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El muro fronterizo de los Estados Unidos no es la repuesta, advierten los obispos mexicanos

MÉXICO, viernes 6 de octubre de 2006. (ZENIT.orgEl Observador). Tras reconocer «el derecho y la responsabilidad que tiene todo Estado soberano de controlar sus fronteras y proteger los intereses de seguridad de sus ciudadanos», la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha protestado, enérgicamente, por el levantamiento de un muro que va a dividir la frontera con Estados Unidos.

En un comunicado, la CEM explica que «el levantamiento de muros no parece ser la respuesta justa ni apropiada para enfrentar un reto del siglo XXI, como es la migración humana».

El llamado «muro de la vergüenza» se pretende construir en mil 200 kilómetros de los tres mil kilómetros que comparten ambos países, en una de las fronteras más conflictivas del planeta, con cerca de 350 millones de cruces al año.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush firmó en Arizona el pasado miércoles una ley que contempla construir y reforzar un muro en la frontera con México.

El costo que va a comportar el muro alcanza los mil 200 millones de dólares en su primera etapa, aunque se prevé que el costo total alcanzaría los ocho mil millones de dólares.

«En los últimos 20 años –señala el comunicado de la CEM–, los Estados Unidos han incrementado su gasto tratando de reforzar la seguridad en la frontera; cercas, equipos de alta tecnología, y un número más alto de personal de refuerzo».

Estos gastos, confirma el comunicado, «no han servido para reducir la inmigración de México hacia los Estados Unidos; el único efecto que han tenido estas medidas es el aumento del tráfico de indocumentados y han hecho más peligroso el trayecto para los inmigrantes, y como resultado de esto, miles han muerto cruzando la frontera».

El año pasado murieron cerca de 500 inmigrantes mexicanos tratando de llegar al «sueño americano», y en lo que va de 2006, la cifra llega ya a 450 muertes. Por lo demás, el número de mexicanos que se interna de manera ilegal a los Estados Unidos, asciende a medio millón de hombres, mujeres y niños anualmente.

«Es claro que el levantamiento de muros no representará jamás una solución justa para enfrentar el fenómeno de la migración», advierte el comunicado de la CEM.

«Sin embargo –aclara–, más que los muros materiales, resulta más preocupante el ensanchamiento de los muros intangibles; el muro de la intransigencia, el muro de la intolerancia y muro de la falta de una efectiva negociación entre los gobiernos de las naciones involucradas en estos fenómenos».

Finalmente, el organismo que agrupa a los obispos mexicanos afirma que «hoy más que nunca resulta importante que las autoridades que se encargan de hacer cumplir, implementar y aplicar las leyes migratorias, revisen las políticas nacionales y locales de migración, y con su legítima autoridad erradiquen conceptos erróneos acerca de ella».

«No son los muros sino los puentes los que nos traerán soluciones justas a los retos del nuevo milenio», termina diciendo la nota.

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