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Fallece Baldomero Jiménez Duque, gigante de la espiritualidad

Y formador de generaciones enteras de sacerdotes de varios países

ÁVILA, jueves, 23 agosto 2007 (ZENIT.org).- Este miércoles falleció a punto de cumplir 96 años de edad el sacerdote y teólogo Baldomero Jiménez Duque, considerado como «una de las más importantes figuras de la espiritualidad de nuestro tiempo», informa la Oficina de Comunicación del Obispado de esa diócesis.

Nacido el 25 de agosto de 1911, a los quince años ingresó en el Seminario de Ávila. Es en ese momento cuando se aficiona a la lectura de los textos de los místicos abulenses santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, que marcarán el resto de su vida y trabajo.

Tres años más tarde, decide comenzar estudios de teología. Los formadores del Seminario lo envíaron como alumno a Roma, a la Universidad Pontificia Gregoriana. Allí, residió en el Colegio Español de San José, donde descubrió su pasión como formador de futuros sacerdotes.

Su último año de estancia en Roma quedó marcado por una lesión tuberculosa en un pulmón, circunstancia que le eximió de participar en la Guerra Civil.

A su regreso a España, fue secretario del obispo de Ávila y consiliario de Acción Católica. Fundó la revista «Espigas», dedicada a la pastoral vocacional. Fue nombrado rector del seminario de Ávila en 1942 hasta 1965.

Generaciones enteras de sacerdotes y obispos han tenido en él hasta el final de su vida a su maestro espiritual.

Inculcó a sus seminaristas un amor apasionado por el sacerdocio, con el cultivo de la teología, la historia y la espiritualidad, con una atención especial a los místicos. Fruto de esta pasión son sus publicaciones «Valor del sistema de San Juan de la Cruz», «Ensayos teresianos», «El espíritu apostólico de Santa Teresa» y «San José, casa madre del Carmelo teresiano».

Otras obras publicadas por Jiménez Duque fueron «Matrimonio o sacerdocio», «El maestro Juan de Ávila», «El sacerdote en la época contemporánea», «Ávila, castillo interior» y «Ávila mística».

A todo ello, don Baldomero añadió su faceta como director de ejercicios espirituales y guía de almas: «Despertaba el corazón a horizontes nuevos y encendía el deseo de ser más, de conocer mejor, de acercarse a Dios y de conformarse a Cristo», explica el teólogo Olegario González de Cardedal.

Baldomero Jiménez destacó igualmente por su espíritu misionero, que le llevó a preparar el primer grupo de sacerdotes que se hizo cargo del seminario de Managua (Nicaragua).

Monseñor Demetrio Fernández, obispo de Tarazona, en una carta considera que es «una de las figuras gigantes de la Iglesia española del siglo XX».

«Pequeño de estatura, de alma grande, hombre sabio y prudente, de los que ilustran a la Iglesia, porque son una lámpara luminosa para quienes se han acercado hasta él», afirma el prelado y discípulo suyo.

Debía ser enterrado este jueves tras un solemne funeral en la catedral abulense, que comenzó a las 18:00 horas.

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