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Jóvenes de diferentes países rezando en la JMJ Panamá 2019 © Cathopic

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Exhortación ‘Cristo vive’: “¡Deja que te escuchen! Aleja los miedos que te paralizan… ¡vive!”

Capítulo quinto: “Los caminos de la juventud”

(ZENIT – 7 abril 2019).- “El amor de Dios y nuestra relación con el Cristo vivo no nos impiden soñar, no nos piden que estrechemos nuestros horizontes. Al contrario, este amor nos estimula, nos estimula, nos proyecta hacia una vida mejor y más bella”.

La palabra “inquietud” resume muchas de las aspiraciones del corazón de los jóvenes”. (138). Pensando en un joven, el Papa ve a aquel que tiene los pies siempre enfrente del otro, dispuesto a salir, a disparar, siempre lanzado hacia delante (139). La juventud no puede seguir siendo un “tiempo suspendido”, porque es la “edad de elección” en el ámbito profesional, social, político y también en la elección de la pareja o en la de tener los primeros hijos.

La ansiedad “puede convertirse en un gran enemigo cuando nos lleva a rendirnos porque descubrimos que los resultados no son inmediatos. Los mejores sueños se ganan con esperanza, paciencia y compromiso, renunciando a la prisa. Al mismo tiempo, no debemos bloquearnos ante la inseguridad, no debemos tener miedo de correr riesgos y cometer errores” (142).

“¡Deja que te escuchen!”

Francisco invita a los jóvenes a no observar la vida desde el balcón, a no pasar la vida frente a una pantalla, a no ser reducidos a vehículos abandonados y a no mirar al mundo como turistas: “¡Deja que te escuchen! Aleja los miedos que te paralizan… ¡vive!” (143). Los invita a “vivir el presente” disfrutando con gratitud de cada pequeño don de la vida sin “ser insaciables” y “obsesionados con los placeres sin límite”. (146). En efecto, vivir el presente “no significa lanzarse a una disolución irresponsable que nos deja vacíos e insatisfechos” (147).

No conocerás la verdadera plenitud de ser joven si… no vives la amistad con Jesús” (150). La amistad con él es indisoluble porque no nos abandona (154). y al igual que con nuestro amigo “hablamos, compartimos las cosas más secretas, con Jesús, también conversamos”. Al orar, “jugamos su juego, dejamos espacio para que él pueda actuar, entrar y ganar”. (155). “No priven a su juventud de esta amistad”, “vivirán la hermosa experiencia de saberse siempre acompañados”, como decían los discípulos de Emaús (156).

Desarrollo espiritual

El Papa, hablando de crecimiento y maduración, indica la importancia de buscar “un desarrollo espiritual”, de “buscar al Señor y guardar su Palabra”, de mantener “la “conexión” con Jesús… porque no crecerás en felicidad y santidad sólo con tu fuerza y tu mente” (158).

Incluso el adulto debe madurar sin perder los valores de la juventud: “En cada momento de la vida podemos renovar y aumentar nuestra juventud. Cuando comencé mi ministerio como Papa, el Señor amplió mis horizontes y me dio una juventud renovada. Lo mismo le puede suceder a un matrimonio que lleva muchos años casado, o a un monje en su monasterio” (160). Crecer “significa conservar y alimentar las cosas más preciosas que la juventud te da, pero al mismo tiempo significa estar abierto a purificar lo que no es bueno” (161).

Pero os recuerdo que no serán santos y no se sentirán realizados copiando a los demás”. “deben descubrir quiénes son y desarrollar su manera personal de ser santos” (162).  Francisco propone “caminos de fraternidad” para vivir la fe, recordando que “el Espíritu Santo quiere empujarnos a salir de nosotros mismos, a abrazar a los demás. Por eso, es mejor vivir juntos nuestra fe y expresar nuestro amor en una vida comunitaria” (164) que ayude a superar “la tentación de encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros problemas, en nuestros sentimientos heridos, en nuestras quejas y en nuestra comodidad” (166). Dios “ama la alegría de los jóvenes y los invita sobre todo a la alegría que se vive en la comunión fraterna” (167).

Jóvenes comprometidos

El Papa habló entonces de los “jóvenes comprometidos”, afirmando que a veces pueden correr “el riesgo de encerrarse en pequeños grupos…”. Sienten que están viviendo en amor fraterno, pero quizás su grupo se ha convertido en una simple extensión de su ego. Esto se agrava si la vocación del laico se concibe sólo como un servicio dentro de la Iglesia…, olvidando que la vocación del laico es ante todo caridad en la familia y caridad social o política” (168).

Francisco propone “que los jóvenes vayan más allá de los grupos de amigos y construyan la amistad social, buscando el bien común. La enemistad social destruye. Y una familia es destruida por la enemistad. Una aldea es destruida por la enemistad. El mundo es destruido por la enemistad. Y la mayor enemistad es la guerra. Hoy vemos que el mundo está siendo destruido por la guerra. Porque somos incapaces de sentarnos y hablar” (169).

El compromiso social y el contacto directo con los pobres siguen siendo una ocasión fundamental para el descubrimiento o la profundización de la fe y el discernimiento de la propia vocación” (170). El Papa cita el ejemplo positivo de los jóvenes de las parroquias, grupos y movimientos que “tienen la costumbre de ir a acompañar a los ancianos y a los enfermos, o a visitar las zonas pobres” (171).

Mientras que “otros jóvenes participan en programas sociales destinados a la construcción de viviendas para personas sin hogar, o a la recuperación de áreas contaminadas, o a la recolección de ayuda para los más necesitados”. Sería bueno que esta energía comunitaria se aplicara no sólo a acciones esporádicas sino de manera estable”.

Jóvenes protagonistas del cambio

Los estudiantes universitarios “pueden unirse de manera interdisciplinaria para aplicar sus conocimientos a la resolución de problemas sociales, y en esta tarea pueden trabajar codo con codo con jóvenes de otras Iglesias o de otras religiones” (172).

Francisco anima a los jóvenes a comprometerse: “Quiero alentarte a este compromiso, porque sé que «tu corazón, corazón joven, quiere construir un mundo mejor. Sigo las noticias del mundo y veo que tantos jóvenes, en muchas partes del mundo, han salido por las calles para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna. Los jóvenes en la calle. Son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas del cambio. Ustedes son los que tienen el futuro. Por ustedes entra el futuro en el mundo. A ustedes les pido que también sean protagonistas de este cambio”. Y añade: “sean luchadores por el bien común, sean servidores de los pobres, sean protagonistas de la revolución de la caridad y del servicio, capaces de resistir las patologías del individualismo consumista y superficial”.  (174).

“¿A dónde envía Jesús?”

Los jóvenes están llamados a ser “misioneros valientes”, testimoniando en todas partes el Evangelio con su propia vida, lo que no significa “hablar de la verdad, sino vivirla” (175). La palabra, sin embargo, no debe ser silenciada: Hay que “Ser capaz de ir contra corriente y saber compartir a Jesús, comunicar la fe que Él te ha dado” (176).

¿A dónde envía Jesús? “No hay límites: nos envía a todos. El Evangelio es para todos y no para algunos. No es sólo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos”. Y añade: “Y a ustedes, jóvenes, los quiere como sus instrumentos para derramar luz y esperanza, porque quiere contar con vuestra valentía, frescura y entusiasmo”. (177). Y no se puede esperar que “la misión sea fácil y cómoda” (178).

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