas. Son el “Ballarat Survivors Group”, víctimas de abusos por parte del clero, liderados por el portavoz Andrew Collins y acompañados de tres psicólogos encargados de asistirlos en una posible crisis emocional. Porque “no será fácil ver los símbolos del catolicismo por todos lados. Los hábitos, los crucifijos…”, como había indicado uno de los miembros de este grupo, durante el viaje que les ha traído hasta Roma.

El viaje ha sido financiado a través de una campaña de crowdfunding vía web, en la que se pedía recoger al menos 55 mil dólares australianos  (36.072 euros) para los gastos. Se han recaudado 130 mil; todo el dinero que sobre –informa la página web de la recogida de fondos– será dado en beneficiencia de un instituto para servicios de salud mental en la diócesis de Ballarat.

Precisamente la ciudad natal de Pell está en el ojo del huracán, en cuanto escenario de innumerables casos de abusos a menores cometidos entre los años 60 y 80 y los consecuentes suicidios entre las víctimas, 47 en total. En Ballarat solo el instituto de los “Hermanos Cristianos” ha sido llamado a responder de 850 crímenes, con 281 religiosos implicados. La institución hasta hoy ha tenido que pagar 37 millones de dólares de indemnizaciones. Pero, el grupo dice que esto no basta: estos muertos continúan pidiendo justicia.

Durante el interrogatorio, la jueza le preguntó al cardenal por el padre Gerald Ridsdale, el religioso bajo acusación por 138 casos de abusos sexuales con daños a 53 víctimas durante dos decenios y que actualmente está cumpliendo condena en la cárcel. Su nombre dio vueltas durante demasiado tiempo en las parroquias, y no en las oficinas de la policía, así continuó cometiendo crímenes en la diócesis.

El cardenal  –que conocía al sacerdote desde tiempos del noviciado y que lo acompañó también en la primera audiencia de su proceso en el año 93– afirmó que no sabía en aquella época de los horrores cometidos por Ridsdale. Pero admite que “fue una catástrofe” no tomar acciones contra él y también creer en la versión de los sacerdotes culpables en vez de creer en las víctimas que les acusaban. “Debo decir que en esa época, si un sacerdote negaba este tipo de comportamientos, yo me sentía fuertemente inclinado a creerle”.

Después se nombró al padre Paul David Ryan, pero el prefecto para la Secretaría de la Economía aclaró: “Yo no estoy seguro de que Ryan fuera un pedófilo, yo no soy experto sobre Ryan. No tuve mucho que ver con su historia”. Después se le preguntó sobre monseñor John Day. Al respecto el cardenal Pell dijo que “la Iglesia ha estado influenciada por el hecho que algunas de las acusaciones hacia él habían sido retiradas”. Finalmente se habló del caso de  Edward Dowlan,  profesor del St. Patrick College. El cardenal negó haber ignorado las acusaciones contra él. “Había escuchado algunas voces de comportamientos inadecuados” en los años sesenta, y “llegué a la conclusión de que se referían a comportamientos inadecuados”. Pero Pell dijo que nunca supo el nombre de las víctimas ni que hubiera un alto número de víctimas y que los abusos de Dowlan,  ya juzgado culpable de haber cometido abusos sexuales a veinte niños y condenado a seis años de prisión, fueran de dominio público en la escuela.

La audiencia proseguirá esta noche a las 22.30. Mientras tanto, esta misma mañana el Santo Padre ha recibido al cardenal prefecto para uno de los encuentros periódicos con los jefes de los dicasterios.

Cabe recordar que las acusaciones de encubrimiento al cardenal Pell en torno a los casos de abusos contra menores en Australia no es algo nuevo. El primero en hacer declaraciones públicas fue Peter Saunders, víctima de abusos y uno de los miembros iniciales que compuso la Comisión pontificia para la protección de los menores. Recientemente, el señor Saunders salió de dicha comisión por considerar que no es suficiente el trabajo para prevenir, sino que debería haber más empeño en castigar los casos pasados.

El cardenal ya ha declarado personalmente en el 2014 en una Investigación de una comisión parlamentaria de Victoria y dos veces ante la Real Comisión, durante las visitas públicas que ha realizado en Sídney.

 

 

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