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Mons. Felipe Arizmendi: Obispos hacia el 2031+2033

Oremos al Espíritu Santo, para que nos ayude a convertirnos

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

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Estamos reunidos los obispos mexicanos en asamblea ordinaria, para renovar los cargos en nuestra Conferencia, y para buscar los pasos de hacer operativo nuestro Proyecto Global de Pastoral (PGP), en la perspectiva de los años 2031, cuando se cumplen 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, y 2033, a los dos mil años de la muerte redentora de nuestro Señor Jesucristo. El CELAM también está preparando un plan hacia el 2033.

Nos preocupa cómo poner en práctica el PGP, pues en varias partes expresamos nuestro compromiso de procurar una renovación personal y pastoral. Sin ésta, todo se queda en documentos que van y vienen, en palabras sin sustento.

El Papa con frecuencia ha advertido a los obispos del peligro que tenemos de dejarnos aprisionar por la mundanidad, el clericalismo, la ambición de puestos, el activismo, el no dar su lugar a la mujer y a los jóvenes. Ha lamentado que algunos hayan caído en abusos de menores, o que no hayan hecho lo debido para remediar estos delitos clericales.

Puedo afirmar que la gran mayoría de los obispos latinoamericanos viven en forma sencilla, son misioneros por consagración, son muy cercanos a las gentes, no buscan aparecer en los medios informativos y son muy apreciados por el pueblo fiel.

Entre otros muchos asuntos que tratamos en esta asamblea, resalto dos: se pide la aprobación del episcopado para el Misal en lengua tseltal, una obra monumental y fruto de muchos años. Además, la aprobación para que el actual obispo de San Cristóbal de Las Casas pueda facultar a laicas y laicos a presidir sacramentalmente los matrimonios. Este es un paso necesario para que Roma dé la autorización definitiva.

PENSAR

Expresamos en nuestro Proyecto:

“Con humildad reconocemos que en nuestro modo de ser pastores, en algunos momentos parecemos más jueces, dueños o líderes de una estructura humana, que agentes dóciles al Proyecto del Reino de Dios. Confesamos que no hemos respondido con generosidad al valor esencial de la comunión, especialmente en la colegialidad entre nosotros como Obispos. No debemos encerrarnos en nuestras jurisdicciones territoriales y olvidarnos de construir la fraternidad y la solidaridad episcopal, ya que muchas de nuestras deficiencias pastorales encuentran aquí su raíz” (67).

“Como Obispos, vemos con inquietud que nuestro Pueblo reclama un mayor acompañamiento espiritual y un especial coraje profético frente a las circunstancias actuales, basado en el testimonio humilde, la vida sencilla y la cercanía habitual al Pueblo de Dios. Como nos lo señaló el Papa Francisco, pastores que sepan reflejar la ternura de Dios, con mirada limpia, de alma transparente y mirada luminosa, que tienen en su rostro las huellas de quienes han visto al Señor, de quienes han estado con Él. Obispos que tengan una particular cercanía con los pobres, sepan escucharlos y ofrecerles el consuelo de Dios, especialmente quien ha sido víctima de la violencia en estos últimos años, que tanto dolor han provocado a nuestras familias” (68).

“Como Obispos desde aquí queremos hacer un camino sinodal, mirando lejos, ocupándonos de nuestros desafíos actuales, pidiendo para nosotros al Señor una verdadera conversión personal y pastoral, inspirados en Jesucristo nuestro Redentor y en Santa María de Guadalupe” (86).

“Creemos que la conversión pastoral en nuestra Iglesia, que debe fundamentarse en una sólida espiritualidad cristológica, eclesial y guadalupana, pasa primero por los Obispos y después por el presbiterio. Por lo que nos proponemos ser esos pastores en salida, capaces de dialogar con el mundo. Nos sentimos llamados a servir, en comunión con toda la Iglesia, principalmente en las realidades más lacerantes y acuciantes, y, sobre todo, hacer presente las exigencias del Evangelio a favor de la construcción del Reino de Dios, es decir, de una humanidad más humana, justa y solidaria. Una humanidad bajo el signo de la Redención” (146). 

“Dios nos está llamando a generar esperanza, a fortalecer y reconstruir una vida humana más plena para todos sus hijos, especialmente los descartados por estos nuevos fenómenos, una vida que refleje en cada persona a Cristo el hombre perfecto y se manifieste en condiciones dignas para cada uno.  Una tarea que exige un profundo proceso de conversión, y nosotros, los Obispos, somos los primeros que debemos dar ejemplo de ella” (164). 

“Asumir y tomar conciencia, como obispos y presbíteros, de nuestra pertenencia a una Iglesia Pueblo, manifestándolo en nuestras actitudes y formando en esta disposición espiritual a los candidatos al presbiterado” (179 d). 

ACTUAR

Oremos al Espíritu Santo, para que nos ayude a convertirnos. Y si ustedes advierten en obispos y presbíteros algo que no sea evangélico, por favor, corríjanos fraternalmente.

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